Impactos
El pasillo todavía vibraba.
Polvo fino caía del techo como ceniza.
Las luces parpadeaban en intervalos irregulares.
El latido grave de las cápsulas seguía marcando el ritmo, pero ahora estaba acompañado por otra cosa.
Golpes.
Lejanos.
Sordos.
Como si un gigante estuviera pateando el edificio desde afuera.
Kael no apartaba la vista de la cápsula.
De Lira.
O de lo que fuera eso.
Su mente seguía atorada en la última frase de Vaeron.
Reposición.
Como si la hubiera reemplazado por una pieza nueva.
Como si nunca hubiera sido una persona.
Thoren respiraba por la boca.
Mandíbula apretada.
Ojos rojos.
No por lágrimas.
Por rabia.
—La sacamos —gruñó—. Aunque tenga que arrancar el piso.
Dio un paso.
Vaeron no retrocedió.
Solo observó.
Otro golpe.
Más fuerte.
El pasillo tembló.
Varias cápsulas tintinearon.
Kael miró arriba.
—¿Qué está pasando…?
No hubo respuesta.
Vaeron ladeó apenas la cabeza.
Como si escuchara algo distante.
Luego volvió a mirarlos.
—Han interferido suficiente.
Y dio un paso al frente.
— — — — — — — — — — —
Afuera
La nave pasó rozando la fachada del edificio.
Tan bajo que el metal casi raspaba los ventanales.
Maeryn inclinó el timón con precisión quirúrgica.
—Cinco segundos para recarga.
—Listo —respondió Caldren.
Lira ya estaba apuntando.
No hablaban más de lo necesario.
No gritaban.
No celebraban impactos.
Solo números.
Tiempos.
Ángulos.
Las torretas exteriores ya eran chatarra humeante.
El perímetro inmediato estaba limpio.
Pero el edificio seguía activo.
Vivo.
Respirando.
—Ahora.
Caldren disparó.
El retroceso sacudió toda la nave.
Un proyectil atravesó dos pisos del costado.
Explosión interna.
Concreto volando.
Chispas.
Oscuridad momentánea tras las ventanas.
Maeryn ya estaba girando.
—Enfriando.
—Tres segundos.
—Dos.
—Uno.
Volvieron a disparar.
Buscaban disparar solo en las columnas.
Ninguno sabía si ellos estaban ahí, expuestos.
Ninguno quería pensarlo.
No podían darse el lujo de entrar y exponerse a ser capturados también.
Querían confiar que esto funcionaría.
— — — — — — — — — — —
Adentro
El techo crujió.
Una línea recorrió el concreto.
Algo colapsó en el nivel superior.
Un trozo de pared cayó entre Kael y Vaeron.
Polvo.
Fragmentos.
Ruido ensordecedor.
Kael no esperó.
Corrió.
Golpe directo.
Vaeron lo bloqueó por centímetros.
Pero ya no fue perfecto.
El impacto lo movió medio paso.
Thoren entró por el costado.
Patada baja.
Costillas.
Sonido seco.
Vaeron giró.
Codo al cuello.
Thoren rodó por el suelo.
Pero se levantó al instante.
—No pares —gruñó Thoren.
—Jamás —respondió Kael.
Ya no cargaban de frente.
Ya no iban uno por uno.
Ahora entraban alternados.
Uno distraía.
El otro golpeaba.
Retirada.
Cambio.
Golpe.
Cambio.
Otra vez.
Vaeron retrocedió por primera vez.
Solo un paso.
Pero fue real.
Otro impacto lejano.
El piso vibró.
El equilibrio se rompió un segundo.
Kael aprovechó.
Rodillazo al abdomen.
Directo.
Sólido.
Vaeron lo miró.
Sorprendido.
No por dolor.
Por el cálculo.
Algo no cuadraba.
— — — — — — — — — — —
Afuera
La nave cruzó entre dos torres.
Chispas rozando los laterales.
—Recarga lista.
—Dispara al soporte estructural.
Lira apretó el gatillo.
El disparo atravesó el edificio en diagonal.
Explosión interna.
Varias ventanas estallaron al mismo tiempo.
Como una cadena de bombillas rompiéndose.
Maeryn no miró atrás.
—Otra pasada.
—Vamos.
— — — — — — — — — — —
Adentro
El pasillo se inclinó.
Todo se fue hacia la izquierda.
Cápsulas chocando.
Cristal vibrando.
Alarmas lejanas.
Vaeron perdió apoyo medio segundo.
Suficiente.
Thoren lo embistió.
Los tres cayeron contra una fila de cápsulas.
Una se soltó.
Cayó.
Rodó.
Se partió.
El líquido se desparramó por el suelo.
Un cuerpo inconsciente quedó expuesto.
Nadie lo miró.
No había tiempo.
Puñetazos.
Codos.
Rodillas.
Todo cerrado.
Brutal.
Sin estilo.
Sin elegancia.
Kael acertó en la mandíbula.
Algo crujió.
Vaeron giró demasiado tarde.
El golpe no fue limpio.
Fue humano.
Pesado.
Real.
Por primera vez…
Vaeron respiró más fuerte.
No jadeo.
Pero el ritmo cambió.
Un microsegundo de retraso.
Thoren sonrió con sangre en los dientes.
—Ahora sí te duele, ¿eh?
Otro estruendo.
Más cercano.
Parte del techo colapsó.
Los tres se separaron.
Concreto cayendo entre ellos.
Polvo espeso.
Nada se veía.
Silencio.
Solo tos.
Cuando el polvo bajó…
Vaeron seguía de pie.
Pero su ropa estaba rasgada.
Manchada.
Un engranaje interno asomaba por el costado.
Y no lo ocultó.
Ni intentó arreglarlo.
Solo los miró.
Y por primera vez…
no parecía perfectamente compuesto.
Parecía…
irritado.
—Interferencia externa —murmuró.
Como si procesara datos.
Como si algo no estuviera en su plan.
Kael levantó los puños.
Thoren a su lado.
Hombro con hombro.
Sangrando.
Pero firmes.
—Otra vez —dijo Kael.
—Hasta que caiga —respondió Thoren.
Corrieron.
Juntos.
Y entonces—
Vaeron levantó la mano.
No como un golpe.
No físico.
Algo distinto.
El aire vibró.
Un zumbido eléctrico llenó el pasillo.
Las luces estallaron.
Las cápsulas chisporrotearon.
Y una onda invisible explotó hacia adelante.
El mundo se volvió blanco.
Kael sintió que algo lo arrancaba del suelo.
Su cuerpo salió disparado hacia atrás como si lo hubiera golpeado un tren.
Atravesó dos cápsulas.
Cristal explotando.
Metal doblándose.
Y desapareció entre escombros.
Silencio.