Capítulo 40. La casa como prueba
Los peritos elaboraron un modelo del piso. El armario móvil, el corredor y la puerta de servicio mostraban que el cadáver podía salir sin cruzar el portal. Las marcas de ruedas coincidían con la camilla.
La defensa alegó que cualquiera con la llave podía haber usado el recorrido. Mara presentó la cronología: Tomás encargó la copia, llevaba esmalte de las guías bajo la uña y conocía la construcción que había pagado.
La casa no señalaba por sí sola a un culpable. Impedía que su versión fuera físicamente posible.
Rubén encontró en el hueco una última marca: una fecha escrita por Amparo al cerrar el panel tras la visita mensual de Tomás. Durante años, ella había comprobado que las pruebas seguían allí y había dejado constancia en la madera.
—Todos guardaron algo —dijo él.
—Porque ninguno confiaba en poder contarlo entero.
El cuarto que faltaba en los planos había terminado siendo el único lugar donde la familia no pudo borrar del todo lo ocurrido.