Capítulo 42
LUNES
P ocas horas después, Tomek se encontró en la silla de su escritorio, con los brazos cruzados sobre el pecho, las piernas estiradas bajo la mesa y la cabeza echada hacia atrás, con la mirada perdida en las duras luces blancas del techo.
El cuello le protestaba a gritos, y pronto se le unió la espalda y luego el omóplato derecho.
Se sentía desorientado, sin saber qué hora era ni cuánto tiempo llevaba dormido.
Gimió, con el cuerpo agarrotado por la incómoda siesta en una postura extraña, echó la silla hacia atrás, se inclinó hacia delante, apoyó los codos en las rodillas y se frotó la cara con las manos.
Entonces, oyó el mismo sonido que lo había despertado. Pisadas. Fuertes.
Levantó la vista y vio a Martin, que llevaba un polo y sostenía un vaso de café de cartón. Martin se detuvo en seco cuando vio a Tomek en su mesa.
—¿Estás bien, sargento?
—Bien —respondió Tomek, con la voz más áspera de lo que pretendía. Se aclaró la garganta. —Estoy bien.
Martin no pareció muy convencido.
—¿Has dormido aquí?
Tomek bostezó y estiró los brazos por completo.
—Debo de haberme quedado dormido —dijo cuando terminó.
Martin asintió lentamente, luego continuó hacia su propia mesa y empezó a prepararse para la jornada.
Tomek dirigió su atención a su teléfono y lo cogió.
La pantalla se iluminó, mostrando la hora: 07:04.
Había estado dormido poco más de cuatro horas, lo que explicaba por qué se sentía tan cansado y dolorido.
Se quedó mirando la pantalla un momento mientras sus ojos se acostumbraban y luego comprobó las notificaciones.
Había una de Kasia. Recordaba haberle enviado un mensaje de madrugada, en algún momento después de la conversación en el despacho de Nick, para decirle que se quedaba en la comisaría y que no se preocupara.
También le había mencionado que Sean se iba a casa porque tenía el día libre para ver pisos y que estaría disponible por la mañana por si necesitaba ayuda para prepararse para el instituto o para que la llevara.
Su mensaje decía: Voy a ir andando con Sophia de todas formas, así que no necesito a Sean. He quedado con ella al final de la calle a las 8. No te preocupes por mí. Espero que no trabajes hasta muy tarde. x
Lo leyó dos veces y luego respondió: Que tengas un buen día. Esta noche estaré en casa. x
Lo miró un segundo y lo envió. Al dejar el teléfono, le plantaron un periódico delante de la cara. Parpadeó, echó la cabeza hacia atrás, miró el periódico y luego a la persona que lo sostenía.
Era Rachel, que lo observaba con la expresión de suficiencia de quien ha dormido en una cama de verdad.
—Buenos días a ti también —dijo él.
Ella abrió la boca para responder, pero hizo una pausa.
—¿Has dormido aquí esta noche? —preguntó, retrocediendo medio paso y haciendo una mueca.
—Sí —confirmó Tomek.
—Se nota. —Se tapó la boca con la mano libre sin apretar y abanicó el aire con la otra.
—Vale, vale —dijo Tomek, alargando el brazo y arrebatándole el periódico de la mano—. Luego me lavo los dientes.
Ella dio otro pequeño paso hacia atrás, manteniendo la mano donde estaba.
Él bajó la vista a la portada de The Southend Echo . Una fotografía aérea del Langdon Hills Country Park dominaba la página. El titular de encima decía: LUCERTA VIVE: MILES DE PERSONAS ASALTAN EL POZO DE ESSEX MIENTRAS LA POLICÍA MIRA
Debajo, el subtítulo: Agentes desbordados mientras la multitud rompe el cordón. Un detenido en el lugar de los hechos.
—Un detenido —resopló—. Pues vaya mentira.
Rachel no dijo nada mientras él seguía leyendo, con una frustración que crecía con cada palabra.
El primer párrafo describía los sucesos de la noche anterior como un fracaso sin precedentes en el control de masas por parte de la policía de Essex, que, según múltiples testigos presenciales, no estaba en absoluto preparada para la magnitud de la concentración.
El segundo párrafo citaba a un asistente que describía la presencia policial como «escasa».
El tercer párrafo hacía referencia a los daños en el pozo, que Lauren había descrito como un apreciado monumento local de importancia histórica.
El cuarto párrafo señalaba que, a pesar de que cientos de individuos accedieron a la escena de un crimen reciente, las detenciones habían sido mínimas, la respuesta policial lenta y que ahora se estaban planteando preguntas sobre la investigación en curso de la muerte de Jason Wong, que hasta el momento no había arrojado respuestas ni sospechosos.
Se detuvo en el quinto párrafo, que mencionaba a Lucerta por su nombre y explicaba por qué todo el mundo estaba allí.
Justo cuando dejó caer el periódico sobre la mesa, la puerta de la sala de crisis se abrió y Victoria entró.
Habría dado unos cuatro pasos dentro de la sala cuando Tomek se levantó de la silla.
Cruzó el suelo, periódico en mano, y se detuvo frente a ella.
—¿Has visto esto? —Le acercó la portada lo suficiente como para que ella tuviera que retroceder para leerla cómodamente.
Victoria lo miró a él y luego al periódico. Se lo quitó de las manos y leyó el titular.
—No —dijo—. No lo he visto. —Examinó más de cerca la portada, el titular, la fotografía—. Esto no es lo que hablamos. Lauren dijo que publicaría algo equilibrado. Algo que cubriera el suceso sin… la opinión.
—Y, sin embargo, mira lo que ha escrito.
Victoria guardó silencio un momento.
—Ve ahora mismo a The Echo —le ordenó Tomek—. Sea lo que sea que hablasteis tú y Lauren, lo que sea que te prometiera, está claro que necesita una segunda conversación.
—Entendido —dijo ella, girando sobre sus talones y dirigiéndose a la salida.
—Y, Victoria —la llamó Tomek. Ella se volvió para mirarlo—. No vuelvas hasta que esté solucionado, por favor.