Capítulo 34. El incendio
A las dos y siete, Tomás entró al almacén con una caja y la garrafa. Los agentes lo vieron rociar el suelo junto a las estanterías. Intervinieron cuando sacó el encendedor.
Tomás corrió hacia la escalera de emergencia. Rubén lo alcanzó antes del primer tramo. La garrafa cayó sin prender.
En la caja había expedientes de la cooperativa, una llave maestra y un reproductor digital. También una tarjeta marcada con una E.
El reproductor conservaba una copia completa de la discusión con Emilia. Tomás la había guardado para saber cuánto podía probarse y qué debía destruir. En el último minuto se oía el forcejeo, un golpe contra la barandilla y a Adrián llegando desde el portal.
No se oía la caída. Sí a Tomás diciendo: «Si hablas, Vera pierde la casa y tú vas a prisión por ayudarla».
El intento de incendio convirtió los documentos en pruebas de destrucción deliberada y quebró la defensa del hallazgo casual.
Cuando lo llevaron al coche, Tomás miró a Mara con una mezcla de desprecio y sorpresa.
—No sabe cuánta gente depende de que esas cuentas sigan cerradas.
—Dependía —corrigió ella.