Capítulo 24
— B usca una conexión —susurró Jake para sí mismo, con la mirada recorriendo la pantalla de izquierda a derecha. Ahora estaba concentrado y no había nadie que pudiera detenerlo.
Necesitaba encontrar un vínculo entre Invicta, Alice Pridden y Toby Enfield. Una conexión que los uniera a todos para poder entregarle la información a Mamadou y al resto del equipo como un regalo perfectamente empaquetado.
Pero había algo más que lo inquietaba: el dinero transferido a la cuenta de Andri Gunnarsson. Tenía que haber salido de alguna parte. Quizás alguien lo había pagado como un soborno, o tal vez era una cifra de despiste diseñada para confundir y desorientar, como un truco de magia.
Jake se puso manos a la obra. Cargó la base de datos del PNC e introdujo de nuevo el nombre de Toby Enfield.
Adjunto al final de su perfil —un documento que había pasado por alto en su primera inspección— había un informe sobre una pelea de bar entre Toby y otro individuo.
Ambos habían empezado a soltar puñetazos, y solo uno se había mantenido en pie. Toby.
Intrigado, Jake bajó por la página hasta que dio con la foto policial de Toby, tomada durante su arresto. Soltó el ratón sobre la mesa.
Allí estaba. Toby Enfield, devolviéndole la mirada.
El mismo hombre con el que se había tropezado frente a AG Souvenirs antes de dirigirse al Horseshoe Cloister. Jake reconoció el rostro al instante.
El pelo rubio y corto. Los ojos hundidos. Los pómulos altos y enrojecidos. La barba de pocos días. La cicatriz que le recorría la mandíbula.
Recordando la forma de caminar de Toby aquella mañana y cómo le había llamado la atención, Jake escribió su nombre en la base de datos militar.
El sistema emitió un pitido con un resultado positivo.
Francotirador del ejército británico. Primer Batallón de la Grenadier Guards.
Afganistán. Dos misiones. Elogiado como uno de los mejores tiradores de precisión que el ejército había conocido jamás.
—Ahora todo tiene sentido —dijo Jake en voz alta, anotando la información en el trozo de papel que tenía delante.
En su carrera, Toby Enfield solo había fallado un puñado de disparos, y contaba en su haber con más de una docena de bajas de «Objetivo A».
Objetivo A era el nombre que recibían los más buscados del mundo.
Aquellos que habían cometido atrocidades en cada rincón del globo pero que seguían evitando ser capturados o, lo que era más apropiado, la muerte.
Un francotirador no solo era excelente disparando; también lo era en el camuflaje, en moverse sin ser detectado, en el reconocimiento, en la observación...
el conjunto de habilidades perfecto para escapar de Londres sin ser visto.
Mientras Jake seguía revisando el perfil de Toby Enfield, fascinado por una mezcla de horror y asombro, se topó con una evaluación psicológica de varios años atrás.
Toby Enfield es un hombre peligroso , escribió el Dr. Manning, el psicólogo que había realizado el examen.
Tiene un largo historial de violencia y una propensión a infligir daño a cualquiera que se atreva a cruzarse en su camino.
En mi experiencia profesional, la guerra y los horrores que Toby ha presenciado lo han cambiado, sin duda alguna.
Solo han amplificado y manifestado su rabia e ira y, como tal, presenta síntomas de TEPT.
Se recomienda que Toby sea licenciado de las fuerzas armadas con efecto inmediato.
Jake terminó de leer y garabateó más notas en el papel antes de levantarse lentamente de su asiento y dirigirse hacia la zona de la cocina, donde encontró un pequeño grupo de escritorios y trabajadores tecleando afanosamente en las cercanías.
El Equipo Azul. El grupo más trabajador de todo el SO15.
Siempre trabajando a destajo, recopilando información en tiempo real sobre posibles ataques.
Eran los responsables de reunir inteligencia en operaciones encubiertas y abiertas por todo el país.
Jake tenía un contacto concreto en quien podía confiar para que le ayudara con sus propias investigaciones personales .
Danny Albrecht era un hombre de mediana edad con sobrepeso al que le costaba caber en su silla.
Tenía el pelo grasiento y, de vez en cuando, a Jake le llegaba un bofetón de su fétido olor corporal cuando merodeaba a su alrededor.
Pero Danny se había portado bien con Jake cuando este acababa de llegar, así que ya había pasado el punto de no retorno para mencionárselo.
Habían estado en una situación similar: introvertidos y solos.
Y se habían hecho buenos amigos. Danny no aceptaba tonterías y solo se quedaba satisfecho cuando terminaba el trabajo.
Era una mula de carga que apenas descansaba, a pesar de que sus superiores se lo exigían, y como resultado había ganado muchas menciones y galardones por sus esfuerzos, aunque nunca había asistido a los eventos para recogerlos.
—¿Qué hay, Albert? —dijo Jake. Sabía que Danny odiaba que le llamaran así; era el nombre que le daban aquellos que no sabían pronunciar su apellido.
—¿Qué pasa, Marinero? —preguntó Danny, saludando a Jake sin apartar la vista del ordenador.
—Necesito una cosa.
—Qué sorpresa. ¿Ahora qué?
Jake se inclinó al lado de Danny y dejó el trozo de papel con las anotaciones sobre el escritorio, junto a los regordetes dedos de su compañero.
—Necesito detalles de cuentas bancarias. Transacciones. Extractos. Direcciones. Todo el lote.
—¿Se me permite preguntar para qué?
—¿Se te permite alguna vez?
Danny frunció el ceño. —¿Algo más?
—Sí. Números de móvil. Cualquier cosa registrada a su nombre. Aunque probablemente use uno de prepago. Pero mira a ver qué encuentras.
—De acuerdo. Lo de los móviles tardará más en llegar, ya lo sabes, ¿verdad?
—Naturalmente.
—¿Y lo demás? ¿Para cuándo lo necesitas? Me llevará al menos un par de horas.
Jake consultó su reloj. Dándole una palmada a Danny en el hombro, dijo:
—¿Qué te parece en media hora?
—Tú no pides mucho.
—Es solo porque sé que serás capaz de hacerlo por mí.
—No tientes a la suerte.
Jake le dio las gracias a Danny y sonrió mientras se alejaba. Entonces se dio cuenta de que le faltaba algo y se dio la vuelta.
—Una última cosa: el registro de llamadas de Andri Gunnarsson, ¿dónde podría encontrarlo?
—En HOLMES. Ya están en el sistema.