Epílogo
Berenice
B lanco, todo blanco. Pastillas, más pastillas. Una versión del paraíso extraída de la mente de una ama de casa insulsa y minimalista, pero no.
Obligarme a nadar en la mediocridad de esta forma es violento. Son todos tan amables, y la amabilidad es tan poco estética.
Pedro dijo que vendimos todo, fue un éxito. Lo que me espera, cuando me dejen salir de este antro para enfermos, es inmenso. Mientras tanto, solo tengo que resistir. Resistir a este vacío conceptual.
Paredes secas, descascaradas. Gelatina que sabe a eso mismo, a pared. A veces hago buches con ella hasta que mi saliva la deconstruye en un líquido edulcorado que imagino que es un rosé.
Hay que ser creativa para encontrar el vino en las cosas. Hay que ser brillante para exprimirle el vino a la vida.
Igual que hice con Clara. Ella era tan perfecta, tan frágil, tan quieta, tan hueca, tan inerte. ¿Es acaso mi culpa haberla empujado a ser arte? Si al final eso era todo lo que ella quería… Dejarse exprimir… Sola no podía.
Ojalá Clara fuera menos estúpida y más valiente. Ahora lo entiendo todo, hizo todo esto para llamar mi atención. Montó este show para obligarme a recordarla. Toda la parafernalia de la mujer muerta en lugar de decirme las cosas en la cara. Pendeja desagradecida.
Una de las últimas veces que nos vimos, la muy ridícula me dijo que teníamos que terminar porque sentía que era una mosquita indefensa y yo una tarántula.
Desvergonzada. En todo caso, ella fue la que tejió la telaraña con su deseo desesperado de estar cómoda y pertenecer a algo.
Me usó. Vivió en mi casa, comió mi comida, se puso mi ropa, hizo sus esculturas horrendas con mi dinero.
Si no le gustaban mis reglas, podía irse, pero la inútil no sabía ni dónde estaba su pasaporte.
Yo fui su víctima, es una manipuladora. No pueden culparme por haber elegido olvidarla.
Lo más decepcionante de todo fue recordar.
La mente siempre ha sido un terreno muy fácil de manipular, incluso cuando es la tuya.
Abrir, cerrar. La memoria no es más que un sinfín de puertitas que los expertos abrimos y cerramos con comodidad, es arte.
Adiós, Clara, eres innecesaria, puerta cerrada.
Debería haberme tragado la llave para así jamás tener que encontrarla de nuevo.
Fue doloroso, «si es que a alguien le importan mis sentimientos en este punto» , darme cuenta que mi musa etérea y fantasmal no era sino una ridícula sin talento que vivió a costillas de mi trabajo durante dos años.
Toda mi búsqueda, mi obsesión, para que al final fuera sólo ella.
La cordobesa que hice tanta fuerza para olvidar.
Clara, Clarita, cuánta belleza desperdiciada en una cabecita vacía.
Yo quise hacerte grande, inmortal, pero lo único que supiste hacer fue llorar y pedirme más.
¿Más de qué? Si le dí todo, le dí más de lo que merecía.
Caprichosa, inmadura, la odio. No entiendo cómo pude amarla alguna vez.
Yo sé que está viva, me la jugó. Pueden mostrarme todos los certificados de defunción que quieran, pero yo sé que está ahí afuera acechándome.
Envidiosa de mierda. Celosa de mi relación con Tuti.
Me pregunto quién la habrá ayudado. Seguramente su hermana, Aldana, la infeliz de Begoña es una opción también.
No quiero creer que la gente de mi círculo está involucrada, pero todos son sospechosos.
Ya no puedo confiar en nadie, me hicieron creer en fantasmas y ahora quieren hacerme creer que estoy loca. ¿Loca yo?
Nadie se dio cuenta que fingió su muerte para hacerme sentir culpable. Ahora tampoco se dan cuenta que volvió de entre los muertos para atormentarme porque no soporta mi éxito.
Pero esto no me lo puede sacar, soy Berenice Lasala, soy un éxito. Aunque Pedro diga que no me van a dejar salir nunca de aquí si no dejo de hablar de ella, yo tengo que contar mi verdad.
Voy a salir de este lugar y voy a buscar a Clara, y cuando nos volvamos a encontrar, va a tener que darme muchas explicaciones.