El criadero (Trilogía SG 3) (Thriller del FBI de Abby Kane 9) CAPÍTULO CINCUENTA Y DOS
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CAPÍTULO CINCUENTA Y DOS

En el escondite de Chu solo quedaba esperar. Archer ya se había ido a ultimar los detalles del barco. Para matar el tiempo, comimos. Quería aprovechar para contarle a Xiaolian nuestros planes. Ella aún no sabía que Kang y yo no la acompañaríamos a la isla.

—Ahora que el barco está asegurado y estás consiguiendo lo que quieres, ¿cómo te sientes?

Xiaolian terminó de sorber un fideo antes de hablar.

—Genial. Estoy deseando volver a ver a mis amigos. Y presentároslos.

—Nosotros también tenemos muchas ganas de conocerlos, pero quizá tenga que esperar.

Xiaolian dejó de comer.

—¿Qué quieres decir?

—No iremos a la isla contigo.

—¿Por qué?

—Cuanta menos gente, mejor. No conviene llamar la atención. Solo iréis tú y Archer. Kang y yo te llevaremos al barco. Luego guiarás a Archer hasta la isla, recogerás a tus amigos y volveréis. Os estaremos esperando.

—Supongo que tiene sentido.

—¿Habéis hecho planes para cuando tú y tus amigos regreséis a Shanghái?

—La verdad es que no.

—¿El Dr. Wei te dio instrucciones sobre qué hacer?

—No. Solo le importaba detener el programa.

—¿Así que estás sola en esto?

Xiaolian volvió a comer. No me respondió.

No pude evitar preguntarme qué harían cinco niños pequeños.

¿Dónde se alojarían? ¿Cómo se alimentarían?

¿Y la educación? Bueno, quizá la educación no fuera un gran problema.

Tenía que suponer que los demás ya contaban con una formación avanzada.

Cuanto más lo pensaba, más me daba cuenta de que probablemente eran tan capaces como Xiaolian. Desde luego, no eran niños normales.

—¿Por qué el Dr. Wei no ideó un plan para sacar a tus amigos de la isla? Contigo sí pudo hacerlo.

—Siempre se centró en detener el programa. Además, las personas que me ayudaron a escapar están todas muertas.

Xiaolian apartó el plato vacío.

—Si me disculpáis, tengo que avisar a mis amigos de que iremos a buscarlos esta noche.

Xiaolian se alejó de la mesa y se retiró al reservado para enviarle un mensaje a Lei en privado. Escribió el mensaje y pulsó enviar. Lei tardó unos diez minutos en responder.

Lei: Sí, puedo hablar.

Xiaolian: Voy esta noche. ¿Podéis estar listos?

Lei: ¿A qué hora? ¿Dónde?

Xiaolian: Estad en la costa, donde está el embarcadero, antes de las 2:00 a. m.

Lei: Entendido. Avisaré a los demás. No puedo creer que esto esté pasando de verdad.

Xiaolian: Yo tampoco. Es emocionante.

Lei: ¿Vienes sola?

Xiaolian: No, vendrá un hombre conmigo. Es de la CIA.

Lei: ¿En serio? ¿Eso es bueno o malo?

Xiaolian: Es bueno. Él consiguió el barco que os recogerá.

Lei: ¿Y hay sitio para todos?

Xiaolian: Creo que sí. Todavía no he visto el barco, pero supongo que habrá tenido el sentido común de conseguir uno grande.

Lei: Vale. Todos están deseando verte. Te echamos de menos.

Xiaolian: Yo también os echo de menos.

Lei: Tengo que irme. Estaremos listos. Hasta pronto.

Xiaolian: Vale, adiós.

Kang y yo seguíamos sentados en la mesa del rincón, apartados de los demás, cuando oímos un alboroto fuera de la puerta del escondite de Chu. El ruido iba en aumento.

—¿Qué demonios es eso? —pregunté mirando hacia la entrada.

Kang se puso de pie.

—No estoy seguro, pero no suena bien.

Antes de que Kang pudiera dar un paso, uno de los hombres de Chu irrumpió por la puerta con la cara ensangrentada.

—¡Cabezas de serpiente!

Otro hombre apareció detrás de él y lo atacó.

Más hombres entraban en tropel por la puerta, y los de Chu contraatacaron de inmediato.

Mi primer pensamiento fue llegar hasta Xiaolian, que estaba cerca del fondo de la sala.

Pero Kang y yo nos vimos arrastrados a la pelea cuando dos de aquellos desconocidos se lanzaron directamente hacia nosotros.

Retrocedí rápidamente, esquivando un par de puñetazos de un hombre mucho más alto que yo.

Desvié un derechazo y aproveché el impulso para dar un paso lateral.

Le lancé un uppercut directo a la barbilla.

Fue un golpe sólido que lo aturdió. Seguí con un izquierdazo a las costillas. Se encogió y se dobló hacia un lado.

De espaldas a Xiaolian, no tenía ni idea de si la estaban atacando.

Tenía que quitarme de encima al tipo que tenía delante, y rápido.

Lo agarré del pelo y le estampé la cara contra mi rodilla.

Las piernas le fallaron y cayó al suelo con un golpe sordo.

Me di la vuelta. Xiaolian seguía en el reservado, agachada debajo de la mesa.

Solo había dado dos pasos cuando otro hombre me cortó el paso y me lanzó un puñetazo.

Eché la cabeza atrás, pero no lo bastante rápido.

Su puño me rozó la frente, lo justo para notarlo pero no para tumbarme.

Bloqueé su segundo golpe con el antebrazo y contraataqué.

El primero falló, pero el segundo le reventó la nariz.

Siguió viniendo. Intercambiamos golpes: una ráfaga de puños.

Me movía esquivando, evitando cada puñetazo hasta que uno me alcanzó en la mandíbula.

Las piernas me flaquearon. El golpe me había aturdido, pero no aflojé.

Se abalanzó sobre mí y me placó contra el suelo.

Un latigazo de dolor me atravesó la espalda al recibir todo el impacto.

Lo ignoré y me zafé de debajo de él antes de que pudiera inmovilizarme los brazos.

Le solté una patada en la cara. La cabeza le rebotó hacia atrás.

Y de vuelta, mi otro pie le volvió a dar de lleno.

Kang peleaba con un hombre cerca de allí. Se intercambiaban patadas y puñetazos, pero yo no podía meterme a ayudar. Tenía que llegar hasta Xiaolian. Pero cuando volví a mirar hacia el reservado, había desaparecido.

¡Maldita sea! ¿Adónde había ido? ¿Había vuelto a huir?

Recorrí la sala con la mirada, pero no logré verla.

Debía de haber unos veinte hombres peleando.

Divisé a Chu cerca de la entrada, luchando contra dos a la vez.

Kang seguía ocupado con su atacante. Me dirigí hacia el reservado, pensando que quizá Xiaolian se había escondido detrás. Fue entonces cuando la vi.

Estaba en el lado opuesto, avanzando pegada a la pared hacia donde estaba Chu, cerca de la entrada.

—¡Xiaolian! —grité.

Nuestras miradas se cruzaron. Mientras iba hacia ella, uno de los hombres la agarró por detrás, se la echó al hombro y salió disparado hacia la salida.

—¡Chu! ¡Detenlo!