El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 18
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Liam sintió que la calma se apoderaba de él mientras su atención se reducía al mero tañido del acero contra el acero, a la danza de unos pies que jugueteaban al borde de un abismo.

Cuando había imaginado aquel enfrentamiento, siempre había supuesto que lo impulsaría la rabia, pero no era la rabia lo que alimentaba su fervor. Era la justicia.

Algo en su interior sabía que se enfrentaba al rostro del mal y que él sería el instrumento que acabaría con él de una vez por todas.

Rivka se había ocupado del mago. Skelaroth había apartado a los secuaces.

Y Ella —la dulce y pequeña Ella— había desempeñado un papel crucial que él jamás habría podido prever.

Ahora, aquella última parte dependía de él.

Liam había ansiado vengar la muerte de su esposa.

En algún momento del viaje, el deseo de venganza se había desvanecido, sustituido por el ferviente anhelo de hacer lo correcto y servir a las fuerzas del bien.

Fisk no solo había hecho daño a Liam. Llevaba décadas campando a sus anchas y sembrando el caos.

Incluso en aquel momento planeaba algo capaz de causar estragos y poner en peligro todas las tierras: llevar la página del libro de magia de Gryffid a un lugar al que jamás debía permitirse que llegara.

Lo que ahora impulsaba a Liam no era la venganza, sino arreglar las cosas para todos aquellos que buscaban paz y seguridad en el mundo de los hombres y los dragones.

Aquella revelación le dio fuerzas para seguir adelante cuando apenas le quedaban energías.

Le infundió la determinación necesaria para llevar sus habilidades hasta el mismísimo límite...

y más allá. Danzó al borde del precipicio, sin importarle su propia seguridad.

Un poder superior lo impulsaba, lo sostenía, lo ayudaba. No debía fracasar. No podía fracasar.

Con una floritura final, Liam apoyó la punta de su espada contra el pecho desprotegido de Fisk y empujó con suavidad durante aquella fracción de segundo de desconcierto que vio en su rostro.

El pirata perdió la batalla por conservar el equilibrio y resbaló por el borde del acantilado... hacia el vacío.

—Eso ha sido por Olivia —dijo Liam con voz grave mientras se acercaba al borde y contemplaba el cuerpo destrozado de Fisk, muy abajo. A simple vista no estaba claro si el pirata que había causado tanto dolor a tantas personas había muerto por fin, pero no se movía.

Liam cayó de rodillas, abandonado por sus fuerzas durante unos instantes.

La batalla había sido feroz. Necesitaba un momento para recobrarse.

Ella acudió a su lado al tiempo que Rivka se deslizaba por el borde del acantilado en su forma de dragón y planeaba hacia abajo para recoger el cuerpo de Fisk y devolverlo a la cima de la colina.

Cuando dejó a Fisk en medio del camino, Liam sintió que la energía de Ella fluía hacia él y comenzaba a sanar sus heridas más graves.

—Gracias, Ella —le dijo con dulzura a la virkin—. Pero no te canses. Ya has hecho muchísimo. Quiero que reserves algo de energía para ti, cariño.

Ella se acurrucó contra su hombro y emitió un ronroneo de felicidad. —Lo hiciste bien, Leem. Como dijo mi mamá.

Liam dejó para más tarde la reflexión sobre las sorprendentes palabras de Ella mientras Rivka adoptaba su forma humana.

Se puso en pie y se reunió con ella en medio del camino.

Se agachó para registrar los bolsillos de Fisk en busca de la importantísima página del libro de Gryffid, cuando el pirata soltó una bocanada jadeante y alzó una mano para aferrar el brazo de Liam.

Liam se echó hacia atrás, pero estaba claro que a Fisk no le quedaban fuerzas para luchar. Los ojos del pirata se abrieron mientras la sangre le goteaba por la nariz y la boca.

—Esto no ha terminado —graznó Fisk mientras perdía su presa en el brazo de Liam y volvía a desplomarse en el suelo.

—Para ti sí —dijo Liam en voz baja, al tiempo que le quitaba a Fisk el paquete de papeles que llevaba en el bolsillo del pecho.

—¡Eso es! —intervino Ella desde el hombro de Liam—. Papel de magia antigua.

Liam desdobló el paquete y vio una escritura antigua sobre pergamino amarillento. Tenía que ser la página que buscaban, ¿no? La levantó para que Rivka pudiera verla.

—Parece lo que buscamos —confirmó ella—. Aunque solo Gryffid puede asegurarlo.

—Nunca llegaréis hasta... el mago —graznó Fisk.

—Ahí es donde te equivocas —dijo Rivka.

Liam habría dicho algo más, pero Fisk exhaló un último estertor y después se fue. El muy cabrón por fin estaba muerto.

Y Liam se sintió un poco vacío.

*

Skelaroth regresó poco después de que el capitán pirata exhalara su último aliento. Ya no llevaba a los dos secuaces entre sus garras.

—¿Qué has hecho con ellos? —preguntó Rivka, intrigada.

—Me he topado con un grupo de caballeros dragón que el príncipe Trent había enviado desde la capital.

