El heredero de mi padre (Una pasión secreta) CAPÍTULO 9
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CAPÍTULO 9

Estoy en el balcón del hotel con un vaso de whisky en la mano, y nada más llegar aquí, todos los recuerdos de aquella noche con Chiara Giordano me asaltaron como una película.

Estoy en la misma habitación de entonces —me aseguré de ello. Mi padre y mi hermano ocupan las otras dos suites presidenciales de la planta.

Me sirvo un segundo vaso de whisky cuando suena el teléfono.

—Hola, Atlas —digo tras deslizar el dedo por la pantalla.

—Tío, ¡no te lo vas a creer! —dice, claramente emocionado.

—¿Qué pasa?

—Me he colado en una fiesta con Apollo en casa de un amigo suyo, y no tienes ni idea de quién está aquí.

—¿Quién?

—Chiara Giordano.

—¿Qué?

—Espera, voy a sacarle una foto para enseñártela. Si la tía se da cuenta, pensará que soy un maníaco —dice, y se queda callado unos segundos—. Listo, mira esto.

Joder, está buenísima, pienso mientras amplío la imagen en la pantalla del móvil.

Enseguida los recuerdos de ella gimiendo contra mis labios mientras me cabalgaba vuelven a apoderarse de mi mente.

—Te mando la ubicación —dice Atlas, sacándome de mis pensamientos pecaminosos—. Puedes aparecer como quien no quiere la cosa.

—Mándala —digo con indiferencia—. Si puedo, me paso.

—Venga, tío, ¿de verdad vas a dejar pasar esta oportunidad?

—Atlas, mándame la ubicación y ya.

—¡Vale! —dice, y cuelga.

Me acerco a la maleta, que aún no he deshecho, y cojo algo de ropa. Me duché al llegar al hotel, pero solo me puse algo cómodo porque no tenía intención de salir hasta la hora de cenar.

Me cambio rápido y, justo cuando estoy a punto de echarme colonia, me llega un mensaje de mi hermano:

«Tu chica ya se ha ido. Tenía un compromiso».

—Mierda —maldigo.

«¿Un compromiso? ¿Qué clase de compromiso? ¿Será una cita? ¿Tiene novio?».

Solo pensarlo hace que apriete el vaso con más fuerza.

¿Desde cuándo eres tan celoso, Eros?

Unos treinta minutos después, llaman a la puerta.

Voy a abrir y me encuentro con Atlas.

—Tío, no tienes ni idea de la sorpresa que me llevé cuando me di cuenta de que estaba justo delante de tu chica.

—¿Mi chica? No te flipes, Atlas —digo con indiferencia—. Es solo una tía.

—¡Claro! —dice con sarcasmo—. Pero bueno, está aún más buena en persona. Y ya que no te interesa tanto, te diré que hay bastante gente aquí muy interesada en ella, incluido nuestro primo.

—Típico. Apollo siempre ha querido todo lo que es mío.

—¿Tuyo? —sonríe—. Creía que era solo una tía.

—Y-yo no quería decir... Ah, vete a la mierda, Atlas. Sabes lo que quería decir.

—Sé perfectamente lo que querías decir —dice el idiota mientras se levanta y camina hacia la puerta con una sonrisa irritante—. No llegues tarde por quedarte fantaseando con la tía. Salimos en poco más de una hora.

—Que te jodan.