El Colegio del Fin del Mundo 1. Acerca de Nuestra Señora
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El Colegio del Fin del Mundo

El Colegio del Fin del Mundo

Por Luis Bermudes

© inepub.com

1. Acerca de Nuestra Señora

H ola, estudio en Nuestra Señora y me llamo Alsino Quiroga. Sé que es medio bobo decir cómo te llamas y dónde estudias, aunque lo dije en otro orden, pero de alguna forma debo comenzar. Quiero hablar de mí y de lo que es ser alumno de este colegio.

Bien, si eres estudiante aquí, eso significa que eres especial.

Sé que todos los seres humanos somos especiales de un modo u otro, pero me refiero a serlo de verdad.

Si alguno de ustedes estuviera aquí con el resto de nosotros, entendería de lo que estoy hablando.

Este colegio es diferente, aunque eso no es aparente, quiero decir, no siempre uno se da cuenta y yo mismo no lo noté cuando ingresé hace…

, no me acuerdo, pero el caso es que yo tampoco noté nada.

A veces, tengo la impresión de que soy el único que siente que algo pasa.  Yo sé que eso no puede ser. Si algo es muy evidente, no puede ser que solo una persona lo note y los demás no. En ocasiones, me da por pensar que los otros sí se dan cuenta, solo que no lo dicen.

¿Qué ganan con ello?

A mí nadie me habla y me gustaría saber por qué.

Es triste, pero es así como me siento y por ello me suelo apartar pasando la mayor parte del recreo cerca de los baños de varones que están al norte, donde casi nadie va.

Puede parecer un hábito “oloroso” tal vez, pero Samuelito, que es el conserje del colegio, se encarga de tenerlo todo muy limpio, así que por ese lado como que no hay mucho de qué quejarse.

Así me la paso hasta que tengo que retornar a clase, pero bueno, a veces tengo tendencia a divagar un poco y qué, pues, así soy yo.

Continuaré pues pronto sonará el otro timbre, el del término del recreo.

Para comenzar, ahí está ese nombre, el del colegio, quiero decir: Nuestra Señora.

¿Nuestra Señora de qué? Algo no está bien en ese nombre.

A lo que me refiero es que (y es mi opinión nada más) es común que esas palabras vengan acompañadas de algo más.

Aunque creo en Dios, no sé tanto de religión, pero sé de lo que hablo.

Esas palabras no suelen venir solas. He escuchado de Nuestra Señora del Buen Suceso, por ejemplo.

¿Qué tal eso? O Nuestra Señora del Carmen, o Nuestra Señora del Santísimo Rosario.

Siempre aquello de Nuestra Señora viene acompañado de otras palabras, y así debería ser en este caso, pero no lo es.

¿O será que al padre Roland, el rector fundador del colegio, se le olvidó agregarle esa identificación? Ya está un poco viejito, el pobre.

Cuando le converso de esto, Cristian (mi único amigo en este lugar) dice que soy demasiado “inquisitivo” para mi edad.

Él siempre sale con esas palabras que no entiendo, pero finjo entender para luego, cuando él no está, consultar mi viejo diccionario y saber qué mismo me quiso decir.

La verdad no creo ser tan “inquisitivo” ni tampoco me siento ni quiero ser así.

Sherlock Holmes, ese personaje del que tanto habla el míster de Literatura, ese sin duda es recontra inquisitivo, pero yo tengo trece años y estoy en décimo de Básica, nada más.

Lo que sí soy es observador, aunque no soy sapo .

No creo que lo uno sea lo otro porque eso de ser sapo es cuando ves algo y después vas y se lo cuentas “a Raimundo y a todo el mundo”.

Yo nada más observo porque quiero saber.

La profe de Ciencias Naturales nos dijo una vez que el arma más poderosa de todo científico es su capacidad para observar y hacerlo objetivamente.

Mi objetivo es saber qué es ese algo que está aquí, que nos rodea y nos hace a todos diferentes.

Yo no lo sé, pero esa ignorancia no me deja tranquilo.

Eso y la linda sonrisa de Karen Espósito que está en otro paralelo y me lleva un año.

La verdad es que no sé si Karen es en realidad bonita, pero a mis ojos sin duda lo es.

