Capítulo 15
— P robablemente ha sido el trabajo más fácil que hemos tenido que hacer jamás —dijo Tyler Stuart mientras se sentaba a su lado. En las manos sostenía dos tazas de café.
Estaban sentados en la cafetería de la planta baja de Scotland Yard.
Les habían permitido un pequeño descanso mientras esperaban a que empezaran a llegar las pruebas sobre Andri Gunnarsson.
A la derecha de Jake, colgada en lo alto de la pared, había una pantalla de televisión con Sky News puesto.
El rostro radiante de Alice Pridden ocupaba toda la pantalla.
Las imágenes habían sido grabadas momentos antes de que la mataran.
Bajo la imagen aparecían las palabras: ASESINATO DE LA DUQUESA.
Directo.
Sin rastro de emoción.
—¡Eh! —dijo Tyler, desviando la atención de Jake de la pantalla—. ¿No crees?
—¿Qué? Perdona, estaba en otro sitio. —Disfrutaba de estos descansos, por lo general, porque le permitían desconectar del trabajo por un momento.
Pero había algo en el asesinato que le había perturbado.
La intuición en su cerebro hacía sonar algunas alarmas, y mentiría si dijera que los engranajes naturalmente suspicaces de su mente no habían estado girando desde el supuesto arresto.
—El trabajo más fácil de nuestras vidas. Prácticamente se ha entregado solo. —Tyler deslizó la taza de café con leche de Jake por la mesa.
Rodeando la porcelana con las manos, Jake respondió: —Sí. Sin duda. En todo caso, ha sido demasiado fácil.
—¿A qué te refieres? —preguntó Tyler.
—No lo sé —dijo Jake, dando un sorbo a su café mientras sus labios se aclimataban al calor de la bebida—.
Creo que todo ha sido demasiado fácil. Menos de una hora después del asesinato de la duquesa, lo encuentran en la tienda, todavía en la escena del crimen.
Quiero decir, ¿no querrías salir de allí lo antes posible?
—Esconderse a plena vista, eso es lo que siempre nos dicen que observemos. Las soluciones más obvias son las que primero pasas por alto. Además, no ayudó que su techo volara por los aires en cuanto intentó destruir las pruebas.
—De nuevo, eso no me cuadra con...
Jake fue interrumpido por el pitido de la muñeca de Tyler. Su amigo se subió la manga de su jersey fino y se miró el reloj.
—¿Qué cojones es eso? —preguntó Jake, observando el tamaño del dispositivo. Era casi tan grande como la palma de su mano—. ¿Te lo ha dado el Gran Gigante Bonachón?
—Cállate —soltó Tyler, lanzándole a Jake una mirada de pocos amigos—. Ha sido un regalo.
—¿De Hulk?
—De mí para mí. Es uno de esos relojes inteligentes. Se sincroniza con el móvil y puedes hacer casi cualquier cosa con él.
—¿E.T., mi casa, teléfono?
Tyler le hizo un gesto obsceno con el dedo. —Probablemente deberías comprarte uno. Te ayudará a levantar tu gordo culo y hacer los diez mil pasos diarios que recomienda el médico.
—¿Y qué te acaba de decir entonces? ¿Que Scotty está listo para teletransportarte?
—Voy a fingir que sé de dónde viene esa referencia. Y, en respuesta a tu pregunta, me ha dicho que se han acabado nuestros diez minutos. Es hora de volver.
Jake y Tyler recogieron sus cosas. Mientras salían de la cafetería, las imágenes de la pantalla cambiaron. Una foto policial de Andri Gunnarsson llenó la pantalla y las palabras EL ASESINO DE LA DUQUESA, CAPTURADO aparecieron bajo su rostro.
Tyler soltó un bufido. —Parece que todos los demás saben qué cara tiene antes que nosotros.