El Guardián de Ángeles (Jamie Johansson 1) 41
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—Emmy entraba a un foro de apoyo para víctimas de abuso sexual desde la tableta de su hermano —dijo Hallberg—. Y, por lo que parece, fue así como el asesino la identificó como objetivo.

Jamie removía su té sin prisas, atenta a lo que decía Hallberg, que no hacía sino confirmar sus sospechas, con el teléfono pegado a la oreja.

Al mismo tiempo miraba fijamente el asiento vacío frente a ella.

Rachel Engerman se había ido, al igual que la pareja empalagosa y el hombre del ordenador portátil.

Solo quedaban Jamie y las dos chicas detrás del mostrador.

Se dedicaban a hablar entre ellas y mirarla de reojo, seguramente tratando de discernir si Jamie era una sintecho o solo lo parecía.

—Si Hansen lo sabía —dijo Jamie—, eso explica por qué le quitó el teléfono y el ordenador.

—O incluso que tuviera miedo de que se lo contara a alguien —añadió Hallberg.

—Exacto. ¿Tenemos datos de los otros niños que han acogido?

—He enviado un correo electrónico a la agencia, pero hoy ya han cerrado. No tendremos respuesta hasta mañana por la mañana.

Jamie le dio un sorbo a su té, paladeaba el líquido amargo.

—¿Qué encontraron en el foro?

—Parece que Emmy publicaba con el nombre de usuario EBStockholm06.

Los técnicos han rastreado todo el sitio y han encontrado algunos mensajes publicados por ella.

Inició dos hilos: uno titulado «Ayuda» y otro titulado «Necesito hablar».

En el primero decía que creía que un hombre mayor de su entorno intentaba iniciar algún tipo de relación física, pero que no estaba segura de que no fuese un malentendido.

A continuación, enumeraba las cosas que hacía este hombre: tocarle el brazo, acariciarle la espalda, cosas así.

A Jamie se le revolvió el estómago y sintió cómo le subía la ira.

—¿Menciona algún nombre?

—No —respondió Hallberg, tan decepcionada como Jamie—. Pero, por las respuestas que dio a las personas que comentaban y respondían, está bastante claro que se trata de Jan Hansen.

—¿Hay evidencias suficientes como para utilizarlo en un tribunal?

Hallberg carraspeó.

—No me corresponde a mí… Eh, quiero decir que no lo sé.

«En otras palabras: no», pensó Jamie.

Hallberg continuó.

—Fue en septiembre, lo que significa que sucedió unos seis meses después de que comenzara su periodo de acogida. Parece que las insinuaciones de Jan llevaban tiempo produciéndose, pero no hay una fecha exacta.

—¿Y el otro hilo?

—«Necesito hablar» —dijo Hallberg—. Se publicó hace unas dos semanas y media.

Jamie se enderezó un poco más.

—Por tanto, fue una semana antes de que mataran a Emmy.

—Ocho días, sí.

—¿Qué decía?

—No abundan los detalles, pero da a entender que fue violada.

—Dios mío —dijo Jamie, sabiendo que tendría que obtener toda la información posible—. ¿Y las respuestas?

—Todas eran de apoyo, amables. La gente ofrecía los números de las líneas de ayuda locales a las que podía llamar, se ofrecían a ponerse en contacto con las autoridades en su nombre. Algunos incluso ofrecían lugares a los que Emmy podía ir si necesitaba escapar.

Jamie reaccionó al oír eso.

—¿Lugares a los que podía ir?

—Sí, parece que dos de los que respondieron eran de Estocolmo y ambos dijeron que estarían encantados de proteger a Emmy si ella quería irse de casa.

—¿Tenemos sus nombres?

—Los nombres de usuario, sí. Los nombres reales…

Eso podría llevar algo de tiempo. El foro funciona con un sistema bastante nuevo y, si se tiene en cuenta la naturaleza de lo que allí debaten, el anonimato es una prioridad para ellos.

Según dicen los técnicos, no tienen un mal sistema de seguridad.

Tendrán que ponerse en contacto con el proveedor del alojamiento para obtener acceso.

Intentar jaquearlo puede llevar mucho tiempo y necesitaríamos una orden judicial solo para intentarlo, así que…

—¿Qué respondió Emmy? ¿Aceptó el ofrecimiento de alguno de ellos?

