El excéntrico lord Riverdale (Los solteros 1) Capítulo 23
67%

Capítulo 23

Fuera de la habitación, Andrew y Ming seguían peleando, cada uno cumpliendo la orden de su amo. Las mujeres que estuvieron en la casa fueron corriendo hacia la planta baja junto a Arthur.

—¡Señor Matthews, debemos irnos! Esto es un desastre —contó una de las mujeres.

Arthur se puso de pie de un salto.

—¿Qué tanto es el desastre?

—La esposa vestida en camisón entró con un látigo a la habitación y comenzó a perseguir a milord —relató la otra gesticulando la forma en la que Sybil había hecho su entrada.

—Ay, esto salió un poco del guion, pero hemos completado la misión con éxito. Llegó el momento de hacer algo más.

—¿Lo salvará? —curioseó la primera.

—No. Nos iremos y dejaremos este problema aquí. El objetivo ha sido cumplido, lo único que debemos hacer ahora es salvarnos nosotros mismos.

—Es cierto. La doncella quiere atraparlo para llevarlo frente a la mujer, señor.

—Entonces, ¿qué esperamos? Reginald se las arreglará, ya que ha sido su plan desde un principio, no creo que le cueste demasiado estar con vida. Mañana le enviaré una carta a Andrew para saber si sigue entre los vivos.

Los tres dejaron la residencia con discreción, mientras que los sirvientes se agotaban en una pelea difícil. Ambos ya estaban llenos de cortes y moretones. Se sentaron en el pasillo y se miraron con reproche antes de decir algo. Los dos estaban agitados, buscando un poco de aire para poder hablar.

—Está apoyando a ese hombre promiscuo. Milady también es su ama, debería salir a su favor —lo reprendió Ming.

—Mi amo es el conde, me pagan por cuidarlo. ¿Cómo se le ocurre que no seguiría sus órdenes? Está demente. Usted y su ama perdieron el juicio.

—Ahora nos acusa. Si milord pudiese tener su mascota en un lugar seguro, nadie hubiera entrado a su habitación a intentar corregirlo.

—¿Corregirlo o matarlo?

—Es lo mismo. Tu amo no merece a una persona como milady.

—Quien no merece la sangre noble de milord es tu ama. Por suerte, él sabe defenderse un poco, ya debió haber escapado por la ventana. Es capaz de resistir una caída de diez metros sin morir, está comprobado.

—Su amo es un inútil con corona, no hay forma de salvarlo de ninguna manera. Lo mejor es que se muera para que milady tenga su libertad y pueda casarse con algún caballero de verdad. Al final creo que ese marqués que la pretendía era un buen candidato y tuvo que dejarlo por este hombre.

—A eso se le llama codicia. Su lady es una mujer codiciosa que quiso otras cosas antes que experimentar los sentimientos. No tiene sentido arrepentirse ahora. Ellos ya están casados y, si su ama no le negara lo básico a milord, él nunca hubiera utilizado este tipo de tácticas para atraerla.

—¿Tácticas? ¿Prostitutas en una casa es una táctica? ¿En dónde se ha visto algo semejante?

—Pues a milord se le ocurrió. Le dije desde un principio que es una mala idea.

Lo aconsejé, pero no sirve de mucho cuando él está decidido a ahorcarse solo, no me queda otra opción más que darle la cuerda para que lo haga rápido.

Es duro ser su guardián, ¿sabe? Son tres años alejado de todo.

Hablo con troncos… Con suerte, no me he vuelto loco con lo que hace cuando algo se le mete en la cabeza.

—¿Entonces es todo mentira? ¿Milord no engañaba a milady?

—No, por supuesto que no. Lleva casto demasiado tiempo. Lo único que quería era tener la atención de su esposa, tampoco estaba pidiendo demasiado, pero como ella es necia y reacia, él también quiso jugar el mismo juego de necedad. Milord sabe rebajarse a veces.

Los dos se quedaron en silencio unos minutos, pero en medio de ese descanso, oyeron gemidos que salían de la habitación del conde.

