CAPÍTULO TREINTA
Yates pensó que era mejor que no nos reuniéramos con Xiaolian ese día. Le había dado un sedante a primera hora de la mañana para mantenerla tranquila.
Me sorprendió saber que la estaban drogando. Por supuesto, estaba segura de que le estaban haciendo muchas otras cosas de las que no sabíamos nada. Pensar en eso me hizo ver su situación con otros ojos.
Era una niña de doce años en un país extranjero sin familia ni amigos —salvo yo, y eso era mucho decir— retenida prisionera por el gobierno para que pudieran experimentar con ella. Recordé cómo era yo a esa edad y enseguida concluí que me habría derrumbado a las pocas horas de estar encerrada.
—¿Sigues pensando lo mismo sobre ella? —le pregunté a Kang de camino a las oficinas.
—¿Qué? ¿Que es una espía? —Inclinó la cabeza de un lado a otro—. Mira, a veces estoy completamente convencido, como después de ver el vídeo que nos mostró Yates, y otras veces veo a una niña inocente pasándoselo bien en un parque de atracciones. Es raro. ¿Y tú?
—Estoy en las mismas que tú. Al principio pensé que era muy poco probable, pero ahora...
O sea, dejando a un lado su entrenamiento de combate, ¿una niña de doce años aguantando lo que ella aguanta física y mentalmente sin quebrarse?
No sé. Eso me huele a entrenamiento, sobre todo después de ver esos vídeos.
—Sí, una Xiaolian totalmente diferente. Es difícil negarlo. Y no es que esté teniendo una simple rabieta. Es como si pasara algo dentro de su cabeza.
—¿Crees que es posible que haya perdido la cabeza del todo?
—Quizás —Kang se cambió al carril VAO—. Me preocupa un poco que la saques de las instalaciones y te la lleves a casa. Tienes que pensar en los niños y en Po Po. Vale, antes no lo sabíamos, pero ahora...
—Si no lo hago, Archer se saldrá con la suya, y la torturarán, quizás incluso la trasladen a una prisión secreta y la retengan allí sabe Dios cuánto tiempo.
Básicamente, desaparecerá. Me horroriza pensar que mi familia pueda sufrir daño por su culpa, porque en el fondo sigo viendo a Xiaolian y no a una espía china.
—A menos que eso forme parte de su entrenamiento. Mira, tenemos que abordar esto sin prejuicios. Si es una espía, lo de la «niña inocente» no es más que una actuación.
Me removí en el asiento. —Soy consciente de que podría estar jugando con nosotros, y de que tenemos que aceptar que es lo bastante buena como para contrarrestar nuestras acciones con cambios de personalidad.
—Eso explicaría lo que Yates cree que son cambios de humor. Cuesta verla así, pero tenemos que asumir que es capaz de cualquier cosa. Es más inteligente de lo que pensamos, eso seguro.
Esa noche, más tarde, Albert Shi estaba sentado al volante de su coche, aparcado a dos casas de la de Abby, escuchando la conversación de la cena a través de unos auriculares conectados a un móvil. Otro móvil en el asiento del copiloto vibró. Se quitó un auricular y contestó.
—¿Algo que contar? —preguntó Connie.
—Nada. Hasta ahora solo charla familiar normal sobre cómo les ha ido el día. Lucy todavía está pensando en apuntarse a las Brownies. ¿Hailey sigue interesada?
—Lo está si Lucy lo está. ¿Ryan mencionó algo de Colin en el dojo?
—Habló un poco del dojo, pero no mencionó a Colin. Deberíamos presionarle para que se acerque más a Ryan. No vendría mal. Mira, esperaba que mencionara las instalaciones, ya que hoy se pasaron por allí, pero no soltó prenda.
—Quizás no habla de eso con la familia.
—Puede ser. Todavía tengo el micro en su despacho y en el dormitorio. Así que hay oportunidades. Me pregunto si deberíamos poner uno en casa del agente Kang.
—Necesitaremos autorización. ¿Cuánto más vas a quedarte?
—Se están preparando para ver una hora de The Voice . Creo que lo dejo por hoy. Nos vemos en un rato.
Lucy, Po Po y yo nos fuimos al cuarto de la tele en el tercer piso. Po Po normalmente no sube, pero es adicta a The Voice , como todas nosotras, excepto Ryan. Eran las semifinales del programa, y todas íbamos con la misma cantante: una chica de San Francisco llamada Riley.
—Espero que Riley tenga una canción mejor —dijo Lucy. Se dejó caer en el sofá con Dim Sum, su panda de peluche, en brazos. Lo consideraba el amuleto de la suerte de Riley—. La última vez casi la mandan a casa.
—Vamos, Riley —dije mientras le frotaba la barriga a Dim Sum y luego lanzaba la suerte mágica hacia la pantalla.
—A lo mejor he regalado demasiada suerte de Dim Sum —dijo.
—¿Qué quieres decir, cariño?
—Dejé que Xiaolian lo tuviera mientras estuvo aquí, y a lo mejor Dim Sum todavía no se ha recargado del todo.
—Ah, ya veo. No creo que tengas que preocuparte por eso. Dim Sum tiene una barriga muy grande. Por cierto, puede que Xiaolian venga a quedarse con nosotras otra vez.
Al oír su nombre, Po Po se incorporó y se volvió hacia mí. —¿Viene otra vez?
—¡Sí! —Lucy levantó el puño.
—Todavía hay que resolver algunos detalles, pero creo que sí.
Po Po sonrió mientras se recostaba y se ponía las manos en el regazo. Esa noche, no volvimos a mencionar a Xiaolian: el poder de The Voice .