Su cabello largo y negro que le llega a los hombros y que parece brillar cuando camina, su sonrisa tan amplia y cálida y ese lunar que tiene a lado de su labio superior, y sus ojos de color miel que al mirarte pareciera que te llevaran al infinito; todo eso la hace hermosa por fuera más allá de toda comprensión, aunque su belleza real la tiene dentro.

La he escuchado hablar con sus amigas y es tan linda en su manera de expresarse que te hace sentir bien sólo con oírla pues nunca critica, ni ofende, ni insulta.

Ella quiere ser doctora algún día, pediatra para ser más claros, y lo haría muy bien porque para eso de trabajar con los niños tú necesitas ser dulce y afectuoso y ella lo es.

Además, da los abrazos más cálidos que conozco.

Bien, no es que ella me haya abrazado, pero he visto cómo abraza a sus amigos, fuerte y sonriendo de felicidad al hacerlo.

¿Quién no quisiera ser abrazado de esa manera?

¿Quién no quisiera sentir el calor que sale de ella?

Espero que algún día ella me quiera abrazar a mí también.

Claro que primero tengo que hacerme amigo de ella y si no lo he hecho hasta ahora es porque tengo miedo de que reaccione como los demás y termine ignorándome igual que ellos y eso no lo podría soportar.

No creo que haya algo de malo en querer ser amado, pues todos lo merecemos.

En ocasiones me pregunto si esto es una obsesión.

¿Es el enamorarse una forma de estar obsesionado?

¿O sentirse así es algo completamente normal?

Estoy reuniendo valor para un día, muy pronto, ponerme frente a Karen y decirle quién soy y que deseo ser su amigo.

No le voy a revelar desde un principio que estoy enamorado de ella, pues podría tomarme por atolondrado y decidir alejarse de mí en lugar de dejar que me le acerque.

Pero es verdad que estoy de cabeza por ella y haría lo que me pidiese.

La verdad es que este sentimiento mío es tan fuerte que en ocasiones siento un dolor inmenso en el corazón.

Por eso, a veces creo que el amor es también dolor.

Uno puede sentir mil dolores y olvidarlos todos, pero el que produce el amor lo puedes recordar toda la vida .

Creo que debo tomarlo con calma. Si el destino quiere que Karen y yo seamos enamorados, eso pasará porque pasará.

Espero que sea así, pero yo ya me he decidido.

Aunque, me cuesta vencer mi timidez, lo haré mañana.

Esa es otra historia que algún día contaré, si tiene un final feliz, si es que todos llegamos a tener un final feliz o cuando menos uno normal, pues a veces las cosas que escucho acerca de lo que les ha pasado a otros chicos dan un poquito de miedo.

¿Está bien tener miedo? Cristian dice que sí, que es normal temer porque lo peor que puedes hacer es no hablar de estas cosas.

Es lógico que él lo diga, pues parece que nació sin miedo.

No se asusta fácilmente y todo le parece normal.

Cuando hablo con él, me siento tranquilo, en paz, es como si el mundo se callara para escucharnos.

Además, me apoya y es el único que parece entenderme.

Volviendo a lo del colegio, yo diría que lo peor de todo es que no hay manera de probar nada porque las cosas extrañas no pasan dentro de Nuestra Señora sino afuera.

Como el caso de aquel muchacho de primero de diversificado a quien sus papás encontraron en estado de shock, babeando en el piso.

El chico había estado en compañía de sus gatos y es de todo lo que se acuerda.

Pero a mí me han dicho que cuando una persona es encontrada babeando, así de la nada, es porque ha visto algo que por poco le hace perder la razón.

Y claro, por coincidencia, él estudia en Nuestra Señora .

¿Qué hay de ese chico que un día amaneció sin un ojo?

Ese niño estudia en primero de básico en este colegio .

Pobre, recién llega y le pasa algo así. Hasta apodo tiene ahora.

¿Y las chicas que encontraron golpeadas casi al borde de la muerte la mañana después de que jugaron con un tablero de Ouija?

Todas son alumnas de este colegio. Las pobres no regresan todavía, pero parece que ya vienen la próxima semana porque hasta sicólogo les pusieron, y claro quien no necesita uno después de lo que les pasó, sea lo que sea la verdad no lo sé y me da cosa saber.

Yo mismo tengo un secreto y Cristian también tiene uno. Yo sé que lo tiene, una historia que me dirá cuando esté listo para hacerlo. No se puede hacer que las personas hagan cosas si es que no están listas para ello. Yo no estoy listo para decir el mío.

