El Highlander más codiciado (Los indomables Kincaid 7) Capítulo 3 #5
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Capítulo 3 #5

Los ojos de Aileen se agrandaron aún más. Respiró hondo y exhaló.

—Bueno, eh…

Maegan se humedeció los labios.

—Es solo que a nadie le gusta hablar con Tavish, y estoy segura de que a él tampoco le gusta hablar con nosotras. Y cuando digo “nosotras”, me refiero a nosotras, las mujeres.

—Es más que eso —dijo Hagatha con la boca llena y señalando a Ailsa con el trozo de pan que sostenía—. Ella lo disfrutó. ¡Ya verás cuando Annora se entere!

Aileen se mordió el labio inferior.

—Sí, pero ya sabes lo que dijo Annora el verano pasado. Juró que nunca ayudaría a Tavish en asuntos del corazón. No quiere ser responsable del desengaño amoroso que, según ella, acabaría llegando.

Ailsa frunció la nariz.

—Tavish me advirtió que Annora era una casamentera y que tuviera cuidado con ella. Que había jurado no ayudarle, lo que significaba que yo iba a ser su próximo objetivo.

Una vez más, las tres la miraron con asombro.

Ailsa hizo una mueca.

—Ya os lo dije. Hablamos.

Aileen negó con la cabeza, incrédula.

—Después de que Annora te conozca, puede que cambie de opinión sobre Tavish.

Hagatha asintió.

Al ver cómo se les iluminaban los ojos de emoción, Ailsa habló rápidamente para frenar el vertiginoso curso de sus pensamientos.

—Annora puede cambiar de opinión enseguida, porque no tengo intención alguna de casarme.

El laird Kincaid prometió que enviaría mensajeros al sur para informar a mi padre de mi situación y de dónde me encuentro.

En cuanto llegue, me marcharé. No puedo imaginar nada peor que casarme con un hombre y cuidar de él, de su hogar y de sus hijos toda mi vida.

Aileen parpadeó. Ailsa acababa de describir su vida, la cual ella amaba.

—Si no quieres casarte, ¿qué piensas hacer?

—Mi padre es un comerciante de éxito y viaja por todas partes, viendo nuevos lugares y conociendo a gente interesante.

Estoy deseando volver a viajar con él. El priorato era un entorno seguro y los culdees son un grupo de gente maravilloso, pero no ha habido aventura en mi vida.

Nada emocionante que esperar. Los últimos años me han hecho darme cuenta de que nunca podría sentar cabeza, por maravilloso que fuera el lugar o el hombre.

Y, lo creas o no, Tavish es el primer hombre que he conocido que ha entendido y apoyado mi deseo de no casarme.

Aileen estaba a punto de decir algo cuando las puertas se abrieron de par en par y una niña de unos diez años, con rizos rubios y ojos grises, entró corriendo.

—¡Señorita Aileen! ¡Es Gideon! Les dije a él y a Braeden que no se tiraran piedras el uno al otro, pero nunca me hacen caso. ¡Y ahora está sangrando por todas partes!

Aileen respiró hondo y soltó el aire lentamente. Ailsa dedujo que se trataba de algo habitual por su falta de preocupación.

—Ve a decirle que voy, y asegúrate de que Braeden sepa que también quiero hablar con él.

Miró a Hagatha, que ya se estaba poniendo en pie.

—Si está sangrando, puede que necesite tu ayuda. Y, Maegan, no te preocupes por los niños esta noche. Me quedaré con ellos y, si a Ronan no le gusta, que duerma con los soldados. Es poco probable que veamos a Lachlan o a Annora hasta mañana por la mañana.

Hagatha resopló.

—¿Poco probable? Puede que no salgan hasta mañana al mediodía, a juzgar por la mirada que tenía Lachlan cuando se llevó a Annora en brazos.

—Entonces, Maegan, ¿podrías ayudar a Ailsa y asegurarte de que se acomoda? Mejor cuéntale también a Fiona lo que pasa. No sería bueno que se llevara una sorpresa.

Las puertas se abrieron de nuevo. Esta vez era Bonny.

—Brenna me ha dicho que os diga que os deis prisa. Pero en realidad no hace falta. Él y Braeden están discutiendo sobre quién tiene el corte más feo, así que no puede ser tan grave.

—¿Braeden también está herido? —preguntó Aileen con brusquedad, claramente alterada.

Bonny asintió.

—Pero es el brazo, no como la cabeza de Gideon, así que no sangra tanto.

—Dios mío —murmuró Aileen.

Luego siguió a la joven hacia la puerta junto con Hagatha, dejando a Ailsa y Maegan solas en la enorme sala.

—Menos mal que los chicos se han hecho daño —murmuró Maegan y, al darse cuenta de lo que había dicho, se apresuró a explicarse—.

Es solo que, si Aileen y Hagatha hubieran estado aquí mucho más tiempo, no habría habido quien las detuviera.

Ahora que han decidido que tú y Tavish os gustáis, esas dos están a punto de conspirar y hacerse con el control de vuestras vidas.

—Pero… ¡pero a mí no me gusta Tavish!

—Sí que te gusta —afirmó Maegan con rotundidad—. Pero es comprensible. Es guapo, y le he visto seducir a muchas mujeres.

—Créeme cuando te digo que Tavish no fue nada encantador.

—Te creo, pero no puedes negar que no podía quitarte los ojos de encima ahí fuera y que tú misma dijiste que era agradable hablar con él.

Ailsa abrió y cerró la boca varias veces antes de optar por mantenerla cerrada. Negar la verdad no tenía sentido, al igual que negar que Maegan fuera una de esas pocas personas que conoces en la vida y de las que sabes al instante que te caen bien y en las que puedes confiar.

—No me gusta, al menos no en el sentido que estás insinuando. En serio, no me gusta —reiteró Ailsa.

Luego se inclinó hacia ella y, en un susurro, añadió:

—Pero admito que me pregunto cómo sería besarlo.

Maegan abrió la boca y luego la cerró formando una línea fina. Entrecerró los ojos y, sin decir una palabra, se levantó lentamente y corrió hacia la entrada de servicio. Un segundo después, reapareció sosteniendo de la mano a dos niñas pequeñas.