Atta
Él le acarició los muslos desnudos de arriba abajo.
—Yo diría que es usted la que me tiene atrapado, profesora Morrow-Murdoch.
—Tengo que causar una buena impresión. Son mis primeros alumnos.
—Has salvado el mundo, a stór. Ni siquiera la Agamenón pudo librarse de pedirte perdón y admitir que tienes una mente brillante.
Atta resopló, divertida. Eso no era lo que había pasado exactamente.
La realidad no fue tan romántica como él la pintaba, pero sí le pidieron que regresara al Trinity, y como profesora, nada menos.
Su investigación había causado furor a nivel mundial y su historia se había convertido en una especie de leyenda.
Se encontraban en su apartamento, aquel que habían alquilado después de pasar todo el verano de luna de miel en la Costa Amalfitana.
Atta deambuló desnuda por el dormitorio.
No encontraba el conjunto que se había dejado preparado.
«Ay, señor». Ya estaba metiendo la pata, y eso que su primer día de trabajo ni siquiera había empezado.
Sonder le lanzó una americana de tweed desde el otro lado de la habitación.
—Te la había mandado a la tintorería. —Se puso los pantalones—. Iré a por café y pastas mientras te vistes.
Una hora más tarde, Atta se dio la vuelta con manos temblorosas para enfrentarse a su primera clase en el Trinity College de Dublín, mientras una migraña le florecía tras los párpados.
—Buenos días a todos y bienvenidos a Historia de la Peste Feérica. Soy la profesora Morrow-Murdoch. Por favor, abrid vuestros libros por la primera página.
Continuará…