—¡Milord está exhalando su último aliento porque su ama lo golpeó hasta morir! ¡Escuche esos gemidos tan dolorosos! —se lamentó Andrew al imaginar a su amo en un charco de sangre. Lady Sybil tendría que pagar al médico, suponiendo que aquel aún siguiera con vida.

—¿No oye bien? ¡Es milady quien está sufriendo! Él debió quitarle su látigo y la estará castigando con fuerza y sin tregua. ¡Qué hombre más vil!

—¡No hable mal de él!

—¡Usted no hable mal de ella!

Los dos volvieron a pelear como si fuesen dos ratas queriendo coger un mismo pan. Estaban arrodillados en el suelo repartiendo manotazos por doquier.

En la habitación, Reginald y Sybil habían consumado el matrimonio, ambos quedando exhaustos por tanto esfuerzo. Ella fue quien se despertó primero y se fijó alrededor. No estaba en su habitación. Cuando bajó la mirada, vio al conde con el pecho descubierto durmiendo como un bebé.

—No puede ser… —masculló en voz baja al darse cuenta de que pisoteó sus propias palabras al acostarse con su esposo. No había sido algo malo, más bien placentero, pero sentía que eso le había hecho perder una ventaja importante.

Unos segundos después, ella se dio cuenta de que tampoco llevaba una prenda.

Estaba desnuda, compartiendo la cama y la manta.

La situación era humillante. Había entrado ahí para corregir a ese hombre y terminó haciendo el trabajo de una mujerzuela.

¿Cómo lo miraría a la cara? Tendría que hacerse la tonta para que esto pasara desapercibido y no perdiera la poca dignidad que le quedaba. Nunca volvería a esa habitación.

Abandonó la cama con vergüenza para buscar su camisón y poder desaparecer. Le dolía el cuerpo por lo que había hecho con el conde. Para ser un simple noble que parecía sin fuerzas, sí que tenía bastante más de lo que ella imaginaba.

—Ahora sí puedo llamarla mi amor, esposa… —habló alzando medio cuerpo en la cama.

—Guarde silencio, no quiero hablar ahora… —replicó la joven, molesta.

—Fue un momento placentero, ¿por qué huye ahora?

—¿Todavía lo pregunta, sinvergüenza? Se aprovechó de mí.

—¿Perdón? ¿Me aproveché? ¿En qué momento? Claramente, no vemos este asunto de la misma manera, puesto que yo la convencí de que estuviésemos juntos, ¿o no?

—Bajo artimañas…

—No sabía que a la seducción se le llamara artimaña. Creo que estoy poco familiarizado con la terminología que utiliza milady.

—No quiera cambiar las cosas. Lo hecho, hecho está, milord. Ahora sigamos con lo nuestro. Usted cumplirá con darme mis ambiciones y no se diga más. Me debe esa dignidad perdida esta noche.

—Veré cómo le pago esto. Mañana me lo dice. Venga, acuéstese a mi lado, no quiero que se enferme si le da una corriente de aire al irse a su habitación.

—Usted no tiene remedio. Me voy… —La joven fue a la puerta de comunicación y se perdió detrás de ella.

Reginald quedó sonriente en la cama. Él había ganado la puja y también conservado su vida.

Ambas cosas eran muy valiosas; sin embargo, sabía que su esposa no se quedaría con los brazos cruzados cuando se trataba de venganza.

Algo le decía que podía ser peor que un enemigo mortal.

De hecho, que perdiera dos veces contra su persona era un buen aviso de lo que era capaz.

Reginald no la subestimaría ni tampoco se restaría valor propio.

Tenía gran poder de persuasión, por eso había logrado que ella se quedara en su habitación y que pudiesen comportarse como marido y mujer, solo le quedaba estar atento a lo que pasaría el resto de los días para saber cómo cuidarse.

El conde cogió la campanilla que estaba junto a la mesita de noche y la agitó para que Andrew lo atendiera. Ni siquiera sabía qué hora era, pero necesitaba un vaso de agua.

Andrew, que estaba dormido cabeza a cabeza con Ming, despertó al oír la campanilla.

—Milord me necesita, al menos sé que está vivo. Tú ve a ver a tu ama, debe estar cubierta de la sangre noble del conde.

