El dragón del capitán (Caballeros Dragón 15) 17
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Liam y todos los hombres quedaron debidamente impresionados cuando, en menos de una hora, Leis consiguió testimonios presenciales de todas las puertas de la ciudad por las que habían pasado los hombres de Fisk.

Su gente también logró reconstruir hasta cierto punto el rastro de los piratas por el interior de la ciudad.

La mala noticia era que Fisk y todos sus hombres ya se habían marchado y que, tal como Liam había predicho, se habían dividido en varios grupos.

Cada uno había tomado una ruta distinta para salir de la ciudad.

Los perseguidores también tendrían que separarse en grupos.

Por desgracia, aunque contaban con testigos que habían relatado lo que vieron en cada puerta, ninguna de las descripciones parecía corresponder a Fisk y su mago faldero.

Quizá el hechicero de Elderland tuviera algo que ver con eso, pero no había forma de saberlo con certeza.

Lo único que sabían a ciencia cierta era que había llegado y partido el mismo número de hombres.

Las cuentas cuadraban. Habían abandonado sus caballos.

Ni siquiera se habían tomado la molestia de intentar vendérselos a nadie.

Habían conseguido nuevas monturas y comprado provisiones con la mayor rapidez posible, tras lo cual se habían puesto de nuevo en marcha.

Tenía sentido. Fisk sabía que lo perseguían. Puede que el mago hubiera alcanzado a Skelaroth, pero Fisk debía de saber que el dragón negro no tardaría en pisarles los talones. No sabía nada de los demás, lo que quizá les otorgara cierta ventaja.

—Tenemos que separarnos —dijo Liam cuando el último de los testigos terminó su informe.

El informador jinn era un joven guardia de la ciudad que apenas tenía edad para afeitarse, pero había sido lo bastante astuto como para seguir a los desconocidos y avisar a otros miembros de la Hermandad para que lo ayudaran cuando el grupo principal se dividió en otros más pequeños.

Liam sacó una moneda de oro de su bolsa y se la lanzó al joven por el aire con un gesto de agradecimiento.

El muchacho sonrió e hizo desaparecer la moneda en su faltriquera como por arte de magia.

—Yo tomaré el camino del noroeste —dijo Trent de inmediato—. Aunque no encontremos nada más, conduce directamente a la capital. Si sigo una pista falsa, al menos podré pedir más ayuda para nuestra causa.

Liam asintió. —A mí me gustaría seguir el camino del norte.

Es la ruta más directa hacia la Ciudadela, lo que la convierte en la opción más obvia para que Fisk la haya evitado, pero nunca lo había visto actuar con tan poca cautela como últimamente.

Puede que sea tan insensato como para escoger la ruta más rápida.

— Estoy de acuerdo —respaldó Skelaroth a Liam mientras todos permanecían en el amplio patio delantero de la posada, donde se habían reunido después de comer—.

El camino que hemos seguido hasta ahora no revela ninguna sutileza.

Intenta llegar a toda prisa a la frontera septentrional. Yo te llevaré al norte, capitán.

—Y yo iré con vosotros dos —intervino Rivka—. No tiene sentido deshacer ahora el equipo.

— Yo voy con Leem —añadió Ella desde su atalaya en el hombro de Liam. Él alzó una mano para rascarle la cabeza, y ella se acurrucó contra su palma con dulce afecto. Durante aquel viaje, Liam había llegado a valorar aún más la presencia de Ella a su lado, aunque esta seguía sorprendiéndolo.

— Trevor y yo tomaremos el camino del nordeste —dijo Lord Klathenor con voz atronadora en la mente de Liam.

— Mientras que Boros y yo iremos hacia el este —añadió Lady Wyndimira.

—Tenemos cubiertos los cuatro grupos —dijo Trent con satisfacción en la voz, aunque su expresión seguía siendo preocupada.

—Deberíamos marcharnos cuanto antes —les recordó Rivka—. Leis ha puesto a su gente a preparar provisiones para todos. Creo que deberíamos partir en cuanto nos las entreguen.

—De acuerdo —dijo Trent, sacudiendo la cabeza como si quisiera despejarla—.

No puedo decir que me guste dividir así nuestras fuerzas, pero no veo otra alternativa.

—Se acercó a todos los seres de dos piernas y les estrechó la mano, deseándoles buena suerte y ofreciéndoles algunos consejos de última hora.

Estaba terminando cuando el personal de cocina de Leis llegó con cuatro fardos.

Tres tenían aproximadamente el mismo tamaño, pero el cuarto era mayor, y Liam comprendió que Rivka debía de haberles explicado sus necesidades con detalle.

El bulto más grande fue para él y serviría para alimentarlo tanto a él como a Rivka y Ella.

Los demás fueron para los caballeros y para el príncipe Trent, cuya magia incorporaría las provisiones a su forma transformada y permitiría que reaparecieran cuando recuperase su aspecto humano.

Liam no sabía cómo funcionaba, pero había visto regresar las pertenencias de Rivka después de cada transformación.

