El Encantador (La Saga de los Boston Hawks 1)
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1 Indy
UNO
INDY
—Esta noche sales sí o sí —dictamina mi prima Claire mientras me mira a través del espejo de su dormitorio. Sostiene el cepillo de la máscara de pestañas en una mano y su lengua asoma entre los labios mientras se aplica una segunda capa.
Me dejo caer de espaldas sobre su cama y me quedo mirando las estrellas fluorescentes que decoran el techo. Las pegamos allí un verano, hace más de diez años, y ella nunca las ha quitado.
—No puedo. Tengo trabajo atrasado.
—Qué pena. Eres demasiado joven y estás demasiado buena como para no follar nunca.
Suelto una carcajada nasal y me tapo la cara con la mano.
—Sí que follo.
Mi tono suena defensivo y, en cuanto Claire empieza a reírse, yo también acabo haciéndolo.
Giro la cabeza para encontrarme con su mirada en el reflejo del espejo. Las dos llevamos una sonrisa tonta en la cara. Claire me señala con el cepillo.
—¿Ah, sí? ¿Y cuándo fue la última vez?
Gimo y vuelvo a clavar la vista en el techo. Al menos las estrellas no juzgan.
No le contesto en voz alta, pero mentalmente hago cuentas.
Han pasado siete meses. Siete malditos meses desde la última vez que tuve sexo.
Y ni siquiera estuvo bien. Fue más bien cómodo.
Un último polvo antes de mudarme a Boston, un ya-nos-veremos con Chris, el chico que convenientemente vivía al final de la calle y siempre estaba disponible para un rollo sin complicaciones.
Mi mejor amigo de la infancia, Aiden, casi se atraganta con la cerveza cuando le conté lo mío con Chris.
Aún sigue metiéndose conmigo por aquello.
Arrugo la nariz. Uf. Pensar que Chris ha sido mi última pareja sexual resulta deprimente a demasiados niveles.
Hace seis meses, cuando llegué a Boston para empezar mi nuevo trabajo como profesora adjunta en la Universidad de Brighton, me prometí a mí misma cambiar de vida.
Ahora que estoy en la carrera hacia la titularidad, razoné, puedo dejar de ser una adicta al trabajo aislada del mundo.
El plan era aprovechar la ciudad, conocer gente nueva y dejar de encerrarme en la biblioteca investigando, escribiendo y publicando artículos. El plan salió fatal.
El colchón se hunde a mi lado. Los ojos azul oscuro de Claire buscan los míos con determinación… y un toque de compasión.
—Sé que estás dejándote la piel porque te sientes intimidada.
—Soy la profesora adjunta más joven que ha contratado Brighton en toda su historia.
—Pero estás preparada y eres buena en lo que haces. Te mereces este puesto, Indy.
Me encojo de hombros sin decir lo poco preparada que me siento en realidad.
He trabajado muchísimo para conseguir este puesto y ahora que lo tengo siento todavía más presión por demostrar que soy capaz de conservarlo.
Quiero que la administración vea que tomaron la decisión correcta, que aunque solo tenga veintisiete años, estoy comprometida con el mundo académico.
Claire pone los ojos en blanco.
—Ahora serás una profesora estirada y formalita, pero…
—No soy tan estirada ni tan formal.
Los labios le tiemblan por la risa.
—Indiana, eres mi prima favorita.
—También soy tu única prima.
Claire me ignora.
—No pienso dejar que te vayas apagando poco a poco. Además, necesito una compañera de caza. Desde que Savannah me abandonó y se largó alegremente a Nueva York…
—A Mike lo traspasaron —le recuerdo, señalando que Savannah, la hermana mayor de Claire, no se mudó por gusto. A su marido lo traspasaron de los Boston Hawks a los New York Sharks a mitad de la temporada pasada de hockey.
Claire descarta mi lógica con un gesto y empieza a contar con los dedos.
—Y Rielle está demasiado ocupada trabajando como para tener vida social…
—Está optando a un ascenso —la interrumpo, saliendo en defensa de la mejor amiga de Claire, que últimamente vive pegada al trabajo. De forma impresionante. Incluso más que yo.
Claire me fulmina con la mirada.
—El caso es que todo el mundo me está dejando tirada y tú tienes la peor excusa de todas. El curso empezó hace como cinco segundos…
—Tres semanas.
—Esta noche sales conmigo y vamos a celebrarlo —concluye, saltando de la cama y caminando hacia el armario.
Saca un vestido negro, corto y ajustado que yo jamás me pondría y lo agita en el aire.
—Póntelo.
Me río mientras me incorporo y le sigo el juego.
—¿Qué estamos celebrando exactamente?
