El eco de la niebla Capítulo 17 #3
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Capítulo 17 #3

En ese momento soy consciente de quién se trata, de qué monstruo está detrás de todo.

La sensación es como si de pronto todas las piezas de un puzle encajasen.

No quiero dejar solo a Gael, quiero hacer las cosas bien y necesito contrastar los datos en la comisaría, así que aguardaré hasta el día siguiente y me acercaré a primerísima hora.

Pero debo ser precavida y contárselo al menor número de personas posibles.

Hago un par de llamadas a unos amigos que me deben varios favores y prorrogo el encuentro para la mañana siguiente.

Termino el día con el corazón encogido, pero sin que Gael intuya nada. Aprovecho que se ha dormido en su habitación para buscar más información acerca de mis sospechas. Esa noche me cuesta mucho conciliar el sueño, se me hace casi imposible poder dormir sabiendo que esa bestia anda suelta.

Por la mañana temprano acudo a la comisaría, me pongo a revisar uno por uno cada expediente e informe sobre el caso, y busco también información que respalde mi hipótesis.

Decido que me voy a reunir con Limán y Tristán en su despacho a las nueve de la mañana.

Les he dicho por teléfono que es una reunión urgente, muy relevante para el caso, y que deben estar ambos presentes.

Llegada la hora, cojo mis apuntes y me dirijo al despacho donde Limán y Tristán me esperan.

—Los he reunido aquí como jefes de la unidad porque tengo un avance muy importante en el caso. —Me acomodo en el asiento junto a Tristán.

—Y bien, díganos entonces para qué es esta reunión tan urgente. No sé si sabe que hoy tenemos un evento de la feria gastronómica en el puerto de Ribeira y que debo tener al mayor operativo posible disponible.

—He averiguado quién es el asesino.

—Ah, ¿sí? —comenta sorprendido Tristán.

—¿No me diga? —Limán no sale de su asombro—. ¿De quién se trata?

—Ayer mientras estaba revisando las imágenes del puerto de Leixoes vi cómo el sospechoso hacía un gesto igual cuando apagaba su cigarrillo.

—No comprendo adónde quiere llevarnos. —Limán frunce su ceño.

—Entonces recordé que conocemos a una persona que tiene ese tic tan peculiar cuando apaga los cigarros.

En ambos vídeos apaga su cigarro de un modo concreto: primero, aplasta su colilla en la suela de su zapato y, después, da varios zapateos con los pies, y eso mismo se lo he visto hacer a esa persona.

—¿Me está diciendo que ha averiguado quién es el asesino por cómo apaga su pitillo? ¿Qué será lo siguiente, que detengamos a un ladrón porque tenga un modelo parecido de lavadora que el robado? Ramuín, me esperaba más de usted.

—Esa no es mi conjetura. A raíz de esa respuesta, me he puesto a investigar a la persona en cuestión y he comenzado a hilar todo.

Recordé que en su casa tenían un cuadro muy singular, bueno, más bien, una foto del cuadro de Picasso, ya que el original se encuentra en el museo homónimo.

En su momento no me di cuenta de que pudiera estar relacionado.

Se trata de la imagen de Ulises y las sirenas .

Es un cuadro que hace referencia a la obra de Homero, la Odisea , que fue de los primeros en mencionarlas, pero la forma de las sirenas como las conocemos en la actualidad dista mucho de cómo eran representadas en aquella época.

Pues se las conocía como mitad mujer y mitad pájaro.

Esa forma alada se la relaciona en varias leyendas de la mitología griega, como la de Orfeo, el mito de Perséfone o el de Afrodita, entre otros.

A estas ninfas se las conocía por sus excelentes dotes para distraer a los humanos y encantarlos con sus bellas voces.

A las sirenas en aquella época se las relacionaba mucho con el mundo de los muertos.

Además, recordé que junto a ese cuadro había una caracola gigante, muy empleada en la Antigüedad para ahuyentar a las sirenas y guiar a los marineros en los días de niebla.

Su sonido es muy similar al de un corno inglés.

—Pero ¿de qué persona estamos hablando, Ramuín?

—De Nando Balboa.

—Pero ¿cómo va a cometer los asesinatos si es un prestigioso médico y filántropo, y además es sobrino de su querido amigo? —Limán niega con la cabeza.

—Verá, Nando Balboa ha heredado un pazo en Carballo, donde uno de los símbolos de su escudo es la cabeza de un lobo, pues vienen de la familia Moscoso, que tenía su representación con este animal.

—¿Y qué más? Eso solo no nos sirve.

—Recordé también que Nando tiene conocimientos de música, concretamente hizo el conservatorio superior de violín y ha estado practicando vela muchos años, recaudando numerosos premios.

Nando ha trabajado en paliativos en Vigo, donde coincidió con Duarte Aguiar, el oncólogo de Manuela, con el que podría haber tenido una amistad y pasarle los datos sobre su informe médico.

Estoy segura de que, si le muestra una foto de Nando a la modista, seguro que lo reconoce.

Además, le he recordado hechos que me había contado Iago Balboa de su sobrino, de cuando era pequeño, y he rebuscado en la prensa de aquella época y resulta que la madre de Nando recibía numerosas palizas por parte de su padre, y en la última ocasión se le fue de las manos y la ahogó en la orilla del mar.

Nando fue testigo de ello, lo que le creó un trauma para él imborrable, y de ahí nacería su mente psicópata.

Las palabras que encontré del ritual hablan de revivir aquello que está muerto, pues él piensa que entregando a tres sirenas al mar recuperará así a su madre.

—Increíble —se sorprende Tristán.

—Sí, pero ¿por qué le ha dado por matarlas ahora a todas y no antes? —Limán no está convencido.