El corazón del Beacon (Colección: Corazón y memoria nº 2) Capítulo 28
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Capítulo 28

El precio de una firma

Haven Bay — Martes por la tarde

Morgan llegó al periódico y encontró a su padre en la oficina, revisando documentos en su tableta.

—Hola, papá.

Clifton levantó la vista.

—Hola, hijo.

Morgan dejó dos cafés sobre el escritorio.

—Hay otra gotera en el techo. En el mismo sitio. Creo que deberíamos cambiar las tuberías de una vez por todas.

Clifton hizo una mueca.

—Eso va a costar.

—El abuelo siempre decía que lo barato sale caro. Si vas a hacerlo, hazlo bien.

Clifton sonrió con cansancio.

—Era un hombre inteligente. Pide presupuestos.

—Lo haré.

Morgan le entregó su café.

—Doble crema.

—Te acordaste.

Morgan estaba a punto de irse cuando notó el documento abierto en la pantalla.

Se detuvo.

—¿Qué es eso?

Clifton no respondió de inmediato.

Morgan se acercó.

Reconoció el logo de Harrison Group y algo se le encogió por dentro.

—Papá...

Clifton bajó la mirada.

—Lo firmé.

Morgan se quedó completamente inmóvil.

—¿Firmaste el contrato?

—Sí.

—¿Y las condiciones de las que hablamos? ¿El personal? ¿La autonomía? ¿La inversión en tecnología?

Clifton respiró hondo.

—No todo salió como queríamos.

Morgan lo miró con incredulidad.

—Entonces no conseguiste lo que pedimos.

—Confío en Dennis.

—Ese es exactamente el problema.

El teléfono sonó.

Clifton contestó.

—Dennis.

Morgan se alejó unos pasos pero permaneció allí.

—Tenemos el contrato firmado —dijo Dennis al otro lado—. Todo está en marcha. Estoy encantado de que el Beacon pase a formar parte del grupo.

Clifton cerró los ojos por un momento.

—¿Qué significa eso exactamente?

—Significa que Harrison se hará cargo de las operaciones.

Morgan levantó la vista.

Clifton se enderezó en su silla.

—Hablamos de mantener nuestra autonomía.

—Algunas personas mantendrán sus puestos. Morgan, Josh, Mary Kate, quizás Greg. Pero la estructura cambiará. Las decisiones operativas pasarán al grupo.

Morgan soltó una risa seca.

—Ahí está.

Clifton le hizo un gesto para que esperara.

—Dennis, eso no es lo que entendimos.

—Clifton, el contrato permite la integración. No hay ningún problema legal.

—No puedes hacer eso.

—Ya está hecho.

Se hizo un silencio.

—Hablaremos mañana. Tranquilo. Te veré en la isla. Traeré a alguien de Harrison para supervisar la transición.

La llamada terminó.

Clifton dejó el teléfono lentamente sobre el escritorio.

Morgan lo miró.

—Te dije que esto iba a pasar.

—Lo sé.

—No, papá. Te lo dije porque sabía cómo funciona esto. Primero compran el periódico. Luego cambian la estructura. Después empiezan a decidir qué historias vale la pena contar.

Clifton se pasó una mano por la cara.

—Pensé que estaba protegiendo a la familia.

—¿De qué?

—De tener que luchar para mantenerlo.

Morgan señaló la pantalla.

—Esto no nos protege. Nos quita lo único que tenemos.

Clifton guardó silencio.

—Nunca les di una lista de nuestro personal —dijo finalmente—. Pensé que eso nos protegería.

—No necesitan una lista. Solo tienen que leer lo que publicamos.

Morgan se dejó caer en una silla.

Durante varios segundos, ninguno de los dos habló.

El periódico seguía funcionando al otro lado de la puerta. Los teléfonos sonaban. Alguien se reía en la redacción. Una impresora se puso en marcha.

Todo parecía igual.

Pero no lo era.

—¿Sabes qué es lo peor? —dijo Morgan finalmente.

Clifton lo miró.

—En unos meses, todavía se llamará el Beacon. Nuestras historias seguirán en los archivos. La gente seguirá entrando por esa puerta.

Hizo una pausa.

—Pero ya no será nuestro periódico.

Clifton bajó la vista hacia la firma digital.

Morgan respiró hondo.

—Se convertirá en otro periódico del Harrison Group. Uno más.

Clifton no dijo nada.

Y por primera vez, ninguno de los dos logró convencerse de que aquello pudiera ser lo mejor.