El Corazón Perfecto (La Guerra de los Eternos 2) Mientras sigamos respirando
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Mientras sigamos respirando

El viento golpeaba el cristal con intervalos irregulares.

Nada más.

Ni disparos.

Kael seguía sentado en el suelo.

Espalda contra la pared.

Piernas extendidas.

La cabeza caída hacia atrás.

Miraba el techo sin verlo realmente.

Las luces blancas del edificio le molestaban los ojos.

Demasiado limpias.

Demasiado intactas.

Como si nada hubiera pasado.

Como si la ciudad no estuviera ardiendo varias calles abajo.

Intentó tragar saliva.

Le dolió la garganta.

Sabor metálico.

Sangre seca.

Se limpió la boca con la manga.

Peor.

La tela raspó los labios partidos.

—Maldición… —murmuró.

Thoren no se había movido mucho.

Seguía apoyado contra el cristal.

Un brazo cruzado sobre el abdomen.

Respirando lento.

Controlado.

Pero cada vez que inhalaba demasiado profundo, el pecho se le trababa.

Costillas.

Seguro algo mal ahí también.

Aun así, no se quejaba.

No hacía ruido.

Solo miraba la ciudad.

Callado.

Demasiado callado.

Pasaron varios segundos.

O minutos.

Difícil saberlo.

El tiempo ahí arriba era raro.

Se estiraba.

Se aplastaba.

Kael habló primero.

Sin mirar a Thoren.

—Oye.

Silencio.

—Thoren.

—Sigo aquí.

La voz salió grave.

Seca.

No molesta.

Solo… cansada.

Kael soltó el aire por la nariz.

—Pensé que te habías muerto sentado.

—Todavía no.

Otra pausa.

—Me daría flojera levantarme para eso.

Kael soltó una risa corta.

Dolió.

Pero fue risa.

Volvió el silencio.

Más pesado ahora.

Kael apoyó la cabeza contra la pared.

Cerró los ojos.

—Allá abajo están muriendo por nosotros.

—Por lo que creen que somos.

—¿Y si ya perdieron?

Thoren respiró lento.

—Entonces ya perdieron.

Sin dramatismo.

Sin tristeza.

Solo un hecho.

Como decir “está lloviendo”.

El viento volvió a golpear el cristal.

Más fuerte.

El edificio crujió levemente.

Kael abrió los ojos.

—Odio no poder hacer nada.

—Yo también.

—¿Y ahora qué?

Thoren tardó.

Pensó.

Miró el suelo.

Luego a Kael.

—Mientras sigamos respirando… caminamos.

Nada heroico.

Nada épico.

Solo lógica.

Bruta.

Simple.

Si estás vivo → te mueves.

Si te mueves → peleas.

Hasta que ya no puedas.

Kael asintió.

—Gran plan.

—Es el único.

Se quedaron sentados unos segundos más.

Recuperando lo poco que podían.

Luego Kael apoyó las manos en el suelo.

Se incorporó primero.

Las piernas le fallaron.

Se sostuvo en la pared.

El mundo giró.

Esperó.

Respiró.

Se enderezó.

Thoren lo siguió.

Se puso de pie más lento.

Se estiró apenas.

Algo crujió en su espalda.

Hizo una mueca.

Luego soltó:

—Creo que me rompí algo.

—¿Importante?

—No sé. Pero suena caro.

Kael resopló.

—Pues arréglalo después de la guerra.

—Claro. Lo anoto.

Ese era el Thoren de siempre.

Golpeado.

Ensangrentado.

Pero todavía burlándose.

Todavía él.

Y eso, extrañamente… ayudaba.

Caminaron.

Despacio.

Sin prisa.

Cada paso dolía.

Pero caminar dolía menos que quedarse.

La terraza ya no tenía nada que ofrecer.

Solo viento y vistas lejanas de una guerra que tal vez ya había terminado.

O tal vez no.

Peor aún: no saberlo.

Llegaron a la puerta.

Automática.

Limpia.

Intacta.

Como si los hubiera estado esperando.

Kael levantó la mano para empujar.

No hizo falta.

Las hojas se abrieron solas.

Silenciosas.

Y entonces…

el edificio tembló.

No fuerte.

Pero profundo.

Como un golpe desde dentro.

Las luces parpadearon.

El suelo vibró.

Los dos perdieron el equilibrio un segundo.

—¿Eso qué fue…? —murmuró Kael.

Thoren miró alrededor.

—No lo se.

Otro golpe.

Más cercano.

Algo pesado.

Lejano.

Como artillería.

Pero dentro del edificio.

Se miraron.

Confusión.

No sabían.

No podían saber.

Dieron un paso.

El piso crujió.

Una línea fina se abrió bajo sus botas.

Luego otra.

Luego muchas.

—Espera—

Demasiado tarde.

El suelo cedió.

De golpe.

Sin advertencia.

Cayeron.

Polvo.

Concreto.

Chispas.

Un segundo de vacío.

Luego impacto.

Rodaron entre escombros.

Golpes en hombros.

Espalda.

Piernas.

Nada mortal.

Pero dolía.

Todo dolía.

Se quedaron quietos un instante.

Aturdidos.

Respirando polvo.

Luego tosieron.

Se levantaron.

El lugar donde habían caído era distinto.

Más oscuro.

Más frío.

No era terraza.

No era pasillo.

Era otra cosa.

Más profundo.

Más técnico.

Más… oculto.

Frente a ellos…

filas.

Ordenadas.

Cilíndricas.

Verticales.

Cristal.

Metal.

Conectadas por cables.

Decenas.

Tal vez cientos.

Silenciosas.

Esperando.

Kael frunció el ceño.

Thoren también.

Sabían qué eran.

Algo en el estómago se les hundió.

Como cuando reconoces un problema antes de entenderlo.

Como cuando ves algo que no debería estar ahí.

Y aun así está.

Ninguno habló.

Solo miraron.

Y el silencio volvió a ser pesado.