Capítulo 20. La pared de Emilia
El falso azulejo bajo el fregadero cedió al presionar una media luna limpia. Detrás había una caja de obra apenas mayor que una mano.
Contenía facturas originales, un listado de transferencias y una carta de Emilia dirigida a su hermana Amparo. También había una lengüeta de casete envuelta en papel encerado.
La carta no acusaba a Adrián. Decía que Tomás lo había asustado con la posibilidad de enviar a Vera a un centro de menores si Emilia denunciaba el fraude. Emilia había comprendido que Tomás no necesitaba controlar a toda la familia; bastaba con conseguir que cada uno temiera por otro.
Vera leyó la carta sentada en el suelo de la cocina.
—Mi madre sabía que Adrián iba a mentir.
—Sabía que era joven y que tenía miedo.
La lengüeta permitía reproducir la segunda pista de la cinta. No era una pieza perdida, sino un mecanismo para cambiar de lado sin rebobinar. Emilia había dividido el mensaje deliberadamente.
Antes de escucharlo, Mara pidió que hicieran tres copias forenses. La casa había conservado la prueba durante veinte años. No iban a perderla por impaciencia.