El Código de la Alhambra (Los Secretos de España 2) CAPÍTULO 31 Otro secreto espera
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CAPÍTULO 31 Otro secreto espera

BLOQUE 1

Toledo apareció ante ellos al final de la tarde.

Desde la carretera de acceso, la ciudad se levantaba sobre la colina rodeada por el Tajo, compacta y casi mineral, con las torres sobresaliendo entre tejados que parecían haberse acumulado durante siglos sin borrar completamente lo anterior.

Adrián contempló el perfil urbano desde la ventanilla.

Habían llegado siguiendo una referencia documental mínima.

Un inventario fechado en 1502.

Una copia atribuida a 1611.

Una consulta realizada por Miguel Salvatierra en 1978.

Y una posible signatura precedida por dos letras.

AH.

Nada más.

Después de lo ocurrido en Granada, aquella escasez de información resultaba casi tranquilizadora.

No había mecanismos esperando ser activados.

No había objetos cuya función tuvieran que imaginar.

Solo existía un documento que debían encontrar.

Se instalaron en un pequeño hotel próximo al casco histórico y utilizaron una de las habitaciones como lugar de trabajo.

Daniel extendió sobre la mesa las fotografías de las notas de Salvatierra.

Omar colocó junto a ellas las reproducciones del material procedente del Proyecto Umbral.

Lucía abrió el mapa histórico de Toledo.

Adrián escribió en una hoja las únicas referencias que podían considerar suficientemente firmes.

1502 — Inventario.

1611 — Copia.

1978 — Consulta.

Debajo añadió:

AH — ¿Archivo?

Omar observó las iniciales.

—Podemos empezar por aquí, pero no debemos dar por hecho que significan Archivo Histórico.

—Ni siquiera que sigan utilizando la misma signatura —añadió Lucía.

Daniel había preparado una relación de instituciones que podían conservar fondos históricos relacionados con propiedades, inventarios privados o documentación eclesiástica.

La lista era considerable.

Toledo había acumulado durante siglos archivos procedentes de instituciones muy diferentes. Algunos fondos habían cambiado de ubicación, otros habían sido reorganizados y determinadas colecciones privadas habían terminado incorporadas a depósitos públicos mucho después de su creación.

Encontrar una signatura utilizada en 1978 podía resultar más difícil que localizar el propio documento.

Omar tomó nuevamente la fotografía.

—Hay otra posibilidad.

Señaló las letras.

—Que AH no identifique el archivo.

Adrián lo miró.

—¿Qué podría identificar?

—Un fondo. Una colección. Incluso el nombre de la persona que conservaba los papeles.

Lucía volvió al mapa.

—Entonces necesitamos encontrar primero a Salvatierra.

No físicamente.

Documentalmente.

Si lograban averiguar qué había hecho en Toledo durante 1978, podrían reducir enormemente la búsqueda.

Daniel comenzó a revisar las fotografías de su expediente.

Entre permisos de obra, informes de restauración y correspondencia administrativa encontraron finalmente una referencia que ninguno había relacionado con Toledo.

Era una solicitud de desplazamiento.

Miguel Salvatierra había permanecido en la ciudad durante cuatro días en octubre de 1978.

El motivo oficial figuraba en una única línea:

“Consulta de documentación histórica relacionada con técnicas tradicionales de conducción de aguas.”

Adrián apoyó lentamente la hoja sobre la mesa.

Granada volvía a aparecer sin necesidad de inventar ninguna conexión.

Salvatierra había llegado a Toledo investigando el agua.

Y durante aquel viaje había consultado el documento de 1611.

Ahora debían descubrir por qué.

* * *

BLOQUE 2

La mañana siguiente comenzó entre catálogos.

No encontraron inmediatamente el documento.

Encontraron algo mejor.

Una pista sobre su procedencia.

Omar había solicitado ayuda para identificar antiguas referencias archivísticas utilizadas durante la década de 1970. Después de comparar varias anotaciones, una posibilidad comenzó a imponerse.

Las letras AH no correspondían necesariamente al nombre de una institución.

Podían identificar una colección incorporada posteriormente a un fondo mayor.

Daniel comparó la numeración anotada por Salvatierra con distintas relaciones documentales.

Ninguna coincidía exactamente.

Lucía, mientras tanto, volvió a concentrarse en la expresión que acompañaba la fecha de 1611.

Traslado parcial.

—Estamos buscando la copia —dijo de pronto—, pero quizá deberíamos buscar el traslado.

Omar levantó la vista.

—Explicate.

—Si una parte de la documentación cambió de lugar en 1611, tuvo que existir alguna razón. Y probablemente alguien dejó constancia.

Adrián comprendió.

No necesitaban conocer todavía el contenido del inventario de 1502.

Necesitaban reconstruir su recorrido.

Omar comenzó a revisar referencias de protocolos, inventarios de bienes y documentación vinculada con instituciones religiosas de comienzos del siglo XVII.

El trabajo avanzó lentamente.

Durante horas aparecieron documentos que no conducían a ninguna parte.

Casas vendidas.