¿Estoy paranoico (esa también la aprendí hace poco)?

Tal vez. Si alguien entra a observar una clase en Nuestra Señora encontraría que todo aquí es normal.

Los alumnos lucen como otros alumnos, los profesores son tan aburridos, bueno no todos, como en cualquier otro establecimiento.

Hay un bar, canchas deportivas, un pequeño coliseo, una capilla, el ruido es el mismo, la rutina es igual.

Pareciera que soy sólo yo quien se da cuenta de que hay algo más y no entiendo por qué.

Me asusto pensando estas cosas y por eso en secreto rezo pidiendo que todo sea solo mi imaginación trabajando horas extra.

Lo hago aquí, sin temor de que me vean, porque como estos baños están tan lejos de todo, pocas veces vienen otros chicos a hacer aquí sus necesidades.

Rezar es un acto muy privado y no me gusta que me vean haciéndolo, aunque no es por vergüenza.

Mi fe no me da vergüenza, es solo que el padre Roland nos dijo que rezar es un acto de amor y en otra ocasión dijo que el amor no se exhibe.

Entonces rezar, que es hablar con Dios, es un acto de amor, uno que prefiero realizar en privado sin gente mirándome.

Tampoco sabría decir si en Nuestra Señora existen fantasmas.

No he visto ninguno y además se supone que este colegio es un lugar relativamente nuevo como para que ya tenga espectros andando por ahí.

A quién sí he visto es a la niña de gafas de la que tanto se habla y lo único que puedo decir acerca de ella es que no es un fantasma como se dice por ahí.

Esa niña está perfectamente viva y lo sé porque tuvimos una conversación, una sola vez y nada más.

Me dijo que iba a la parte norte es por los jardines de Nuestra Señora que inspiran tranquilidad y respiran belleza.

María Gabriela (así se llama) no es un fantasma, aunque tampoco es una alumna regular del colegio, pues ni siquiera recibe clases con el resto de nosotros.

A ella la tratan de manera diferente y casi estoy seguro de que hay una muy buena razón para ello, “una razón poderosa” como diría Cristian.

Además, no llega sola. Alguien la lleva y trae, pero a esa persona nunca la he visto por más que he tratado.

En realidad, la niña de gafas no me asusta.

Lo que sí me asusta es saber que hay alguien en este colegio con un destino especial, demasiado especial.

No sé quién es, sólo que estudia aquí. Ese compañero o compañera va a hacer algo y no sólo le va a afectar a él o a ella; también me va a afectar a mí, a ti que lees esto, a todos.

No sé exactamente qué es, puede que sea algo muy bueno como muy malo, pero cuando pase ningún poder sobre este mundo podrá detenerlo.

Es algo que pasará y la verdad no hay mucho que se pueda hacer al respecto.

¿Qué cómo lo sé? Hay muchas cosas que están dentro de mi cabeza.

Tal vez ese es mi secreto, tal vez puedo ver cosas que otros no, o simplemente las sé.

La verdad es que ni yo mismo lo entiendo a veces.

No sé cómo esas cosas llegaron ahí ni cómo llegan o por qué.

Hay también un montón de cosas que deberían estar y no están; cosas que debería recordar acerca de mí mismo y no puedo por más que me lo propongo.

Antes, eso me provocaba tanta ansiedad que ya no deseaba existir.

¿No les ha pasado que quieren recordar algo porque saben o al menos sospechan que hay algo qué recordar?

Es frustrante, pero con el pasar del tiempo me acostumbré.

Por ahora me contentaría con saber por qué no he podido hacer más amigos que Cristian, a quién recién conocí.

¿Cuándo? Ayer, creo. En realidad, pareciera que ha sido mucho más tiempo que eso.

Así es con algunas personas, simplemente conectas con ellas y con nadie más, y la relación entonces se va de largo.

Ojalá algún día se me cumpla lo de ser el enamorado de Karen.

A veces me parece tan inalcanzable. Me muero de vergüenza pensando en que quiero hablarle y que si lo hago me voy a ver tan bobo que luego se reirá de mí y eso no, no deseo que pase, pero es que ya no puedo.

Como ya dije, en la primera oportunidad que tenga me pondré en frente suyo y le hablaré.

Ahí veremos qué resulta de eso y ojalá sea algo bueno.

Como suele decir el padre Roland: “¿Eso? Bueno, eso el tiempo lo dirá.”