Una vez equipados y preparados, abandonaron uno tras otro el patio de la posada.

Primero, los caballeros montaron en sus dragones y despegaron de uno en uno.

Después, Liam subió al lomo de Skelaroth e hizo lo mismo.

Trent y Rivka se transformaron ante la única presencia de los otros jinn y surcaron el cielo un momento después.

Cada dragón viró hacia la dirección elegida y entonces... la caza comenzó de nuevo.

Rivka se alegraba de que Liam no hubiera objetado que su grupo fuera el más numeroso de los enviados a rastrear a los piratas.

La pura verdad era que Skelaroth, por impresionante que resultara, no era especialmente hábil en operaciones terrestres.

Rivka le había enseñado cuanto podía durante los últimos días y él aprendía deprisa, pero carecía de la experiencia y los conocimientos necesarios para actuar con eficacia.

Del mismo modo, Rivka apenas dudaba de que Liam fuera un luchador consumado, pero, al igual que Skelaroth, no poseía las destrezas que los caballeros tardaban años en adquirir.

No podía ayudar a Skelaroth a detectar cosas desde el aire como lo haría cualquier caballero adiestrado.

Liam y Skelaroth se habían asociado apenas unos días atrás, y solo para aquella expedición.

No formaban un verdadero equipo de combate.

No como los caballeros, cada uno de los cuales había partido por su cuenta para investigar una ruta.

Trent también era un hombre de armas y había tomado la ruta del noroeste, donde probablemente le resultaría fácil encontrar ayuda si era él quien conseguía acorralar a Fisk.

Lo cierto era que Rivka consideraba que el camino que seguirían Liam y Skelaroth era la ruta que Fisk tenía más probabilidades de escoger.

Quería servirles de apoyo y sencillamente tenía sentido destinar más efectivos al camino que parecía más prometedor.

Tanto el dragón marino como el capitán de barco podrían haberse ofendido, pero ambos eran seres sensatos, gracias a los dioses.

Ni el dragón ni el hombre habían hecho comentario alguno sobre su continua presencia junto a ellos.

Quizá creyeran que iban a protegerla, pero ella sabía que sus habilidades serían necesarias para cubrir las carencias de ambos.

Aun así, los dos sabían combatir y a ninguno le faltaba valor.

Serían buenos compañeros si se veían obligados a luchar.

De hecho, esperaba que así fuera. Rivka no deseaba nada más que ser quien encontrase a Fisk y lo detuviera.

Quizá hicieran falta sus esfuerzos combinados para derrotar al mago y llegar hasta Fisk.

Fuera como fuese, sentía en los huesos que estaban siguiendo al grupo correcto.

Tenían que ser ellos quienes se enfrentasen al capitán pirata que tanto dolor había causado a tantas personas.

Durante las horas siguientes, Rivka hizo cuanto pudo por rastrear al grupo, mucho más reducido, que había salido de Oler.

Eran muy hábiles ocultando sus huellas, pero Rivka no era jinn por nada.

Le habían enseñado a seguir el rastro de las presas más difíciles desde que era niña, y los instintos cazadores de su dragona interior no tenían parangón.

Los encontraría. Ya percibía indicios minúsculos que probablemente pasarían inadvertidos para otros.

—Nos estamos acercando —dijo a sus compañeros después de tomarse un momento para estudiar el terreno en forma humana.

Era la cuarta vez que aterrizaba para examinar el camino y, con diferencia, la más fructífera—.

¿Veis los daños en estas ramas? —Señaló un arbusto ralo junto al camino—.

Uno de ellos pasó demasiado cerca y rompió estos tallos.

Los daños son recientes. Han pasado por aquí hace menos de una hora.

— ¿Cómo puedes estar segura de que han sido ellos? —preguntó Skelaroth.

—Bueno, hasta ahora no hemos visto a nadie más en este camino. Si hay otros viajeros, se encuentran muy por delante o muy por detrás. Ningún otro grupo que yo conozca recurriría a la magia para ocultar su presencia desde el aire, así que podríamos ver a los demás mientras volamos.

Skelaroth asintió. — Bien pensado. No veo nada a lo lejos y, si miro hacia atrás, solo distingo una solitaria carreta de labranza que salió de Oler poco después que nosotros.

Ella revoloteó hasta el arbusto para examinar los tallos rotos.

Poseía la capacidad de mantenerse suspendida en un mismo sitio de la que carecían la mayoría de los dragones.

Pareció olfatear el aire alrededor del follaje dañado y después siguió un rastro oloroso durante un trecho por el camino antes de regresar para posarse en el hombro de Liam.

— Magia —dijo en voz baja—. Cerca, ahora.

—Bueno, eso lo confirma —observó Liam—. Creo que deberíamos prepararnos lo mejor posible para el enfrentamiento. Pero ¿cómo llegaremos hasta ellos si no se los puede ver desde el aire?

— No pueden esconderse de mí —anunció Ella, haciendo que todos la mirasen sorprendidos.

—¿Estás segura, cariño? —preguntó Liam a la virkin, inclinando la cabeza para mirarla.