No esperó a que la doncella replicara, solo fue a ver qué necesitaba su amo.

—¿Se encuentra bien, milord? ¿Está herido? ¿Quiere que llame a un médico? —preguntó Andrew, que se acercó con una lámpara a la cama para ver si tenía heridas visibles, pero simplemente estaba desnudo, aunque con algunos arañazos en el pecho.

—Estoy bien, solo quiero un vaso de agua.

—Ah, está bien, milord… —Él se acercó a la jarra que contenía el agua y la sirvió en un vaso para acercarla a su amo—. Pensé que milady lo había matado.

—Casi me mata, pero de placer. He cumplido con mi cometido, fue peligroso, mas lo logré. Ahora es mi mujer y no podrá dejarme cuando se le antoje.

—Ay, milord, se ha metido en un gran problema. Ella no aceptará esto de buena gana. Debería considerar mudarse de habitación, pues puede entrar en cualquier momento y apuñalarlo cientos de veces como si no existiera otra cosa que hacer.

—Eso no pasará. No le sirvo muerto. Lo que sé es que me torturará con alguna tontería de estudios o algo así.

La engañaré con mis conocimientos básicos y tú la mantendrás ocupada con los asuntos de la finca.

Más adelante, nosotros dos viviremos la gran vida una vez que dejemos los asuntos en manos de alguien capaz y que tiene entusiasmo.

—¿Cree que será así de fácil? Está siendo ingenuo, alteza.

Lo que quiere esa mujer es que usted se haga cargo, que muestre que vale un poco de lo invertido.

Recuerde que ella es quien tiene el dinero.

Para que crea todo lo que usted dice, tendrá que fingir mucho y por largas horas, le resultará agotador.

—No he considerado eso que estás diciendo, pero creo que podré enfrentarla de alguna manera.

Lo pensaré sobre la marcha. Soy un hábil escapista y me salgo con la mía.

No importa qué tan fuerte sea mi oponente, siempre estoy un paso adelante, aunque no lo parezca.

Todos me subestiman viendo lo que no pueden ser en mí.

Yo solo quiero libertad y para eso lo mejor es que los demás sean incautos, demostrando su valía y ánimos de competición frente a alguien que no quiere saber nada de eso.

Se ven ridículos intentando que yo parezca más tonto.

Es fascinante ver cómo se ahogan en su propia rabia.

Mi esposa no será la excepción, solo debo saber lidiar con ella.

—Ahí es donde veo el inconveniente Tendrá que hacer varias concesiones para que milady se calme y no lo moleste. Mañana, si lo obliga a leer un libro, finja que lo hace, se ahorrará muchos problemas.

—Lo bueno es que he leído todo eso que ella trajo en mis peores años, cuando me hacían estudiar como una bestia de carga para un puesto importante en el gobierno.

Me tendrían como esclavo toda mi vida si no encontraba la forma de rebelarme.

Frustré muchos intereses y eso le duele a un par que no podrá sacarme provecho.

Imagina invertir tanto dinero en la educación de un hijo, para que este, de un día al otro, se convierta en libertino y dejara de estudiar.

—Sus padres siguen enfadados por eso. No los culpo, tampoco fueron los mejores en afecto, pero supongo que nadie nace sabiendo ser buen progenitor.

—Hay muchos tipos, pero ellos escogieron los más despreciables.

¡Bah! Ya ni tiene sentido quejarme, me moldearon de una forma y yo lo cambié.

Si quieren acercarse, pueden hacerlo, que yo los acepte es asunto mío, pero no tengo intenciones de perder la paz por ser un asesor político para el o la monarca de turno.

El mundo es más emocionante con sencillez y volando como una hoja en el viento.

Sé que no podré vivir así eternamente, estoy retrasando lo inevitable y mi esposa es el recordatorio de lo que debo hacer en el futuro para nuestra supervivencia.

No soy solo yo desde hoy, también está ella y mis futuros hijos.

Todo será con mis métodos y no con los ajenos.

Le mostraré a Sybil que existe un lugar en el que puede ser su propia dueña.

¿Por qué servir a otros cuando puedes reinar sobre ellos?