El criadero (Trilogía SG 3) (Thriller del FBI de Abby Kane 9) CAPÍTULO QUINCE
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CAPÍTULO QUINCE

—Abby, soy Archer.

Miré con fastidio el rastro de agua que había dejado en la tarima. —¿Qué puedo hacer por ti?

La buena noticia me levantó el ánimo. —Te agradezco la rapidez. Allí estaremos.

En cuanto colgué con Archer, le transmití la noticia a Kang.

—Genial. Paso a recogerte —dijo.

—Ven antes de las siete. Tenemos que dejar a los niños en el colegio.

Antes de bajar, me asomé a la habitación de Lucy y le solté un discurso motivacional para que se diera prisa. —Muévete.

Ryan ya estaba vestido y sentado a la mesa del comedor.

—Buenos días, Abby —dijo alegremente.

—Buenos días. Vaya, hoy estás de muy buen humor.

—Hoy tengo un examen de estudios sociales que sé que voy a bordar. Y también es el día de inscripciones para la Policía Juvenil.

Los miembros de la Policía Juvenil ayudaban a controlar el tráfico antes y después del colegio. Puede que hicieran otras cosas, pero no estaba segura.

—No sabía que te interesaba el programa de la Policía Juvenil.

—Sí, es algo que se me acaba de ocurrir probar.

Era otra señal más del creciente interés de Ryan por las fuerzas del orden. Supongo que debería alegrarme; podría conformarse con ser un vago.

Fui a la cocina a ver qué tal Po Po. —¿Necesitas ayuda?

—No, ve a sentarte —dijo—. Lucy dice que ella ayuda.

Po Po todavía llevaba su camisón azul con flores amarillas. Sus zapatillas hacían un sonido rasposo contra el suelo al caminar. Me preparé una taza de té antes de volver al comedor, cruzándome con Lucy por el camino.

A Lucy le había cogido el gusto a traer la comida de la cocina y ponerla en la mesa del comedor.

También había adquirido la costumbre de anunciar cada plato.

—Hoy tenemos deliciosos huevos revueltos con bacon crujiente —dijo al volver de la cocina.

Dejó la fuente en la mesa. Luego salió corriendo y volvió con otro plato—.

Su segunda opción de plato principal son tortitas de plátano. Que disfruten.

Quizás sea una chef de renombre mundial cuando crezca... o una camarera entusiasta. Al momento, sonó el timbre. Kang había llegado temprano, justo a tiempo para el desayuno.

Lo recibí con: —Pensé que vendrías más tarde.

—Bah, me levanté pronto.

Después de comer, Kang y yo recogimos los platos de la mesa y los metimos en el lavavajillas. Los niños se despidieron de Po Po y todos nos subimos al todoterreno de Kang.

En cuanto los niños bajaron del coche, Kang sacó el tema del trabajo.

—¿Archer te dijo algo más esta mañana?

—No. ¿Por qué?

—Por nada. Me pregunto si será la misma rutina: tú en la sala, yo en la de observación.

—¿Quieres estar en la sala con ella?

—No. Creo que es mejor que se reúna contigo a solas.

—Seguro que querrá verte. Ya improvisaremos.

Archer nos esperaba cerca de la entrada del Edificio D con sus vaqueros y sudadera de siempre. Las gafas de sol negras le tapaban los ojos y mascaba chicle con ese gesto tan suyo.

—¿Qué le pasa a este tío? ¿No tiene un traje? —susurró Kang mientras bajábamos del coche.

—Agente Kang, agente Kane —nos llamó Archer—.

Gracias por la puntualidad. —Nos sostuvo la puerta abierta y nos indicó que pasáramos delante.

Luego nos guio por el pasillo de siempre y a través de numerosas puertas de seguridad.

Siempre era igual: apenas había personal, solo el repiqueteo de nuestros zapatos contra las baldosas.

Esta vez noté un fuerte olor a amoníaco.

Por el camino, Archer explicó que él y Kang observarían mientras yo me reunía con Xiaolian.

—¿Está en la sala de recreo? —pregunté.

—No. —No se molestó en dar más detalles.

—¿El Dr. Yates se unirá a nosotros?

—El Dr. Yates ya no participa.

Fruncí el ceño. —Es una pena. Pasó mucho tiempo estudiando a Xiaolian.

—Así es, pero ¿de qué nos sirvió?

—Solo lo comento.

Cruzamos una puerta de seguridad que no habíamos atravesado antes.

Daba a un ala del edificio a la que no había tenido acceso en visitas anteriores.

Nos detuvimos frente a dos puertas contiguas.

Una tenía la etiqueta A1 y la otra A2. Archer nos hizo pasar a la A1.

Era una sala de observación estrecha con un gran panel de cristal.

Había un mostrador de madera justo debajo de la ventana con cuatro sillas debajo.

La sala al otro lado del cristal tenía una mesa pequeña y dos sillas.

—¿Dónde está? —pregunté.

—Esperad aquí —dijo Archer.

Kang y yo nos sentamos mientras él salía.

—Me pregunto por qué tanto secretismo —reflexionó Kang.

—Un poco inquietante, ¿verdad?

—Un poco al estilo Hannibal Lecter.

Pasaron unos momentos antes de que se abriera la puerta de la habitación contigua. Entró Xiaolian arrastrando los pies, con esposas y una cadena de cintura, vestida con ropa más propia de una presa. Tenía los ojos apagados, y el ceño fruncido había sustituido la sonrisa que solía llevar.

—Parece agotada —dije—. ¿Qué demonios le han estado haciendo?

—Privándola de sueño, diría yo —dijo Kang.

Archer le dijo a Xiaolian que tomara asiento y esperara. Apareció en la sala de observación unos segundos después.

