Capítulo 14
—¿ A que te refieres con que nada ?
—Es un concepto bastante sencillo —respondió la detective Lilly Hallam.
Siempre había tenido un aire de suficiencia, uno que le había granjeado problemas en varias ocasiones, y Jake sabía que estaba a punto de desplegarlo contra ellos—.
Básicamente, significa que no he podido encontrar nada.
Ni las cámaras de seguridad, ni el reconocimiento de matrículas, ni el timbre con cámara de algún vecino ni los semáforos han captado nada fuera de la propiedad de Sharif que haya viajado a Milton Keynes en los últimos meses.
Nadie se ha acercado a su casa desde hace incluso más tiempo.
Él es el único que ha entrado y salido. Excepto el cartero.
—¿Y eso qué significa entonces? —preguntó Jake, sintiendo cómo perdía toda esperanza.
—Tú eres el de mayor rango. ¿No se supone que eres tú el que tiene todas las respuestas? Ahora, si no te importa, me tengo que ir; tengo trabajo que hacer. —Lilly colgó la llamada en cuanto terminó de hablar.
Jake se quedó atónito un momento. No porque hubieran llegado a un callejón sin salida, sino porque Lilly —una de las muchas personas que no deberían saber nada de su ascenso — se había enterado de alguna manera y se le había escapado.
Aquello era preocupante. ¿Qué sabía ella?
¿ Cómo lo sabía? ¿Qué impediría que Tyler se enterase?
—¿De qué iba eso? —preguntó Tyler, tamborileando con los dedos sobre el escritorio.
—¿De qué iba el qué?
—Eso que ha dicho de que eres el de mayor rango.
Jake hizo un gesto con la mano en el aire, restándole importancia a la pregunta mientras se maldecía en silencio por haber puesto la llamada en manos libres. —No lo sé, pero si nadie ha ido a casa de Sharif en ese tiempo, ¿entonces qué?
Tyler se encogió de hombros, dijo que necesitaba un café para que le fluyera la inspiración, le preguntó a Jake si quería uno y se marchó. Mientras su amigo no estaba, Jake se recostó en su silla. Pensando. Reflexionando. Intentando dilucidar qué narices estaba pasando.
Le costaba concentrarse. Tenía la mente demasiado fija en lo que había dicho Lilly, e intentó apartar los pensamientos sobre ella, repitiendo en su lugar lo que le había contado respecto a Sharif.
Nadie ha ido a su casa desde hace incluso más tiempo. Él es el único que ha entrado y salido.
Él es el único.
Él es el único .
Excepto el cartero.
—Excepto el puto cartero —susurró Jake para sí mismo cuando se dio cuenta de golpe, como si le hubiera alcanzado un rayo—. ¡El puto cartero!
Emocionado por la revelación, Jake saltó de la silla y salió corriendo hacia la cocina, donde encontró a Tyler apoyado en la encimera, esperando a que hirviera el hervidor.
—¡El cartero! —gritó Jake.
—¿Qué pasa con él? ¿Se le ha olvidado entregar un paquete?
Jake negó con la cabeza. —No, idiota. El cartero. La única persona que vio a Sharif fue el cartero.
Tyler se quedó perplejo un instante. —¿De qué estás hablando?
—Alguien más está usando la tarjeta de Sharif...
—¿Quién, el cartero?
—Podría ser. No he pensado tan allá. Pero ¿y si Sharif enviaba su tarjeta de débito por correo a una dirección de Milton Keynes, y luego la usaban para comprar los ingredientes necesarios para los explosivos? Y después se lo devolvían todo por correo certificado.
—Estás de broma, ¿no? ¿Sabes lo loco que suena eso?
—¿Tan loco que resulta obvio?
—Me fastidia admitirlo, tío, pero creo que vas por buen camino. Aunque no alcanzo a comprender por qué no querrían usar su propia tarjeta.
El hervidor terminó de hervir y regresaron a sus asientos, café en mano.
—Tenemos que trazar el perfil de este sospechoso —dijo Jake, cuando iba por la mitad de la sala.
A su alrededor, la oficina bullía y las conversaciones llenaban el aire.
—Es inteligente —dijo Tyler.
—Con recursos.
—Tiene contactos. No tiene coche. Posiblemente.
—Usa los datos de la tarjeta de otro para que no le sigan la pista. ¿Algo más?
—Ah —dijo Tyler—, y solo trabaja los fines de semana.
Fines de semana . Jake se detuvo en seco.
—¿Por qué solo los fines de semana? —preguntó, pensando de nuevo en voz alta.
Era conocido en la oficina por hacer eso, y por distraer a los demás de lo que estaban haciendo—.
¿Quién solo puede hacer cosas el fin de semana?
Trabajadores. De nueve a cinco. ¿Jubilados?
No. Ellos pueden hacer cualquier cosa en cualquier momento de la semana.
¿Desempleados? Lo mismo. —Jake vaciló un momento—.
No —dijo, temiendo la sospecha que estaba a punto de expresar.
—¿Qué?
—Seguro que no.
—¿Qué pasa?
Jake miró a Tyler a los ojos. —Un escolar. Creo que estamos buscando a un puto adolescente.