—Tu nueva vida. Te quiero muchísimo, Indiana, pero siendo sincera, esa versión tuya estresada, adicta al trabajo y obsesiva con el control no favorece nada.
Tienes un trabajo de verdad, que ya es más de lo que puedo decir yo, y además estás en una ciudad nueva.
Necesitas salir, relacionarte un poco. Igual hasta conoces a alguien.
Me mira con esperanza mientras hace bailar el vestido en la percha.
Le dedico media sonrisa y medito sus palabras.
Me ha pillado con lo del «trabajo de verdad», y estoy segura de que lo ha hecho aposta, sabiendo que mi lado sensible entraría al trapo.
Desde que se graduó en mayo, Claire ha estado trabajando como autónoma, pero los encargos no han sido constantes.
De hecho, la situación ha sido tan inestable que ha tenido que volver a casa de mis tíos, algo que le duele hasta en el ADN.
Abre todavía más sus enormes ojos azules y yo gimo mientras me obligo a levantarme.
Pero por dentro, un cosquilleo de emoción me recorre la espalda.
Hace muchísimo que Claire y yo no disfrutamos de una noche de chicas de verdad.
Mi prima es divertida, extrovertida y el alma de cualquier fiesta.
Además, tiene razón. Necesito abrirme un poco, hacer amigos nuevos, conocer gente y socializar como una veinteañera normal.
Durante los últimos ocho años, los estudios han sido toda mi vida.
Cada semestre me cargaba de asignaturas hasta arriba.
Pasaba los veranos haciendo cursos intensivos en el campus y las vacaciones de invierno y primavera colaborando en proyectos de investigación en el extranjero.
Graduarme en enero con el doctorado en Ciencias Políticas fue el mayor logro de mi vida…
hasta que conseguí la plaza de profesora ayudante en Brighton y me mudé a Boston en abril.
Desde entonces, no he hecho más que prepararme para esta nueva etapa. Y ahora ya está aquí.
Como Claire ha señalado amablemente, soy aburrida y predecible. Mi vida social gira alrededor de mis familiares y de una agenda perfectamente organizada.
Si no fuera por las cenas semanales con la familia y las obligatorias sesiones de terapia de compras de Claire, probablemente ni siquiera habría salido de casa en todo el verano.
Una sonrisa se extiende por mi cara.
Me merezco una noche fuera, ¿no?
Además, la semana que viene volveré a estar encerrada en el aula y centrada en el viaje de investigación que estoy organizando para varios estudiantes durante las vacaciones de invierno. Puedo permitirme usar este fin de semana para divertirme un poco.
Al fin y al cabo, ¿no les digo siempre lo mismo a mis alumnos de primero de Introducción a la Teoría Política?
—Vale.
La sorpresa ilumina los ojos de Claire. Me planta la percha delante de la cara y, cuando la cojo, lanza un grito de emoción.
Riéndose, dejo el vestido sobre la cama y corro al baño. Estudio mi pelo castaño, lacio y sin vida, mis ojos verdes apagados y mi cara normalita. No es que sea fea, pero hace muchísimo que no dedico tiempo a mi aspecto y se nota. Jesús, ¿mis cejas están a punto de juntarse? Qué horror.
Abro el grifo, me limpio la cara a conciencia y empiezo a servirme de los productos de Claire, pinzas incluidas. Después vuelvo a su habitación como una reina y me dejo caer en la cama.
—Hazme un cambio radical —exijo.
Sus ojos se agrandan y brillan como zafiros.
—Indy, ¿hablas en serio?
Asiento.
Ella pega un chillido.
—¡Dios mío! ¡Esta noche va a ser épica!
Papá y el tío Joe fruncen el ceño cuando Claire y yo bajamos las escaleras casi dando saltitos, pero mamá y la tía Mary sonríen.
La cocina ya está impecable después de nuestra cena familiar semanal y nuestros padres tienen una copa en la mano mientras charlan y se relajan, igual que llevan haciendo desde que mamá y papá me siguieron a Boston durante el verano.
—Estás guapísima, Indy —me dice mamá mientras papá fulmina mi vestido con la mirada.
La sonrisa de la tía Mary se suaviza.
—Estáis preciosas, chicas. ¿Adónde vais?
—Los Hawks celebran el inicio de temporada en Firefly —responde Claire mientras se sirve un vaso de agua y le da un largo trago—. Austin dijo que podíamos ir.
—Ah, bien. —Papá deja escapar un suspiro de alivio al saber que Austin, el hermano de Claire y capitán de los Boston Hawks de la NHL, estará esta noche en el club.
—Austin las vigilará —añade el tío Joe, aunque creo que intenta convencerse más a sí mismo que a papá.
Pongo los ojos en blanco mientras guardo el carné de conducir y una tarjeta de débito en el bolso pequeño que Claire me ha prestado.