Jamie no tenía tiempo para discutir los detalles de la ley de protección de datos. Lo que necesitaba era información.

—Eso es lo extraño —dijo Hallberg—. Emmy no parecía querer aceptar el ofrecimiento. Les dio las gracias, pero dijo que buscaría otra solución.

—¿Otra solución? ¿Como qué? —Jamie frunció el ceño.

—No lo sé, pero hay treinta y siete respuestas a su publicación, todas ofrecen cosas diferentes.

Cuando Tecnología consiga los datos del foro podremos entrar en la cuenta de Emmy, así veremos la actividad relacionada con ella y, a partir de ahí, con suerte, sabremos más.

Quizá alguien le envió un mensaje, o borró su respuesta, o… algo… No lo sé. —Hallberg suspiró.

Jamie asimiló aquello.

—Esto es bueno —dijo.

—¿Bueno?

—Estamos cada vez más cerca. Siempre estuvo pendiente esa pregunta: ¿por qué Emmy Berg? Sjöberg elegía a las chicas dentro del grupo de la iglesia. Por lo que Engerman acaba de contarme, ellas confiaban en él. Así es como las elegía.

—¿Elegía a víctimas de abusos?

Jamie asintió con la cabeza en primer lugar.

—Sí.

—¿Y luego las violaba?

—No —dijo Jamie dubitativa—. No lo creo.

—Se tomó un momento para reorganizar la información en su cabeza—.

Creo que eso es lo que mi padre siempre entendió mal.

Pensaba que Sjöberg las violaba, luego las asfixiaba y montaba el escenario en el que aparecían.

Creía que todo era una especie de extraño acto de expiación y redención.

Las presentaba como ángeles para restaurar su pureza después de habérsela quitado.

Y creo que cuando habló con Annika Liljedahl y descubrió que Hans Sjöberg se había acostado con ella cuando tenía catorce años, esas dos piezas se superpusieron, descubrió que encajaban y ahí acabó todo.

—Jamie respiró hondo, le costaba decir la siguiente parte—.

Entonces se enfrentó a Sjöberg y, cuando este no confesó, porque en realidad él no había abusado de esas chicas, al menos no de esa manera, mi padre intentó sacarle a golpes una confesión.

Hallberg guardó silencio.

—Pero se equivocó —continuó Jamie—. El Guardián de Ángeles no violaba a sus víctimas.

Creía que las salvaba. —Jamie exhaló un largo y tembloroso suspiro—.

No sé si era solo Sjöberg, o Sjöberg con Eriksson, o Eriksson por su cuenta.

Pero las autopsias lo confirman, ¿no? En todos los casos los exámenes mostraron pruebas de agresión sexual, pero en ninguno de ellos había sido antes de morir.

Se dio por sentado que Sjöberg abusaba de ellas durante una temporada y, una vez que había terminado con sus retorcidas intenciones, las asfixiaba, para luego llevar sus cuerpos al bosque y presentarlas como ángeles.

Pero no era eso lo que hacía. Se había ganado su confianza.

Las llevaba a dar una vuelta en coche —Jamie se lo iba imaginando mientras lo narraba—.

Les decía que las llevaba a un lugar seguro.

Seguramente era de noche. Estarían cansadas.

—Recordó su propia infancia, los largos viajes en el asiento trasero del coche.

El hipnótico parpadeo de las farolas a su paso—.

Se quedarían dormidas allí, pensando que todo había terminado.

Y entonces él se detendría en algún lugar e introduciría una manguera conectada al tubo de escape mientras dormían.

Bajaría al bosque que estuviese al lado de la carretera y dispondría todo el escenario donde la exhibiría.

Cortaría las ramas, buscaría el lugar adecuado.

Mientras tanto las niñas se asfixiaban lentamente, sin siquiera despertarse.

—Jamie dio otro sorbo, la mano no dejaba de temblarle, y luego dejó la taza, mirando el brillo de la superficie negra del líquido—.

Se irían en silencio, sin dolor, sin siquiera darse cuenta.

Sus últimos pensamientos eran felices: alguien las salvaba.

Y entonces… —Jamie carraspeó para deshacer el nudo que tenía en la garganta.

No había manera de conseguirlo—. Luego, una vez fallecidas, las llevaría al bosque y las convertiría en ángeles.

Las presentaba como los ángeles que eran.

Un modo de devolverles aquello que les habían arrebatado.

