El heredero de mi padre (Una pasión secreta) CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

Cuando me desperté aquella mañana después de mi primera vez con aquel desconocido, miré a mi lado en la cama y vi que no estaba. El tipo se había largado antes de que yo despertara.

Por un lado, mejor así para evitar toda esa atmósfera incómoda del día siguiente. Siempre veo en las películas que la gente no sabe muy bien cómo actuar cuando se despierta a la mañana siguiente de un rollo de una noche. Por otro lado, aunque todo fue consentido, no pude evitar sentir una ligera punzada de frustración al encontrarme sola en aquella habitación de hotel.

Una cosa es innegable: el desconocido sabe cómo hacer que una mujer se sienta especial en su primera vez. Todavía siento mariposas en el estómago cada vez que recuerdo todo lo que me hizo sentir.

Me había informado antes, así que nunca me hice grandes ilusiones respecto al placer y el orgasmo en la primera vez, pero con él me llevé una grata sorpresa.

Aquel día me sentí tonta por haber pensado que la noche podría haber terminado de otra manera. Después de darme una ducha fría, me vestí y bajé a la recepción del hotel, donde descubrí que ya habían pagado toda la cuenta. Luego cogí un taxi a casa.

No sabía nada del desconocido, así que ni siquiera me molesté en buscar información sobre él, pero confieso que a menudo me pillo pensando en él. Tengo curiosidad por saber quiénes son sus amigos y su familia, los lugares que frecuenta…

Estoy en la universidad —en una de ellas, para ser más precisa.

Estudio Gestión de la Innovación y Emprendimiento en la Universidad de Milán por las mañanas y Diseño de Moda en el Instituto de Tecnología de la Moda por las tardes. Quiero tener mi propia marca de ropa sostenible, aunque eso suponga estudiar al menos diez horas al día.

También soy modelo y, cuando solo estaba en una universidad, podía compaginar algunos desfiles y sesiones fotográficas en estudio. Pero ahora ya no puedo con todo, así que rara vez acepto algún trabajo.

Salgo de la última clase del día —metodologías de gestión—, lo cual me alegra porque estoy agotada.

—¡Chiara! —me llama una voz masculina, y la reconozco de inmediato.

Miro hacia atrás y veo a Luca acercándose.

Es una cita que no cuajó como romance, pero se ha convertido en un buen amigo.

—¡Hola, Luca! —aflojo el paso—. ¿Qué tal?

—Bien. Mañana hay una fiestecilla en mi casa. ¿Te apuntas?

Lo pienso unos segundos. Estoy muy cansada y tengo mucho que estudiar, pero la verdad es que una fiestecilla me vendría bien para despejar la mente.

—Podría ser —respondo.

—Será de día, junto a la piscina.

—¡Genial! —respondo con una sonrisa—. ¡Gracias por la invitación!

—Te mando la ubicación por mensaje.

—Perfecto. ¡Hasta mañana, Luca!

—¡Hasta mañana, Chiara!

Camino hacia el aparcamiento y paso junto a Elisa. Ella finge no verme.

Ya sospechaba que hace un mes se me acercó solo porque le interesaba la entrada gratis a la discoteca de Matteo, pero es que la tía ni siquiera intenta disimularlo.

Las únicas veces que me ha saludado desde entonces han sido cuando nos hemos cruzado en los pasillos, o sea, en situaciones en las que no podía fingir que no me había visto.

No me importa que no nos hayamos hecho amigas. A decir verdad, ni siquiera quiero a alguien como ella en mi círculo de amistades, pero me molesta la gente oportunista como ella, que solo se acerca a los demás por interés.

Estoy a punto de subir a mi coche cuando me suena el móvil.

Deslizo el dedo por la pantalla y me lo llevo a la oreja mientras entro en el coche.

—¡Hola, mamá!

—¡Hola, cariño!

—¿Va todo bien?

—Sí. ¿Estás ocupada?

—No. Acabo de subir al coche, voy de camino a casa. ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?

—¿Puedes venir a casa de Elena? Necesito hablar con vosotras dos.

—Me estás asustando.

—Estoy bien, cariño, no te preocupes. Solo hay algo que quiero compartir con mis hijas.

Mi madre tuvo cáncer de mama hace unos años y no puedo evitar preocuparme siempre por ella.

—¡Vale! —respondo—. Estaré en casa de Lena en unos minutos.

—Aquí te espero. ¡Te quiero, pececito!

—¡Te quiero, mamá!

Cuando de niña empecé a nadar para combatir los fuertes ataques de asma que sufría, mi madre, mi padre y Elena empezaron a llamarme pececito.

Perdimos a nuestro padre hace unos años, pero mamá y Lena todavía me llaman así.