El Colegio del Fin del Mundo 18. La Combinación Incorrecta #3
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18. La Combinación Incorrecta #3

—Nuestro Señor no responderá nunca al llamado de un ser sin vida, pues…

ese es un llamado falso. Tiene que ser hecho así y con estos signos que son los símbolos del cielo…

y cuya complejidad, una máquina cualquiera no entendería ni percibiría sin importar cuán avanzada sea.

Sé que vos… lo podéis hacer, pues sois perseverante.

Lo que pido de vos es eso, pues os aseguro que no hay…

empresa más sagrada que el reencuentro con el Creador…

La extensión de vida que me fue dada ya se extingue…

por favor, por lo más sagrado acometed esta empresa con profunda fe…

Ahora una advertencia: sed prudente, seguid fielmente…

las instrucciones dibujadas en el tablero porque si acaso no fuera hecho de esa manera…

El anciano cadáver se detuvo sin completar su último mensaje.

Se quedó callado, sus ojos fijos en Desdémona y un quejido leve, que acaso era de dolor o tal vez sorpresa, fue todo lo que salió de su boca desdentada.

Tocó la frente del anciano como si fuera un objeto que temiera romper y al hacerlo un polvillo fino empezó a caer.

Al principio fue apenas un poco y luego bastante más.

A medida que el polvillo caía, el escaso cabello blanquecino fue desapareciendo, luego fue la piel infinitamente arrugada.

Al final, los ojos casi ciegos y la flácida carne se deshicieron hasta que los huesos quedaron expuestos.

Asombrada Desdémona retrocedió y notó que al lado del esqueleto estaban los símbolos que había mencionado el antiguo caballero.

Los tomó y los llevó al tablero sintiendo una mezcla singular de pena y extrañeza por el hombre al que había conocido tan brevemente.

Con cuidado, vio las instrucciones que parecían haber sido adecuadas para que las siguiera un humano y comenzó a colocar y a combinar las piezas, una a una.

Desdémona tenía pensado salir más tarde y pedir auxilio, no antes de cumplir con su promesa.

Pronto se sintió arrepentida de su propia terquedad, pues lo que parecía una tarea fácil demoró ya que los pasos a seguir en cada proceso eran engorrosos a más de numerosos.

Cada combinación demandaba un proceso diferente como si se tratara de rituales escondidos en esas instrucciones, pero ella apretó sus dientes y continuó.

Había llegado hasta ese punto, le quedaba terminar.

“Faltan siete”, se dijo en un momento dado a manera de consuelo, pero ya para ese momento estaba irracionalmente cansada, tanto que su vista se le nublaba.

Sin querer, soltó una de las piezas y aquella cayó sobre la combinación que estaba intentando en ese momento derribando a las otras piezas como resultado.

Ofuscada, recogió las piezas caídas y las puso en un orden cualquiera sin casi darse cuenta de lo que estaba haciendo.

—¡No, no! —dijo al ver su error.

Aquella no era la combinación que buscaba y al darse cuenta se apresuró a remover las piezas sin lograr hacerlo porque estas, como por voluntad propia, parecían haberse pegado al sitio donde habían sido colocadas.

En eso, hubo un silencio completo y perfecto. Después, el suelo entero y la sala toda se estremecieron con un sonido horrible, haciendo que Desdémona cayera. El movimiento cesó tan rápido como había comenzado. Sintiendo escalofríos, se levantó preguntándose qué había pasado.

Todo estaba en silencio, apagado. Ya no se veían las imágenes del mundo lejano y portentoso, ni el cadáver del gigante extraterrestre o el esqueleto del anciano, ni los símbolos regados en el suelo, ni aún el tablero que aparecía cuando alguien se le acercaba.

Quedaban los símbolos de la última combinación, la que Desdémona había creado sin pensar, solos y como flotando en el aire en medio de una atmósfera clara, pero que no tenía una fuente perceptible ni definida.

Entonces, una luz cuyo origen no era visible, iluminó el enorme lugar.

—¿Sabes Desdémona? Esa debería ser la combinación correcta...

Ella se dio vuelta. Si el anciano había muerto, entonces alguien más estaba en la cueva y era ese alguien quien había traído la luz.

Encontró a un hombre alto y vestido con ropas oscuras simples pero elegantes.

Su rostro era pálido, de facciones hermosas, y sus cabellos eran profusamente negros.

Sin embargo, era sus ojos los que resaltaban.

Eran grises, inexpresivos y profundos cual el vacío que hay entre las estrellas.

—Si no estuviera colocada al revés —completó él mismo.

—¿Quién eres tú? No me digas que eres Dios… —dijo ella con emoción en su voz mientras se levantaba.

—¡Oh no! Por supuesto que no soy Él —dijo el recién llegado con acento helado en su voz—, pero lo conozco y sé que, si hubieras hecho la combinación correcta, Él habría venido para traer justicia y paz a este mundo, su justicia y su paz.

En cambio, me has llamado a mí, pues eso que está ahí, formado por los símbolos que tú misma colocaste, es mi nombre verdadero .

—¿Quién eres? —preguntó Desdémona temiendo la respuesta, aunque dentro de sí ya la sabía.

—Yo, mi querida Desdémona, soy la serpiente original, el primer ángel, el enemigo del Hombre. Gracias por llamar.

"Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero."

—Apocalipsis 12:9