CAPÍTULO 30
A la mañana siguiente no tenía ganas de nada, así que me quedé en casa durmiendo.
Por la tarde tenía que presentar un proyecto, así que necesitaba ir al menos a la primera clase en la universidad de moda.
Me encontré con Olivia en el pasillo.
Me abrazó y forcé una sonrisa.
—¿Ha pasado algo? —preguntó.
—Sí. He cortado con Eros.
Se me volvió a hacer un nudo en la garganta, pero me mantuve entera.
—¿En serio? ¿No pudisteis arreglar las cosas?
—Sí. El viernes, después de despedirme de ti, me lo encontré en el aparcamiento.
—Lo sé. Pasé por vuestro lado. Por cierto, perdona si no es buen momento, pero es que es un dios griego.
Sonreí, recordando que yo no dejaba de llamarlo así en mis pensamientos.
—Solo tú podrías hacerme sonreír. Y sí, lo es —dije con un suspiro.
—¿Qué pasó?
—Eros estaba en Italia sin que su padre lo supiera. Esa noche fue increíble —recordé, con una pequeña sonrisa en el rostro—. Al día siguiente, fui a verlo al hotel donde se alojaba, y su padre y mi madre me siguieron. Eros y yo habíamos acordado mantenerlo todo en secreto hasta que nuestros padres volvieran de su luna de miel.
—¿Y entonces?
—Ahora todo es un caos. Eros volvió a Grecia con su padre. Tuvieron una pelea terrible y su padre lo desheredó.
—¿En serio?
—Sí. Para intentar minimizar el daño, ayer corté con Eros.
—¿Por qué hiciste eso?
—Mejor ahora que cuando esté aún más involucrada.
—¿De qué estás hablando?
—Ya ha perdido tanto por mi culpa. Terminaría cansándose de mí.
—Creo que cometiste un gran error.
—Ya está hecho, y a estas alturas ya debe estar olvidándose de mí.