El corazón del Beacon (Colección: Corazón y memoria nº 2) Capítulo 29
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Capítulo 29

El secreto y la sospecha

Haven Bay — Martes

Audrey entró en la redacción con una inquietud que no sabía explicar del todo. El periódico funcionaba a su ritmo habitual: teléfonos, teclados, café. Y sin embargo, algo en el ambiente parecía diferente.

Al pasar junto al escritorio de Fanny, vio la pantalla de su ordenador.

Pregúntale a la tía Hope.

Audrey se detuvo.

Miró a Fanny.

—Lo sabía.

Fanny levantó la vista, desconcertada.

—¿Sabías qué?

Audrey señaló la pantalla.

—Que eras tú.

Fanny se quedó inmóvil.

—¿Cuánto tiempo llevas escribiendo la columna?

Durante unos segundos, pareció debatirse entre seguir ocultándolo o decir la verdad.

—Cuando Millie se hizo cargo, la ayudaba a veces. Luego enfermó y me pidió que continuara.

Audrey procesó la información.

—Así que fuiste tú todo este tiempo.

—Sí.

—¿Y nadie lo sabía?

Fanny negó con la cabeza.

—Millie me hizo prometer que lo mantendría en secreto. Nadie sabía que yo la escribía. Ni siquiera Morgan.

La puerta se abrió.

Morgan entró y se detuvo al verlas.

Su mirada pasó de Fanny a Audrey.

—Así que lo descubriste.

Audrey se volvió hacia él.

—Sí. Y ahora me pregunto cuánto más no me has contado.

Morgan frunció el ceño.

—Yo no sabía nada de esto.

—¿Nada?

—Nada.

Fanny intervino antes de que la tensión fuera a más.

—Es verdad. Millie me hizo jurar que lo mantendría en secreto. Morgan no tenía ni idea.

Audrey los miró a ambos. La explicación tenía sentido, pero no eliminaba la incomodidad.

Fanny recogió sus cosas.

—Creo que ya he dicho suficiente.

Salió justo cuando Clifton apareció en el pasillo y la siguió.

Morgan y Audrey se quedaron solos.

Él cerró la puerta.

—Tú también me has estado mintiendo.

Audrey lo miró, confundida.

—¿Sobre qué?

Morgan tardó un momento en responder.

—Sobre por qué estás aquí.

Ella se quedó inmóvil.

—¿Qué estás insinuando?

—Que viniste aquí sabiendo que Harrison iba a comprar el periódico.

Audrey soltó una risa breve e incrédula.

—¿De verdad piensas eso?

—Dennis quiere todo esto. El periódico, la gente que trabaja aquí... todo. Y tú apareciste justo entonces.

—Aparecí porque me enviaron a escribir un artículo.

—¿Y esperas que crea que es una coincidencia?

La indignación de Audrey empezó a imponerse a la confusión.

—Sí. Porque es la verdad.

Morgan apartó la mirada.

—No puedo creer que confiara en ti.

Eso dolió más de lo que Audrey había esperado.

—¿Confiaste en mí?

Morgan no respondió.

—Me animaste a escribir. Me dijiste que era buena. Incluso me ofreciste un trabajo aquí. ¿Y ahora piensas que soy una espía?

—Harrison va a despedir gente. Van a cambiar todo el periódico.

—Eso no es culpa mía.

—¿Qué te ofreció Dennis?

Audrey lo miró fijamente.

—Nada.

—¿Tu puesto? ¿Mi puesto? ¿Acceso a nuestra información?

—No tengo acceso a nada que no necesite para mi artículo.

Se acercó.

—Y no he traicionado a nadie.

Morgan permaneció en silencio.

—Puede que sea ambiciosa —continuó Audrey—. Quiero avanzar en mi carrera. Pero eso no significa que esté dispuesta a usar a la gente para conseguirlo.

Morgan bajó la cabeza.

La ira empezaba a ceder ante algo más incómodo: la duda.

—Dennis nunca dijo que estuvieras trabajando para él —admitió.

Audrey lo miró.

—Entonces te montaste toda esta acusación tú solo.

Morgan se pasó una mano por la frente.

—Probablemente.

—No. Sin duda.

Él levantó la vista hacia ella.

Audrey respiró hondo antes de continuar.

—Te gusta decir que las buenas historias empiezan cuando miras más allá de los hechos. Pero esta vez ni siquiera te tomaste la molestia de comprobarlos.

Morgan no supo qué responder.

Por primera vez desde que lo conocía, Audrey no parecía enfadada.

Parecía decepcionada.

—Eso es lo que más me molesta —dijo ella—. Que tú, precisamente tú, fueras incapaz de preguntarme antes de juzgarme.

La puerta se abrió de nuevo.

Clifton apareció en el umbral.

—Aquí estás, Fanny...

Se detuvo al darse cuenta de que Fanny se había ido.

—Bueno. Supongo que llego tarde.

Audrey recogió sus cosas.

—Tengo que terminar mi artículo.

Pasó junto a Clifton y se marchó.

Morgan se quedó solo en la oficina.

Vio cerrarse la puerta y se dio cuenta de que el problema ya no era solo el periódico.

Había logrado algo que, hasta entonces, había parecido imposible:

que Audrey dejara de confiar en él.