Capítulo 48. La habitación completa
La resolución que cerraba la primera fase del caso llegó un viernes. Adrián constaba como víctima de homicidio. Emilia dejaba de figurar como suicidio incuestionado. Los nombres no reparaban las vidas, pero retiraban dos mentiras de los documentos públicos.
Mara guardó una copia del plano corregido. La vivienda tenía ochenta y dos metros cuando se incluían el corredor y la cavidad. No faltaba una habitación: faltaba reconocerla.
Aquella noche cenó con Joaquín. Él oyó la mitad de una historia sobre una puerta y entendió lo suficiente. Después discutieron sobre si la tortilla debía llevar cebolla.
Al salir, Rubén llamó desde el Mercado del Carmen. Una mujer había dejado una maleta en una consigna. Dentro había una lista de nombres y fechas futuras.
—¿Hay alguien herido? —preguntó Mara.
—No. Todavía no.
Mara miró la fotografía que Vera acababa de enviarle. El taller estaba iluminado y la puerta permanecía abierta. No había nada pendiente en aquella casa que exigiera su regreso.
Guardó el teléfono, se despidió de su padre sin prometer una hora y bajó las escaleras.
—Voy para allá —dijo al recuperar la llamada.