El enigma de los pétalos rojos
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Capítulo 1
¿Qué es desaparecer?
Mis últimos recuerdos se escapan en la neblina de la pérdida, no hay direcciones, no hay decisiones, eso es desaparecer, en un minuto respirar y en el otro… no existir
Días antes:
Preparar un viaje es agotador, pero cuando te marchas para siempre y dejas atrás todo lo que te ha hecho feliz en los últimos cuatro años, la nostalgia que te invade lo hace más difícil.
Hacía un día de verano muy caluroso en Madrid, vivía en el barrio La Latina, no me había ido y ya lo extrañaba, era el lugar más bohemio, seductor y mágico que había conocido, siempre lleno de diversión y cosas nuevas por descubrir.
A veces me preguntaba si hacía bien en abandonar todo aquello, era muy difícil, sobre todo por mi amiga y roomie Georgina que no paraba de comerme la cabeza.
—Sigo sin entender por qué te vas a trabajar a Alemania, si te acabas de graduar y puedes conseguir algo aquí— insistía Georgina mientras me veía preparar las maletas. Su pequeña estatura no alcanzaba para su corazón tan grande.
—Georgi, ya lo hemos hablado mil veces, no me quiero arriesgar con la crisis, es muy bueno el trabajo que me ofrecieron en Alemania, además te voy a venir a visitar siempre que pueda— digo con tono de resignación.
—Eso dices ahora, pero después ni me escribes; te aseguro que no vas a encontrar otra amiga como yo que te use la ropa y te la devuelva impecable—
—¿Ah sí? Y qué me dices de mi blusa naranja manchada de salsa o de mis botas tejanas que perdiste, una en el baile—
—En mi defensa la blusa era fea, así que te hice un favor y en cuanto a las botas, fue tu culpa por dejar que tomara de más e hiciera mi famoso striptease, lo peor es que ni me pagaron—
Ambas estallamos de risa al recordar esa noche o al menos lo poco que recordábamos. Mi tiempo en España hubiera sido muy aburrido sin Georgina. Es como una hermana rebelde y traviesa que siempre me impulsaba a salir de la zona de confort.
—Georgi, sabes que te quiero y siempre vas a tener un lugar en mi vida, pero llegó el momento de madurar y seguir adelante—
—Que maduren las frutas— me interrumpe Georgina intempestivamente con su particular cabezonería.
—Escucha, mañana voy a Italia a pasar unos días con mi padre antes de mudarme a Alemania. Si quieres, puedes venir conmigo y así aprovechas y ves a tu familia—
—Ni loca visito a mi familia, cada vez que me ven quieren arreglar mi boda y hasta planifican la cantidad de hijos que debo tener. El día que les dije que cambiaba de hombre más rápido que de bragas, la abuela terminó en el hospital—
—Sí, recuerdo ese drama— digo conteniendo una gran carcajada, las cosas que le pasan a esta chica son dignas de un culebrón mexicano.
Pasamos las siguientes horas del día, recordando, contando algunos chismes en modo víboras, hablando mal de nuestros ex, tomando vino del malo, y bailando canciones de C-Tangana.
Siempre que pienso en esa tarde se me estruja el corazón. Imagino dónde estaría ahora si no me hubiera ido de España. Quizás sería libre y el aire entraría en mis pulmones una vez más.
Comenzó a caer la noche y con ella la temperatura, nuestro pequeño apartamento era muy caluroso de día y fresquito de noche.
Mis maletas estaban prontas para el nuevo camino, pero mi mente nadaba en contradicciones.
Me senté en el balcón para sentir la brisa, quería llevar conmigo los sabores y los ruidos de Madrid.
En mi inocencia estaba segura de que la volvería a ver y me esperaría con un rico cocido madrileño, pero no fue así, nuestra cita quedó sin fecha y Georgina vistió de negro.
Estaba inmersa en mis pensamientos cuando de repente escucho a mi loca amiga salir corriendo del baño como si fuera el fin del mundo.
—Amiguis, tengo una súper idea— dice con tono teatral mientras da saltitos—ya que es nuestra última noche juntas, hay que hacer la locura final—
—Ya sé por dónde vas, Georgi, y no pienso ir a ese lugar; ya te he dicho que no es lo mío—
—No me importa; hoy no te puedes negar. Ya que me abandonas, me tienes que complacer en esto; además, la vas a pasar muy bien—
—Pero…—
—Nada de peros; te callas y te vistes. Hoy vamos a conocer el Fusión Vip.
Dos horas más tarde ya estábamos listas para salir; siempre me arreglaba, pero esa noche quedé guapísima.
El vestido negro que me escogió Georgina describía muy bien mis curvas.
Era de silueta ajustada, con abertura en la parte delantera y escote en la espalda.
Los zapatos tenían el tacón de cinco centímetros y me daban altura de modelo.
Mis ojos color café hacían un lindo contraste con mi pelo de rizos negros.
