8 #3
¿Acaso el brillo en sus ojos significaba que estaba flirteando con ella, o era solo un truco del baile de la luz de la hoguera reflejándose en su mirada clara?
De cualquier modo, estaba en buen camino para quedar prendada del hombre; lo cual estaba todo mal, ¿no?
¿Acaso no se había decidido por Gowan el otro día?
¿No había decidido dejar de lado todas sus fantasías juveniles sobre Seth?
¿Y no se había instalado Gowan en su corazón, en el lugar antes reservado para el inalcanzable Seth?
Solo que... Seth no parecía tan inalcanzable en este momento, y si examinaba su corazón a fondo, se sentía un poco conmocionada al descubrir que Gowan no había reemplazado a Seth allí.
Se había hecho un hueco justo al lado del que había sido su amor platónico durante tanto tiempo. ¿Cómo era posible?
¿De verdad era tan voluble?
¡Cielo santo! Realmente esperaba que ninguno de esos pensamientos se estuviera filtrando, pasando de su mente a la de él.
—¿Así que puede oírme? —Tenía que retomar el hilo de alguna manera.
—Puedo. Y apuesto a que Hrardorr también la oirá, si lo mantiene firmemente en mente cuando envíe sus pensamientos. ¿Quiere intentarlo?
—No hay mejor momento que el presente —masculló ella mientras Seth retiraba las manos de su cuerpo. Echó de menos su contacto, pero sabía que tenía que concentrarse para llegar al dragón.
—¿Hrardorr? ¿Estás ahí? Soy Livia. —Siguió pensándolo una y otra vez, esperando estar lográndolo.
—Está bien, ya está bien. Te oigo, Livia. Deja de repetirte —llegó la gruñona respuesta en su mente.
Sintió que una sonrisa florecía en su rostro mientras abría los ojos y miraba a Seth. —Ha respondido. Me oye.
—¿Cómo está? —preguntó Seth rápidamente.
—Malhumorado —respondió ella con la misma rapidez—. Déjame ver qué más puedo averiguar. —Cerró los ojos, intentando recuperar la sensación de lo que había hecho antes. Esta vez fue más fácil—. Gracias por responderme. ¿Estás bien? La tormenta ahí fuera suena feroz.
Hubo una breve pausa antes de que él respondiera. —No se está tan mal bajo las olas.
—Pero no puedes respirar bajo el agua. ¿O sí?
—No, Livia. Solo soy dragón marino en parte. No tengo branquias. —Hubo una pausa antes de que continuara—. ¿Cómo es que de repente puedes hablarme de esta manera? ¿Quién te ha enseñado? ¿Y por qué ahora?
—No te enfades conmigo —le advirtió antes de proseguir—. Seth se siente fatal por lo que pasó. Bajó al agua para buscarte, pero al no ver nada, vino aquí, a mi casa. Hrardorr, está más miserable que un gato mojado y gotea por toda mi alfombra. Me sorprendería que no pillara una pulmonía por esto.
—Le dije que no se sintiera mal...
—Los sentimientos no funcionan así, amigo mío. Me ha dicho que no descansará esta noche hasta estar seguro de que estás a salvo. Se siente responsable de haberte empujado a la tormenta. Está muy disgustado.
Livia descubrió que podía abrir los ojos y no perder la conexión con el dragón. La forma de hablar en silencio se le estaba haciendo más natural por momentos. Encontró a Seth observándola con atención.
—Bueno, yo también lo estoy —dijo Hrardorr con un tono casi petulante.
—Quiere arreglar las cosas. Quiere pedirte disculpas.
—Sí, lo he oído. Es solo que no quiero hablar con él ahora mismo. —Oh, sí, aquello era definitivamente petulancia si es que alguna vez la había oído. Parecía que el dragón estaba teniendo una rabieta.
—¿Puedo al menos decirle que estás a salvo, para que no vuelva a salir al temporal a buscarte?
Hrardorr la hizo esperar por su respuesta. Cuando llegó, sonó como si el dragón hubiera superado al menos parte de su rabieta.
—Estoy a salvo, aunque sumamente incómodo cuando tengo que subir a por aire. Puedes decirle que eso es culpa suya.
Livia quiso reírse ante su tono de disgusto, pero sabía que eso no sería de ayuda en aquel momento. Tenía que pensar... ¿Cómo podía arreglar esto para que ambos quedaran satisfechos?
—Hrardorr, ¿puedes encontrar mi bote en el muelle? Quiero decir, ¿puedes distinguir cuál es el mío desde debajo del agua?
—Sí, por supuesto. ¿Cómo crees que te encuentro cada día? —Ahora simplemente sonaba ofendido.
—Si puedes encontrar mi bote y seguir ese pantalán hacia la orilla, encontrarás la caseta de botes de mi familia. Es pequeña, pero debería poder darte cobijo por la noche. Es sólida y ha aguantado muchas tormentas. Deberías estar a salvo allí, aunque no hará calor, por desgracia.
El silencio recibió su atrevido plan hasta que finalmente, al parecer, Hrardorr cedió.
—Eso podría funcionar. La buscaré.
—Avísame cuando llegues.
Livia apretó las manos de Seth mientras la comunicación con el dragón cesaba por el momento.
—Está bien. Va a buscar la caseta de botes de mi familia y creo que podrá refugiarse allí por la noche, fuera de la tormenta.
El alivio se mostró en la expresión de Seth. —¿Dónde está? ¿Puedo ir allí? —Se puso de pie, cogiendo sus calcetines húmedos del hogar como si fuera a irse en ese mismo instante.
—Está detrás de la casa, colina abajo. Aunque las escaleras estarán traicioneras con este tiempo —advirtió ella.
—No importa. Tengo que verlo. Comprobar que está bien.
A decir verdad, Livia sentía el mismo impulso. Quería ver a Hrardorr y asegurarse de que realmente estaba bien. Se puso en pie, tomando una decisión.
—Iré a por mi capa mientras te vistes de nuevo. Iremos los dos.
Seth la agarró del brazo cuando ella se giró para ir hacia la puerta. —Señora, no es seguro. Usted misma lo ha dicho. Por favor, no se arriesgue.
Ella pensó en todas las cosas que podría decir para que él lo comprendiera, y finalmente se decidió por la simple verdad.
—Debo hacerlo. Lo quiero. Necesito saber que estará a salvo.
Seth sostuvo su mirada y un entendimiento silencioso pasó entre ellos. Finalmente, la soltó con unas palabras de consejo.
—Abríguese bien. Hace un frío atroz y la lluvia clava agujas de hielo directamente en la cara. Póngase una bufanda sobre las mejillas y una capucha gruesa. La protegeré lo mejor que pueda, pero fuera está sencillamente espantoso.
Feliz de que él lo comprendiera, ella se puso de puntillas y le plantó un rápido beso en la mejilla, lo que sorprendió a ambos un poco.
Estaba actuando por puro impulso, pero no se arrepentía de haberlo hecho.
Siempre había querido acercarse a Seth. Este breve interludio podría ser su única oportunidad, y no iba a desperdiciarla analizando cada detalle.
Un beso inocente en la mejilla no era algo por lo que sentirse culpable, después de todo.