El corazón del Beacon (Colección: Corazón y memoria nº 2) Capítulo 23
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Capítulo 23

El lugar al que perteneces

Haven Bay — Domingo por la tarde

El artículo estaba casi terminado.

Audrey había pasado horas frente al ordenador. Fuera, la tarde comenzaba a desvanecerse y las primeras luces del pueblo se encendían al otro lado de las ventanas.

Jane se inclinó sobre su hombro y leyó el párrafo final.

«La historia del Haven Bay Beacon no está hecha únicamente de sus fundadores o de Morgan Cooper, el hombre de quien se espera que tome el relevo. Está hecha de las personas que han vivido en torno a sus páginas: sus pérdidas, sus amores, sus errores y sus segundas oportunidades.»

Audrey no dijo nada.

Jane continuó leyendo.

«Durante generaciones, el periódico ha sido parte de la vida de esta comunidad porque la comunidad también ha sido parte de la vida del periódico.

Sus ideales —la buena voluntad, la honestidad, el valor y la disposición a escuchar— no pertenecen a una familia.

Pertenecen a todos los que han encontrado en estas páginas una razón para seguir adelante. »

Se detuvo.

—Este es tu mejor artículo.

Audrey hizo una mueca.

—¿No es demasiado sentimental?

—No.

Jane volvió a mirar la pantalla.

—Es humano.

Audrey sonrió, aunque la inseguridad no había desaparecido del todo.

Jane cerró el portátil.

—Ahora dime la verdad.

—¿Sobre qué?

—¿Te estás enamorando de Morgan?

Audrey la miró como si acabara de hacerle la pregunta más absurda del mundo.

—No.

—Audrey...

—No me estoy enamorando de Morgan. Somos amigos.

Jane esperó.

—Además, creo que me estoy enamorando del pueblo.

—¿Del pueblo?

—Sí.

Jane sonrió.

—Por supuesto.

Audrey se levantó para evitar su mirada y se puso a recoger sus papeles.

—¿Qué?

—Nada.

Jane cogió el periódico que había sobre la mesa.

—Veamos qué tiene que decir hoy la Tía Hope.

Audrey volvió a sentarse.

Jane encontró la columna.

—Aquí hay una.

Leyó:

—Querida Tía Hope: Tengo una oportunidad de trabajo en la gran ciudad. Sería un paso importante en mi carrera, pero significaría dejar atrás a mis amigos y a mi familia. También tengo una oportunidad de crecer aquí. No sé si debería arriesgarme e irme o quedarme donde estoy. ¿Qué debería hacer?

Audrey dejó de mover los papeles.

Jane continuó.

—Querido Perdido en el mar: No siempre tienes que cruzar toda la isla para encontrar tu camino. A veces basta con detenerte y mirar dónde estás. El futuro no siempre te espera en el lugar al que quieres llegar. A veces está justo delante de ti. Tía Hope.

Jane cerró el periódico.

Ninguna de las dos habló durante varios segundos.

—Un faro —dijo Audrey finalmente.

Jane la miró.

—¿Qué?

—Está hablando de un faro.

—Sí.

Audrey miró hacia la ventana.

Desde allí podía distinguir, a lo lejos, la luz que barría la bahía.

Había venido a Haven Bay para escribir sobre un periódico que había ganado un Pulitzer.

Luego había descubierto una familia, una comunidad, una columna misteriosa y un hombre que no se parecía en nada al que había imaginado antes de conocerlo.

Y ahora se enfrentaba a una elección que se parecía demasiado a la pregunta que acababan de leer.

Quedarse.

O irse.

Jane no dijo nada.

No tenía que hacerlo.

Por primera vez, Audrey comprendió que quizás la pregunta no era qué decisión podía impulsar su carrera.

La pregunta era otra.

¿Dónde quería estar cuando su vida dejara de ser nada más que una carrera?