El Enigma de la Trufa Blanca (Los Misterios de Elena Vidal 4) El archivo olvidado
51%

El archivo olvidado

​❦​

L a lluvia había regresado a Alba. No era una tormenta. Era esa lluvia fina y persistente del otoño piamontés que parecía envolver la ciudad en un velo de melancolía.

Elena apenas había dormido. La frase que había encontrado en su propia libreta seguía resonando en su cabeza.

«Busque al único que nunca aceptó serlo.»

No dejaba de pensar en ella. Porque implicaba algo inquietante. Tal vez los Cinco Guardianes nunca fueron cinco hombres unidos por un juramento. Tal vez uno de ellos se negó. Y alguien decidió incluirlo igualmente en la historia.

❧

A las nueve de la mañana, Bellini la esperaba frente al Archivo Histórico Municipal. El edificio ocupaba un antiguo convento dominico rehabilitado. Sus gruesos muros protegían miles de documentos que relataban siglos de historia de Alba.

—He pedido acceso a los expedientes de 1944 y 1945 —dijo Bellini mientras cruzaban el patio interior—. Si alguien manipuló la historia, aquí debería haber quedado alguna huella.

El archivero, un hombre delgado llamado Lorenzo Bassi, los condujo hasta una sala donde varias cajas de cartón descansaban sobre una mesa de roble.

—No todo está catalogado —advirtió—. Después de la guerra hubo incendios, traslados… y algunas desapariciones difíciles de explicar.

Aquella última frase hizo que Elena levantara la vista.

—¿Desapariciones?

Bassi asintió.

—No de personas. De documentos.

❧

Durante horas revisaron informes militares, registros parroquiales, censos y actas municipales. Nada.

Hasta que Elena abrió una carpeta sin clasificar. En su interior encontró un plano del monasterio de San Michele. No era igual al que conocían. Había una estancia más. Un pasadizo subterráneo dibujado con tinta azul unía la antigua capilla con… Casa Balestra.

Bellini acercó la lámpara.

—Eso es imposible.

—No para quien construyó ambos edificios hace siglos.

El plano llevaba una anotación manuscrita:

«Acceso sellado por orden del Comité de Liberación. Mayo de 1945.»

❧

El inspector pidió inmediatamente los registros de obras de aquel año. Lorenzo regresó quince minutos después con gesto incómodo.

—No existen.

—¿Cómo que no existen?

—Fueron retirados en 1968.

—¿Por quién?

El archivero dudó.

—No aparece ninguna firma. Solo una autorización… Del Obispado de Alba.

Elena notó un peso nuevo en el pecho. El padre Angelo había llegado al monasterio muchos años después. Pero alguien dentro de la Iglesia había intervenido para borrar el rastro de aquel pasadizo.

❧

Cuando abandonaban el archivo, un anciano que ordenaba periódicos antiguos levantó la cabeza. Miró fijamente a Elena.

—Usted no es de aquí.

—No. Respondió ella.

El hombre sonrió con amargura.

—Entonces aún está a tiempo de marcharse.

Bellini se acercó.

—¿Nos conocemos?

—No. Pero conozco esa mirada. Es la misma que tenían los periodistas que hicieron demasiadas preguntas después de la guerra.

El anciano bajó la voz.

—Ninguno terminó bien.

❧

Antes de que pudieran responder, el hombre desapareció entre las estanterías. Bellini corrió tras él. No había nadie. Solo un viejo periódico abierto sobre una mesa.

En primera página aparecía una fotografía en blanco y negro de mayo de 1945. Cinco hombres salían del monasterio de San Michele. Cuatro miraban al fotógrafo. El quinto mantenía la cabeza girada. Como si no quisiera aparecer en la imagen.

El pie de foto decía:

«Los héroes de Alba tras la Liberación.»

Elena permaneció inmóvil. Comparó aquella fotografía con la del reloj de Vittorio. Eran la misma escena. Pero había una diferencia. En la fotografía del periódico… Había seis personas. No cinco.

Al fondo, casi fuera del encuadre, una figura femenina observaba al grupo. Nadie parecía prestarle atención. Nadie, excepto Elena. Porque aquella mujer llevaba un abrigo negro. Y un bastón con empuñadura de plata. La misma figura descrita por Carlo Ferrero.

Solo que la fotografía había sido tomada… Ochenta años antes.

Bellini sintió un nudo en el estómago.

—Elena…

Ella no apartó la vista de la imagen. Solo murmuró:

—No estamos investigando una familia. Estamos investigando una historia que alguien reescribió… antes incluso de que terminara la guerra.