El heredero de mi padre (Una pasión secreta) CAPÍTULO 33
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CAPÍTULO 33

Me desperté todavía aturdido en una habitación. Miré alrededor y, cuando eché un vistazo a la cama, vi a la chica del flequillo durmiendo a mi lado.

—¡Mierda! —maldije mientras saltaba de la cama.

La chica se despertó con una sonrisa.

—¡Hola, guapo!

—¿Qué demonios ha pasado aquí?

—¿No te acuerdas? Nuestra noche fue bastante salvaje.

—¡Joder! —Me puse la ropa a toda prisa.

—¿Ya te vas? —preguntó. Se giró de lado, se apoyó en los codos con una pierna levantada, intentando seducirme.

—Mira, chica, no pudo haber pasado nada, o me acordaría —dije, tratando de convencerme a mí mismo.

—¿De verdad no recuerdas nada?

Miré la pantalla del móvil y vi que ya eran más de las 12:00.

—¡JODER! —grité. Agarré mis cosas y salí corriendo de allí.

Era un piso. Atravesé la puerta, bajé corriendo tres tramos de escaleras hasta llegar a una recepción vacía.

Tenía que embarcar en una hora, así que salí corriendo y paré un taxi que pasaba.

Le di al conductor la dirección del hotel y le pedí que fuera lo más rápido posible.

—Tío, te pago doscientos euros si me esperas diez minutos y luego me llevas al aeropuerto —le ofrecí mientras se detenía frente al hotel.

—Trato hecho —respondió el taxista, y respiré aliviado.

Por suerte, ya lo tenía todo preparado para el viaje.

Me di la ducha más rápida de mi vida. Mientras me cepillaba los dientes, me puse lo primero que pillé y bajé en el ascensor.

Solo tenía una maleta. La mayoría de mis cosas ya las había mandado a Italia.

La habitación ya estaba pagada, así que solo entregué la llave y fui hacia el taxi.

Por suerte, el taxista entendió la urgencia y aceleró.

Cuando aparcó en el aeropuerto, le di las gracias al conductor, le pagué lo acordado y salí corriendo hacia la puerta de embarque.

Llegué justo cuando la empleada estaba a punto de anunciar el cierre de puertas. Tuve que echar mano de todo mi encanto para que me dejara pasar.

La empleada tuvo que hablar con alguien por radio, pero funcionó. No solo me dejó embarcar, sino que me acompañó y me guio para que fuera más rápido.