El Custodio de Finisterre (El Código del Camino de Santiago 9) CAPÍTULO 20 — Emboscada en el Acantilado
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CAPÍTULO 20 — Emboscada en el Acantilado

BLOQUE 1

Halvorsen apareció, finalmente, al atardecer del día siguiente, no en la propia entrada de la cavidad ya fuertemente protegida, sino en el sendero superior cercano al faro, interceptando directamente a Gabriel y Lucía cuando ambos regresaban de una última jornada de documentación,

con una desesperación evidente que contrastaba considerablemente con la propia compostura fría que había caracterizado cada aparición anterior a lo largo de la saga.

---Doctor Llorente ---dijo, con una voz que combinaba una arrogancia residual y un cansancio evidente considerable---. Vine a proponerle algo, antes de que sea completamente tarde para cualquiera de los dos.

Gabriel, sintiendo una tensión considerable ante aquel encuentro directo tan largamente temido, mantuvo la calma necesaria mientras evaluaba rápidamente la propia situación, consciente de que se encontraban considerablemente cerca del propio borde del acantilado,

con el mar embravecido rompiendo con fuerza considerable contra las rocas varios metros más abajo.

BLOQUE 2

---No tenemos absolutamente nada que negociar, señor Halvorsen ---respondió Gabriel, con una firmeza considerable a pesar de la tensión evidente del momento---.

Su propio juicio ya está prácticamente decidido.

Cualquier cosa que intente aquí solo va a empeorar considerablemente su propia situación legal.

Halvorsen, procesando aquella respuesta con una frustración evidente que empezaba a manifestarse en gestos considerablemente más erráticos que su propia compostura habitual, avanzó un paso adicional,

generando una alarma considerable en Gabriel dada la proximidad peligrosa del propio borde del acantilado.

---Necesito algo, cualquier cosa, que pueda ofrecerle a los propios fiscales suizos antes de que sea completamente tarde ---insistió, con una voz que revelaba, cada vez con más claridad, la magnitud de su propia desesperación acumulada---.

Denme acceso a lo que encontraron ahí abajo, y podría convertir mi propia condena en algo considerablemente más manejable.

BLOQUE 3

Lucía, observando con preocupación considerable el propio terreno resbaladizo bajo los pies de Halvorsen, cada vez más cerca del borde peligroso mientras gesticulaba con una agitación creciente, intentó intervenir con una calma deliberada.

---Señor Halvorsen, por favor, aléjese del propio borde ---dijo, con la voz cuidadosamente controlada---. Podemos hablar, pero necesitamos hacerlo en un lugar seguro.

Halvorsen, sin embargo, demasiado consumido por su propia desesperación como para prestar atención completa a aquella advertencia, dio otro paso adicional hacia atrás mientras insistía en su propia propuesta desesperada, sin notar cómo su propio pie resbalaba, de golpe,

sobre la roca húmeda cubierta de musgo marino.

---¡Cuidado! ---gritó Gabriel, avanzando instintivamente hacia adelante mientras Halvorsen, perdiendo completamente el equilibrio, caía hacia atrás con un grito de pánico considerable, logrando apenas sujetarse con una mano al propio borde rocoso mientras el resto de su cuerpo quedaba colgando,

precariamente, sobre el vacío considerable que se abría hacia el mar embravecido varios metros más abajo.