—Sabéis que somos adultas, ¿no? Dentro de unos meses cumplo veintiocho.
—Y yo me largo de casa en cuanto pueda permitírmelo —anuncia Claire.
Papá se ríe entre dientes.
—Pero siempre serás mi niña pequeña, Indy.
Claire suelta una carcajada burlona.
—Además, conozco a los jugadores de hockey.
Su tono se endurece, seguramente recordando todas las locuras de sus años en la NHL.
Mi padre, miembro del salón de la fama y máximo goleador de los Tampa Reds, podría contar una cantidad absurda de matrimonios rotos y relaciones desastrosas de su época en la liga.
El hecho de que él y mamá lleven más de treinta años juntos es casi una anomalía.
—Tranquilo, eso no va a pasar —resoplo.
La tía Mary se levanta y me aparta el pelo de la cara con los dedos.
—Pásalo bien esta noche, Indy. Has trabajado muchísimo. Te mereces salir.
Mamá alza la copa de vino, dándole la razón.
—Tened cuidado, chicas. Si necesitáis que os recojamos…
—Nuestro Lyft ya ha llegado —la corta Claire mientras me agarra del antebrazo y me arrastra hacia la puerta—.
Si necesitamos algo, os llamamos —asegura a nuestros padres, que siguen tratándonos como si tuviéramos quince años.
Probablemente porque Claire es impredecible y yo soy hija única—.
¡Esta noche duermo en casa de Indy! —grita por encima del hombro mientras salimos al exterior.
Una vez acomodadas en el Lyft y de camino al centro de Boston, Claire me dedica una sonrisa enorme.
—Espera a ver a algunos jugadores de los Hawks. —Se abanica teatralmente.
Pongo los ojos en blanco.
—Sabes que los jugadores de hockey ya no me van.
Mi primer amor, mi primera ruptura y mi primera vez en todo juega ahora de defensa en los Vancouver Eagles.
Después de nuestra dolorosa y muy pública ruptura hace dos años, juré no volver a acercarme a un jugador de hockey.
Desde entonces, ni una sola vez me he sentido tentada y dudo mucho que esta noche vaya a ser diferente.
Si algo he aprendido por ser hija de mi padre y por salir con Jace es que el estilo de vida estable y tranquilo que quiero no encaja con la NHL.
—Jace era gilipollas. No todos los jugadores son como él.
Ignoro el comentario.
—Tú puedes elegir el que quieras, Claire.
Sus ojos pierden brillo y gira la cabeza hacia la ventanilla.
Uy.
Desde hace años, Claire está coladísima en secreto por Easton Scotch, el mejor amigo de Austin y ala izquierda de los Hawks.
Easton y su hermano Noah llevan formando parte de la casa de mis tíos desde que compartieron habitación con Austin en un campamento de hockey cuando éramos adolescentes.
Todos los veranos, durante nuestros viajes familiares a Boston, los hermanos Scotch estaban allí.
Estar enamorada del mejor amigo de tu hermano ya es complicado de por sí, pero después de que Easton entrara en rehabilitación el año pasado, los sentimientos de Claire se volvieron todavía más caóticos.
Le doy un codazo en las costillas hasta que vuelve a mirarme.
—¿Cómo está?
Suspira, sabiendo perfectamente que hablo de Easton. Aparte de mí, Rielle y Savannah, nadie sabe que Claire lleva años pillada por East.
—Ni puta idea. Apenas me ha hablado en todo el año. No sé nada desde que volvió de rehabilitación.
—¿Lo has visto desde que terminó la temporada?
Niega con la cabeza y su expresión se vuelve cautelosa.
Como noto que no quiere hablar de Easton justo cuando estamos empezando una noche de fiesta, cambio de tema.
—¿Seguro que a Austin no le importa que vayamos esta noche?
Claire se echa a reír.
—Oh, se va a cabrear muchísimo.
—¿Qué? Pero tú dijiste…
—Sí, para que nuestros padres no se preocuparan.
Austin no quiere que aparezcamos en Firefly ni de coña.
Menos aún cuando el equipo se reúne por primera vez desde el final de la temporada.
Van a pillar una buena y las grupis van a estar revoloteando por todas partes.
—Sonríe con picardía y se encoge de un hombro—.
Pero una vez estemos allí, no nos va a echar.
Sacudo la cabeza, impresionada con mi prima.
—Eres malvada.
—Soy resolutiva. Esta noche vamos a salir, vamos a divertirnos y, si tenemos suerte, vamos a pillar.
Echo la cabeza hacia atrás y me río. Claire no se une.
—Espera… ¿lo dices en serio?
Ella responde con una sonrisa ladeada.