CAPÍTULO 2 #2
Lucía sintió cómo el aire se volvía espeso entre ellos, cada palabra era un paso más cerca de un abismo que ambos habían evitado durante tanto tiempo. Los recuerdos de su amor la envolvían, y se preguntó si él también sentía esa tirantez entre el pasado y el presente.
Un grupo de clientes pasó junto a ellos, interrumpiendo el momento. Lucía se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración, y la realidad de la situación la golpeó de nuevo. Necesitaba encontrar la fuerza para hablar, para enfrentar lo inevitable.
“Necesitamos hablar”, dijo ella, sintiendo que su voz temblaba ligeramente. Estaba a punto de abrir la puerta a un nuevo capítulo, pero aún había tanto en juego. La mirada intensa que compartieron prometía una conversación cargada de emociones, un reencuentro que cambiaría sus vidas para siempre.
Lucía tomó una decisión: no iba a dejar que el miedo la detuviera. Tenía que enfrentar la verdad, no solo por ella, sino por Nicolás. Y mientras Alejandro se acercaba un poco más, el mundo a su alrededor se desvaneció de nuevo, dejando solo la promesa de lo que estaba por venir.
Lucía se quedó en la esquina del restaurante, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho.
La cercanía de Alejandro le resultaba abrumadora, y aunque quería mantener la distancia, había algo en su presencia que la atraía.
Se cruzaron miradas nuevamente, y ella sintió un escalofrío recorrer su espalda.
“¿Por qué volviste, Lucía?” preguntó Alejandro, sus ojos fijos en los de ella, como si intentara desentrañar sus pensamientos más profundos. “No puedo creer que estés aquí después de tanto tiempo.”
“Tenía mis razones”, respondió ella, tratando de sonar segura, aunque su voz temblaba ligeramente. “No vine a discutir lo que pasó entre nosotros.”
“¿Entonces?” Alejandro se inclinó un poco hacia adelante, su expresión era seria, casi desesperada por entenderla. “¿Qué es lo que quieres de mí?”
Lucía sintió el nudo en su estómago. Era una pregunta que la atormentaba desde su regreso.
“Solo quiero que Nicolás conozca a su padre”, dijo, lanzando la bomba sin poder evitarlo.
La mención de su hijo hizo que Alejandro se detuviera, sus ojos se ampliaron y la sorpresa se mezcló con un profundo deseo.
“¿Nicolás? ¿Es...?” Su voz se detuvo, y el aire entre ellos se volvió denso. La tensión creció, y Lucía se sintió atrapada entre el deseo de revelarle la verdad y la necesidad de proteger lo que había construido.
“Sí, es tu hijo”, confesó, sintiendo que la verdad se liberaba de su pecho como un grito ahogado. “No sé cómo reaccionarás, pero él merece saber quién eres.”
Alejandro se quedó en silencio, procesando la revelación. Su expresión pasó de la sorpresa a una mezcla de emociones que Lucía no podía descifrar. “¿Por qué no me lo dijiste antes?” La herida en su voz era palpable, y Lucía sintió cómo una punzada de culpa la atravesaba.
“Porque tenía miedo”, admitió, su voz ahora era un susurro. “Miedo de perderte de nuevo, de que no quisieras saber de él.”
“Lucía, no sabía que existía. Si hubiera sabido…” La frustración se reflejaba en el rostro de Alejandro, y Lucía pudo ver la lucha interna que se libraba en su interior. “Habría hecho las cosas de otra manera.”
Ella negó con la cabeza, sintiendo que la angustia la invadía. “No puedes cambiar el pasado, Alejandro. Solo podemos decidir cómo avanzar desde aquí.”
La intensidad de su mirada parecía atravesarla, y Lucía sintió que el tiempo se detenía. “Quiero ser parte de su vida”, dijo él, su voz era firme, pero la vulnerabilidad asomaba en cada palabra. “No puedo perder otra oportunidad.”
El corazón de Lucía se aceleró. En ese momento, la conexión entre ellos se hizo palpable, y ella se vio obligada a recordar todo lo que habían compartido. “No será fácil”, advirtió, consciente de las complicaciones que vendrían con esa decisión.