Les he entregado a los prisioneros. Por lo visto, el príncipe Trent alcanzó a su grupo de criminales y los capturó sin dificultad; después fue directamente a la capital, donde el rey y el Príncipe de los Espías los están interrogando —informó Skelaroth—.

Ha enviado grupos de caballeros y dragones para reunirse con el resto de nosotros y ayudar, si es posible.

Parece que os habéis ocupado de todo mientras yo no estaba.

Skelaroth miró a su alrededor y asintió, satisfecho con lo que veía.

—Supongo que ese es Fisk. ¿Dónde está el cuerpo del mago?

—¿Ves esa mancha de ceniza de ahí atrás? —El lado dragón de Rivka la incitaba a sonreír triunfal, pero su sensibilidad humana batallaba contra aquellos instintos asesinos.

—Oh, bien hecho, lady Rivka. Muy bien hecho —se entusiasmó Skelaroth—. Eso casi me hace desear que los dragones marinos pudiéramos escupir fuego como vosotros, nuestros primos terrestres. Apuesto a que viene muy bien para deshacerse de la basura.

—Puede decirse así —convino Rivka con una risita.

—¿Y tú te has ocupado del capitán pirata? —preguntó Skelaroth directamente a Liam.

A Rivka le pareció que Liam aún estaba algo aturdido.

No había dicho nada desde la muerte de Fisk.

Se había limitado a sentarse junto al cuerpo, sosteniendo el fajo de pergaminos y contemplando el otro lado del acantilado.

Ella creía comprender al menos parte de su reacción.

Había pasado tantos años persiguiendo aquel único objetivo que, ahora que lo había cumplido, probablemente se sentía un poco a la deriva.

—¿Está bien? —preguntó Skelaroth a Rivka en privado, clavando en Liam una mirada cargada de preocupación.

—Lo estará —respondió Rivka en silencio, dirigiéndose solo al dragón marino—. Solo necesita un poco de tiempo.

—Yo ayudo a Leem —intervino Ella, sorprendiendo a Rivka.

Había creído que solo hablaba con Skelaroth, pero quizá aquella fuera otra faceta de la magia de la virkin: la capacidad de oír siempre que alguien hablaba de mente a mente. Tendría que preguntárselo a Ella más tarde. Por el momento, Liam le preocupaba demasiado para darle importancia.

La cola de Ella se enroscó holgadamente alrededor del cuello de Liam mientras ella hundía la cabeza en su cabello húmedo.

Parecía acariciarle un poco la cabeza con la suya al tiempo que de su garganta brotaban tenues arrullos.

Lo estaba sanando, comprendió Rivka. Incluso mientras él permanecía allí sentado, en medio del camino polvoriento.

Liam se sentía... hueco.

Había ganado la batalla. Por fin había matado a Fisk y consumado su venganza, pero no se sentía como había imaginado.

Había obtenido justicia, pero nada devolvería jamás a Olivia.

Habían cambiado tantas cosas. Se habían perdido tantas otras.

Tiempo. Había perdido tanto tiempo en aquella búsqueda.

Un tiempo durante el cual debería haber disfrutado de la infancia de su hija.

Ahora ese tiempo se había perdido para siempre.

Habían cambiado tantas cosas. Livia prácticamente había crecido sin él. Liam lamentaba muchas cosas de la decisión que había tomado hacía tanto tiempo de buscar venganza, excluyendo casi todo lo demás. Fisk estaba muerto, pero ¿qué había conseguido Liam a cambio?

—Conseguiste página —le recordó Ella, haciéndole preguntarse vagamente si estaría escuchando todos sus pensamientos—. Importante para todos.

Sí, había recuperado lo que parecía ser la página del libro del mago. Eso era importante. Pero, en su mente, había sido algo secundario frente a la captura de Fisk. Había hecho lo correcto... quizá por el motivo equivocado. Y eso no le gustaba.

De hecho, ahora que miraba atrás, nada de lo que había hecho en las últimas décadas le parecía bien.

Era cierto que había reunido una flota de combate jamás vista en las aguas de Draconia.

Había resultado útil hacía poco, cuando atacó la flota de Fisk, pero Liam no la había creado para proteger su patria. Lo había hecho para dar caza a Fisk.

Aquel cabrón —ahora un cabrón muerto— había sido la fuerza impulsora de todo el trabajo de Liam durante los últimos años. Ahora que Fisk estaba muerto, ¿qué guiaría los actos de Liam? No lo sabía. Tampoco sabía ya quién era él mismo.

—¿Liam? —La voz de Rivka le llegó como desde la distancia, aunque se encontraba cerca.

Él alzó la mirada hacia ella, incapaz de hablar—.

Liam, voy a revisar las pertenencias de Fisk y apartarlas.

Después, Skelaroth aconseja reducirlo a cenizas para acabar con cualquier posibilidad de intervención mágica.

¿Quemarlo? Liam parpadeó. —Una precaución sensata —dijo, con una voz que le sonó extraña incluso a él—. Primero registrémoslo a fondo.