Jamie oyó a Hallberg tragar saliva al otro lado de la línea y luego dos sollozos. Apartó la boca del auricular para toser y luego habló, con la voz quebrada.

—Eso es, eh… Eso quiere decir que…

—Pero eso no era todo —continuó Jamie, las palabras salían ya solas de sus labios—.

Eso era solo la mitad. Lo primero era salvar a las niñas.

Pero también tenía que hacer que las personas que les habían hecho daño pagaran por lo que habían hecho.

Se lo había prometido. A Hanna Lundgren se lo prometió.

Ella no lo sabía en ese momento, pero Sjöberg sí.

Y creo… —Se detuvo, sintió el germen de una duda—.

Creo que él sentía que era algo necesario.

Un mal necesario. Un deber. No disfrutaba el acto de matar.

En el caso de las chicas, los asesinatos están llenos de remordimiento.

Aunque pensase que era lo correcto para ellas.

Y luego, cuando mataba a los padres… Había un…

distanciamiento. A uno de ellos lo sacó de la carretera, otro supuestamente se suicidó.

¿Es posible que los convenciera para que lo hicieran ellos?

¿Quizá se enfrentó a ellos y los obligó a hacerlo por sí mismos con la amenaza de llevarlos ante la justicia?

Les ofrecía una escapatoria. ¿Las demás…

desapariciones? No sabemos cómo lo hizo, pero no creo que disfrutara.

—¿Y Lundgren? —preguntó Hallberg en voz baja—. Lo asfixiaron. Eso no parece distante.

Jamie negó con la cabeza y exhaló un largo suspiro.

—No lo sé, Hallberg —dijo—. La única respuesta honesta que tengo es un no lo sé.

Fue hace veinticinco años y el hombre está muerto.

Lo negó todo en el juicio y luego se declaró culpable.

Pero nunca llegó a aclararlo, nunca explicó nada.

Se podría pensar que, si en su mente todo lo que hizo era algo honorable, querría decirlo, ¿no?

¿No querría gritarlo a los cuatro vientos?

—A menos que no hubiera sido él.

Jamie se pellizcó el puente de la nariz.

—Sí. Existe esa posibilidad.

—Si no fue él, entonces es normal que no explicara nada. Podría habérselo confiado a Eriksson al final y Eriksson podría haber sido el verdadero asesino todo el tiempo.

Jamie tocó su taza y notó su frío contra la piel.

—Podríamos pasarnos toda la noche aquí entre teorías —dijo Jamie—, pero nada de eso importará si no atrapamos al tipo que está matando ahora .

Tanto si Sjöberg tenía intenciones justas entonces, por muy enfermizas que fueran, como si lo hizo él solo o con Eriksson, al final se trataba de tomarse la justicia por su mano, y eso es asesinato.

Lo mires como lo mires. Y lo de ahora, ya sea porque Eriksson ha retomado esta puñetera noble cruzada o porque simplemente le encanta matar, es algo que no sé a ciencia cierta.

Pero lo que sí sé es esto: siete chicas fueron asesinadas.

Y luego mataron a cinco padres. Ahora, Åsa Gunnarson también está muerta.

Al igual que Emmy Berg. Y el patrón permite pensar que Jan Hansen es el siguiente en la lista.

Y, lo merezca o no, nuestro trabajo es evitar que la gente se mate entre sí.

Si Jan Hansen es culpable debe caer en manos de la justicia.

La verdadera justicia. Así es como tiene que ser. ¿Si no para qué demonios hacemos esto?

—De acuerdo —dijo Hallberg y su voz recuperó poco a poco la firmeza.

—Pero el asesino es inteligente, sabe lo que hace.

Si cree que Jan Hansen va a ser un objetivo difícil, no creo que lo intente.

Tiene paciencia. Tanta paciencia como un santo.

—La imagen de Per Eriksson con su alzacuellos le vino a la mente—.

Esperar más de dos décadas para ir a por Mikael y Åsa Gunnarson lo demuestra.

Si tiene que esperar para actuar contra Hansen, esperará.

Pero eso no significa que vaya a dejar de matar.

Apuesto a que ya ha comenzado a buscar a la próxima chica.

Jamie apartó la taza de té ya frío y se levantó, por la ventana veía la ciudad que una vez había sido su hogar.

—Si es que no la ha encontrado ya —dijo mientras caminaba hacia la puerta.