El enigma de El Cairo 89
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La conexión de vídeo de Henry estaba cortada. El Apache se había alejado, de vuelta a la base para repostar. O eso dijeron. Los helicópteros Lynx, enviados a repostar a la base aérea egipcia de Almaza, se habían topado con un problema.

Hacía falta el permiso de un general para repostar, y el general no estaba localizable.

Eso significaba que Henry tenía cinco hombres en el edificio, luchando contra una docena de terroristas de los Hermanos Musulmanes decididos a matar a todo el que se cruzara en su camino antes de que llegaran más fuerzas de seguridad.

Sin embargo, la radio de Henry seguía funcionando. Crepitaba como algo del siglo XX.

—Solicitando permiso para bajar en busca del sargento Smith. Dos hombres heridos hasta ahora. Uno de gravedad. Podemos meternos en el ascensor ahora mismo.

Henry apretó los dedos en torno al reposabrazos de su silla. No le gustaba estar a ciegas sobre lo que ocurría bajo tierra, pero si eso era lo que recomendaba el jefe de la unidad, no iba a llevarle la contraria.

—Permiso concedido. Código verde. —Levantó el auricular del teléfono blanco de su escritorio. Necesitaba que alguien del Ministerio de Asuntos Exteriores llamara a ese maldito general egipcio. Pasara lo que pasara, tenía que poder sacar a sus hombres de allí en cuanto llegara el momento.

Mientras hablaba por teléfono, vio a su colega al otro lado de la sala tecleando a toda velocidad. Sin duda, preparaba ya un informe preliminar sobre aquel desastre. Bajó la mirada hacia su escritorio. ¿Sería aquella su última noche en el cargo?