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Henry ajustó la resolución de sus gafas de realidad virtual. Todavía estaban en fase de prueba, pero ver las imágenes de un dron Camcopter era una aplicación ideal. Girando la cabeza podía mirar adonde quisiera, sin tener que pedirle al dron que se orientara hacia algo.
La imagen de la calle frente a la villa de Ahmed Yacoub en El Cairo, en la orilla oeste del Nilo, entre el río y las pirámides, era bastante buena, pese a que allí era medianoche.
Eso sí, estaba en tonos de gris, pero podía ver el vehículo que habían rastreado desde la última ubicación conocida de Isabel.
Mientras observaba, un coche de policía egipcio pasó a toda velocidad junto al vehículo en el que probablemente iba Isabel. Algún incidente más cerca del Nilo estaba congregando a la policía. Seguramente otro intento de asesinar a un ministro.
Aunque también podría tratarse de una distracción.
¿Estaba en marcha alguna operación en casa de Yacoub? Otros dos vehículos del mismo lugar de procedencia estaban ahora aparcados a la vuelta de la esquina de la villa. Y el coche patrulla que solía rondar por la manzana había desaparecido.
Henry cogió el teléfono y pulsó en la pantalla el número de marcación rápida de la embajada en El Cairo. Respondió el oficial de guardia.
—Inicia una recuperación de personal, por favor, Tony.
—Henry, siempre fuiste un ave nocturna. Espero que esta no sea otra persecución inútil, como la última vez.
—Solo sigo el procedimiento, Tony. Hay un agente en peligro. Hagámoslo bien esta vez. Y nada de gilipolleces con la aprobación del embajador.
—Solo sigo el procedimiento, Henry. Asegúrate de asignarle el estado correcto para evitar problemas esta vez.
La línea se cortó.
Henry empezó a teclear a toda velocidad. Extrajo los datos de localización del enlace por satélite. Al pulsar enviar, susurró:
—Aguanta hasta que lleguemos, Isabel.