Capítulo 28. La esquina de mármol
La forense reconstruyó la caída en la cocina. Adrián estaba de pie junto a la mesa. Alguien lo sujetó por el hombro izquierdo y lo empujó hacia atrás. La sien golpeó la esquina. Murió en pocos minutos.
Vera no podía haber producido el ángulo desde la posición que describía y su lesión en la mano era anterior. Sergio llegó después de la muerte. Tomás era la única persona situada en la cocina por la fibra, el reflejo y la llamada a Iván.
Tomás afirmó haber encontrado a Adrián ya caído. Mara le mostró la ampliación del microondas. La imagen no permitía reconocer un rostro, pero sí el reloj de su muñeca: una pieza fabricada en una serie limitada que él llevaba en las cámaras de la gestoría esa misma tarde.
—Muchos hombres tienen relojes —dijo.
—No muchos entraron por un corredor cuya llave encargó usted.
El abogado pidió terminar. Tomás se inclinó hacia Mara.
—Una casa vieja produce coincidencias.
—No —respondió ella—. Produce capas. Y usted ha dejado una en cada habitación.