“Lo sé”, respondió Alejandro, y la sinceridad en su voz la tocó profundamente. “Pero estoy dispuesto a intentarlo.”
Lucía se sintió desgarrada entre el deseo de aceptar su oferta y el miedo a ser herida de nuevo. “Necesitamos hablar más sobre esto”, dijo, sintiendo que cada palabra era un paso hacia un futuro incierto.
“Estoy aquí, Lucía. Cuando quieras”, dijo él, acercándose un poco más, la promesa de una conversación más profunda colgando en el aire entre ellos.
Y en ese instante, mientras el bullicio del restaurante continuaba a su alrededor, Lucía supo que la vida que había tratado de dejar atrás se estaba acercando rápidamente, y con ella, la posibilidad de una nueva vida para Nicolás.
Lucía se sentó en un banco del parque cercano al restaurante, las hojas de los árboles susurrando suavemente al viento.
Su corazón aún latía con fuerza tras el encuentro con Alejandro.
La mezcla de emociones la abrumaba: la nostalgia la envolvía como una manta familiar, mientras que el miedo se alzaba como un muro impenetrable.
Cerró los ojos por un momento, permitiendo que los recuerdos fluyeran a su mente.
Recordó sus risas, las largas noches hablando sin parar, el brillo en los ojos de Alejandro cuando la miraba.
Se sintió atrapada entre el deseo de revivir esos momentos y la realidad de lo que había pasado.
El dolor de su abandono aún la perseguía, y la idea de abrirse de nuevo a él la llenaba de incertidumbre.
Pero había algo en su voz, en la forma en que había hablado de ser parte de la vida de Nicolás, que la hizo dudar.
“¿Por qué aún lo siento?”, murmuró para sí misma, su voz casi perdida entre el murmullo de la naturaleza.
La verdad era que el amor que una vez había sentido por él no había desaparecido por completo; solo se había enterrado bajo capas de resentimiento y dolor.
Pero ahora, con su regreso, esos sentimientos estaban brotando nuevamente, como flores que emergen de la tierra después de una tormenta.
Se pasó las manos por el rostro, sintiendo la humedad de sus ojos.
“No puedo permitirme esto”, se repitió. Nicolás merecía una vida estable, sin las complicaciones de un padre que había estado ausente, y ella no quería arriesgarse a ser herida otra vez.
Pero el deseo ardiente de que su hijo conociera a su padre también la consumía. ¿Cómo podría negarle eso?
El sonido de risas infantiles la sacó de sus pensamientos, y su mirada se posó en un grupo de niños jugando en el césped.
Nicolás, con su curiosidad infinita, se merecía la oportunidad de conocer a su padre, de construir una relación que ella nunca tuvo.
Pero, ¿y si Alejandro no estaba preparado?
¿Y si su reencuentro solo traía más dolor?
De pronto, una decisión se formó en su mente. Necesitaba hablar con Alejandro de nuevo, aclarar lo que estaba en juego. No podía seguir en la sombra, temiendo el futuro. Si quería que Nicolás tuviera una vida plena, debía enfrentarse a su pasado y a Alejandro con honestidad.
Con una profunda respiración, se levantó del banco.
El aire fresco la llenó de determinación.
“Voy a hacerlo”, se dijo, sintiendo el peso de su decisión.
No podía permitir que el miedo dictara su vida más tiempo.
Era hora de enfrentar la verdad, de abrir su corazón, no solo por ella, sino por Nicolás.
Mientras caminaba hacia su coche, su mente ya empezaba a trazar un plan.
Tendría que buscar a Alejandro y hablarle, no solo sobre Nicolás, sino también sobre ellos, sobre el futuro que podría existir si ambos se atrevían a dar el paso.
Su corazón latía con fuerza, una mezcla de esperanza y temor, pero esta vez, estaba lista para luchar por lo que quería.
Y así, con cada paso que daba, la imagen de Alejandro se hacía más clara en su mente, no solo como el hombre que un día amó, sino también como el padre que su hijo merecía conocer.