Esa noche decidí no atarme el cabello y opté por un maquillaje de tonos cálidos que disfrazaba mis ojos de serenidad.
Como toque final usé mi perfume “Scandal by night” de Jean Paul Gaultier; su aroma es elegante y sexual, esa mezcla de gardenia y miel estimula los sentidos y despierta fantasías.
Georgina eligió un conjunto más escandaloso; no le gustaba pasar desapercibida. Usó un vestido rojo, con un escote que hacía lucir sus generosos pechos, y unos tacos tan altos que daba vértigo solo de verlos.
—Amiguis, parecemos un par de lobas empoderadas— gritó Georgina mientras hacíamos selfies para Instagram.
—Georgi, si no me gusta el ambiente, me voy. Yo nunca he ido a un club swinger y la verdad me pone un poco nerviosa—
—Te juro que la vas a pasar súper bien, además con esa piel morena y ese gran culo vas a tener muchos candidatos—
Quedé roja como un tomate y Georgina no paraba de reír, su descaro y desparpajo eran envidiables.
Cuando llegamos al club me sorprendió lo sofisticado que era, se notaba que cuidaban mucho la privacidad de los clientes y el ambiente era muy agradable.
La chica que nos recibió en la entrada nos dio unas máscaras.
El juego de esa noche se llamaba “El Desconocido”, solo se podía jugar con alguien que nunca habías visto antes y no se podía dar nombres, todo debía ser un misterio.
Me pareció divertido el juego, para mí era muy fácil, nunca había estado allí así que todos eran extraños y además la máscara me hizo sentir segura.
—Georgi, ¿te parece si vamos por unas copas y estamos un rato en el bar? —pregunté un poco nerviosa; me sentía fuera de lugar.
—No, mejor nos separamos; si nos ven juntas van a pensar que somos pareja y hoy quiero follar con un dios griego— respondió Georgina mientras desnudaba con la mirada a un par de chicos que pasaban por nuestro lado.
Sabía que tenía razón, así que nos separamos, ella fue a cazar dioses y yo me fui al bar, tenía la garganta seca y necesitaba con urgencia un gin-tonic.
Llevaba un par de minutos en el bar cuando llegó un baboso de esos que hablan un poco y ya quieren meter mano.
—Eres muy hermosa, ¿sabías? Te pareces a mi última esposa— el muy asqueroso escupía mientras hablaba. —Qué calladita eres; no tengas miedo, te aseguro que la podemos pasar muy bien—
Juro que estaba a punto de pegarle una bofetada, cuando sentí un fuerte brazo rodear mi cintura.
—Amor te estaba buscando— dijo el extraño de voz grave y sexy, entendí que me estaba ayudando y le seguí el juego.
—Lo siento, cariño; te iba a buscar, pero el señor me entretuvo— el viejo baboso palideció ante mi falso esposo, que parecía medir más de un metro ochenta.
—Disculpa— balbuceó el impertinente—, si le robé mucho tiempo; pensé que estaba sola…
—Pues ya ve que no— respondió mi salvador con tono sarcástico—. Si me disculpa, quiero hablar con mi mujer.
“MI MUJER” esas palabras explotaron en mi mente, había salido con varios hombres y nunca habían utilizado esa frase para referirse a mí. No sabía si me había gustado o molestado, parecía que yo era su propiedad y ni siquiera nos conocíamos.
Cuando el baboso salió huyendo, me di la vuelta para poder ver el rostro de mi autonombrado esposo.
Quedé atrapada entre la barra y él, a pesar de los tacos apenas le llegaba al nudo de la corbata.
De forma inconsciente, me acerqué a su pecho para sentir su fragancia, era varonil con un aroma dulzón.
Me alzó la barbilla para explorarme con sus brillantes jades, con la otra mano me agarró de la cintura y me pegó más a su cuerpo, bajó despacio...
posando sus labios sobre los míos. Parecería que fue un beso robado, pero yo lo deseaba tanto como él, enredé mis manos en su sedoso pelo y respondí el beso con pasión.
No recuerdo cuánto duró, pero se sintió eterno, su boca me supo a hogar.
Cuando nos separamos sentí vergüenza de mi comportamiento tan desenfrenado, nada típico de mí, pensé en culpar a la bebida, pero apenas había tomado.
—Tenía que probar tu boca, es deliciosa— murmura con tono seductor.
—No era necesario que me ayudaras— respondo, cambiando de tema—; tenía la situación controlada.
—Lo sé, pero ese tipo me estaba robando tu compañía, no me gusta que me hagan perder el tiempo—
—No te pueden robar algo que no es tuyo—
—¿Y quieres serlo? ¿Quieres ser mía?
Quedé roja y excitada, sin palabras ante esas preguntas tan directas en un lugar como ese tan liberal, donde todos solo buscan saciar sus ocultos deseos.
—Si continúas callada, lo voy a tomar como un sí—