—¿Está bien? —pregunté rápidamente.

—Está bien.

—No lo parece.

—Las apariencias engañan. Puedes entrar cuando—

Salí de la sala de observación antes de que Archer pudiera terminar la frase.

Abrí la puerta lentamente y me asomé. Xiaolian mantenía los ojos fijos en la mesa.

—Xiaolian —dije mientras cerraba la puerta tras de mí.

Levantó la cabeza y una amplia sonrisa le iluminó el rostro.

—Abby, viniste.

—Claro que vine. Te dije que vendría a visitarte.

Cogí una silla del otro lado de la mesa y me senté a su lado.

—¿Cómo estás? ¿Comes y duermes bien?

Intentó levantar las manos esposadas, pero estaban sujetas a la cadena de cintura. Me incliné y le di un fuerte abrazo.

—Te echo de menos, Abby. Me siento muy sola aquí —me susurró al oído.

Oírla decir eso me llenó de rabia. Me levanté y caminé hacia el cristal. Aunque no podía ver a Archer, sabía que me oía.

—Quítale las cadenas ahora mismo.

No oí ningún movimiento al otro lado del cristal.

—No te lo estoy pidiendo —dije alzando la voz.

Segundos después, entró en la habitación y le quitó las cadenas a Xiaolian. Lo despedí en cuanto terminó. Una vez que se fue, Xiaolian me rodeó con los brazos y nos dimos un abrazo de verdad.

—Lo siento mucho, cariño —le dije—. No tenía ni idea de que te estaban tratando así.

—¿Por qué tardaste tanto en venir? Te esperé todos los días.

Me aparté para poder mirarla a los ojos.

—Es difícil de explicar, pero ya estoy aquí. Y no habrá más cadenas. ¿De acuerdo?

Asintió.

—¿Has venido a llevarme a casa contigo?

—Todavía no. Hay procedimientos que debemos seguir primero.

—Entiendo. ¿Está aquí el tío Kyle?

Sonreí.

—Sí. Entrará en breve. Primero, tenemos que hablar. Tengo entendido que quieres decirme algo.

—Bueno, no es que tenga que decirte algo, exactamente; es solo que se supone que debo hablar únicamente contigo.

—Protocolo, ¿verdad?

—Sí. ¿Dónde está el Dr. Wei?

—Al Dr. Wei le dispararon durante el ataque. Lo siento, pero no sobrevivió.

Xiaolian bajó la mirada hacia la mesa.

—Ya veo —dijo en voz baja.

—¿Erais cercanos?

—No mucho. Me comunicaba con él a través de otros, y solo lo conocí en persona en tu casa.

—¿Ah, sí?

—Pero sabía que vendría. El Dr. Lee me lo dijo.

—Es el hombre que te tuvo escondida en el motel, ¿verdad?

—Sí. Se aseguró de que entendiera el protocolo.

Se inclinó hacia delante y susurró:

—¿Están escuchando?

—Sí —le susurré—. Pero podemos seguir hablando así, si quieres.

—Eso estaría bien.

A partir de ese momento, hablamos en susurros. Para mis adentros, crucé los dedos esperando que fuéramos lo bastante silenciosas como para que los micrófonos no captaran nuestras voces.

—Tengo algunas preguntas. ¿Te parece bien?

Xiaolian asintió.

—Lo primero que quiero saber es cómo escapaste de las instalaciones y cómo sabías que el Dr. Wei estaría en mi casa.

—El Dr. Lee me dijo qué día vendría el Dr. Wei —dijo Xiaolian—. Me dijo que tenía que hacer todo lo posible por escapar y reunirme con él en tu casa.

—¿En serio? ¿Cómo podía estar tan seguro de que saldrías de aquí y llegarías a mi casa?

—Llevaba trabajando en un plan desde el primer día que llegué aquí. Es lo que me dijeron que hiciera si alguna vez acababa en una instalación gubernamental. Esta es una instalación gubernamental, ¿verdad?

No pude evitar reírme.

—Sí, lo es.

—Entonces, ¿cómo escapaste?

—Aprendí el horario del Dr. Yates. Es muy predecible. También aprendí el horario de los guardias y tomé nota de dónde estaban todas las cámaras de las instalaciones.

—Pero no tenías tanto acceso.

—No, pero tenía el suficiente. Lo que no podía ver lo averigüé haciéndole preguntas discretas al Dr. Yates.

Se rio.

—No tenía ni idea.

—Así que una vez que tuviste toda esa información, solo te faltaba robar la tarjeta de seguridad del Dr. Yates.

—Es bastante despistado. Pensaría que simplemente la había perdido. También le sacaba unos dólares de la cartera cada vez que tenía oportunidad. Solo lo suficiente para que no lo echara en falta. Para el taxi.

Sonrió.

—¿Y cómo saliste de allí?

—Hay un servicio que lava la ropa de cama.

—Seguramente no vienen todos los días.

—No, pero ya le había dicho al Dr. Jian qué días venían, y él dijo que le avisaría al Dr. Wei para que estuviera en tu casa ese día.

«Inteligente» se quedaba muy corto para describir a Xiaolian. Lo que había logrado requería no solo un entrenamiento exhaustivo, sino también determinación y valentía. Y hacer todo eso con solo doce años... como diría mi padre, esta chica tenía más cojones que nadie.

Me aparté de nuestro pequeño grupo, saqué la tableta del bolso y la dejé sobre la mesa.

—¿Has visto esto antes?

—No. ¿Es para mí? —preguntó.

—No exactamente. Hay algo que quiero que veas.

Reproduje el vídeo del doble de Putin.

Se le iluminaron los ojos de inmediato.

—¡Es Vlad! —gritó.