Herencias.

Capellanías.

Censos.

Inventarios domésticos sin relación aparente con lo que buscaban.

Hasta que Lucía encontró un apellido.

Alarcón.

La palabra aparecía apenas visible en una fotografía de las notas de Salvatierra.

No la habían identificado porque estaba escrita sobre el pliegue de una hoja.

Daniel amplió la imagen.

Debajo podía leerse:

“Casa de Alarcón — junto al río.”

Adrián se inclinó sobre la pantalla.

—La casa.

Omar no respondió inmediatamente.

Necesitaba comprobarlo.

Buscó el apellido dentro de las referencias que ya habían reunido.

Aparecieron varias familias Alarcón relacionadas con Toledo durante los siglos XV y XVI.

Demasiadas.

Pero una referencia de comienzos del XVI llamó su atención.

Un inventario de bienes perteneciente a una propiedad situada en una zona próxima al Tajo.

La fecha no era 1502.

Era 1504.

Dos años de diferencia.

Daniel pareció decepcionado.

Omar, en cambio, continuó leyendo.

—No descartemos nada.

El documento de 1504 mencionaba una partición de bienes realizada después del fallecimiento del propietario.

Aquello significaba necesariamente que había existido documentación anterior.

Lucía señaló una anotación.

—Mirá esto.

Entre los bienes descritos aparecía una referencia a un “aposento bajo que mira hacia el río”.

Nada extraordinario.

Hasta que unas líneas después encontraron otra expresión.

“Papeles viejos que fueron del padre del difunto.”

Adrián permaneció en silencio.

Todavía no demostraba nada.

Pero por primera vez tenían una familia vinculada con una casa próxima al Tajo y con documentos anteriores a 1504.

Omar anotó cuidadosamente la referencia.

—Ahora necesitamos demostrar que este Alarcón es el mismo que buscaba Salvatierra.

Lucía sonrió.

—Y encontrar los papeles viejos.

Daniel volvió a la pantalla.

La búsqueda acababa de reducirse considerablemente.

Ya no perseguían un inventario perdido en toda la documentación histórica de Toledo.

Buscaban los papeles de una familia concreta.

Y quizá, entre ellos, un documento fechado exactamente en 1502.

* * *

BLOQUE 3

La confirmación llegó cuando ya comenzaban a pensar en abandonar la búsqueda por aquel día.

Omar encontró una referencia cruzada dentro de una relación documental posterior.

No era el inventario.

Era una descripción realizada en 1611.

Leyó varias veces la entrada antes de llamar a los demás.

—Vengan.

Adrián se acercó primero.

El texto describía el traslado de diversos documentos procedentes de una antigua propiedad particular.

La mayor parte eran escrituras de compraventa, derechos sobre tierras y asuntos familiares.

Nada especialmente significativo.

Pero una frase situada casi al final cambió todo.

“Se reciben asimismo los papeles antiguos de la casa de los Alarcón, reservándose por separado un cuaderno de aguas por su singularidad.”

Lucía sintió inmediatamente la conexión con la investigación de Salvatierra.

—Un cuaderno de aguas.

Omar asintió.

—Y fue separado del resto.

Daniel comprobó la fecha.

1611.

Coincidía exactamente con la anotación.

Adrián apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Entonces Salvatierra no vino a Toledo buscando cualquier inventario.

—Vino buscando ese cuaderno —respondió Lucía.

Todavía faltaba demostrarlo.

Omar continuó leyendo.

El registro incluía una descripción mínima del documento separado.

No aparecía el nombre del autor.

Tampoco su contenido completo.

Solo indicaba que estaba compuesto por varias hojas cosidas y que contenía dibujos relacionados con conducciones, niveles y depósitos de agua.

La fecha atribuida al cuaderno aparecía al final de la descripción.

1502.

Durante unos segundos nadie dijo nada.

Habían encontrado la referencia.

No el documento.

Pero sí la prueba de que había existido.

Daniel volvió inmediatamente a las notas de Salvatierra.

Ahora la secuencia podía reconstruirse con mucha mayor seguridad.

Un cuaderno había sido elaborado o fechado en 1502.

En 1611 fue separado del resto de los papeles de la familia Alarcón durante un traslado documental.

Siglos después, Salvatierra había localizado alguna referencia o copia relacionada con aquel material.

Y en octubre de 1978 había viajado a Toledo mientras investigaba sistemas históricos de conducción de agua.

Adrián observó la descripción del cuaderno.

La relación con Granada podía ser importante.

Pero todavía no sabían cuál era.

No iban a llenar ese vacío con suposiciones.

Omar continuó hasta el final de la entrada.

Entonces frunció el ceño.

—Esperen.

Había una última anotación.

Parecía añadida por otra mano y estaba fechada muchos años después.

Omar leyó lentamente.

“El cuaderno original no permanece con estos papeles.”

Lucía se acercó.

—¿Dice dónde está?

Omar siguió leyendo.

La respuesta aparecía inmediatamente debajo.

“Entregado por orden superior para su examen y no restituido.”

Daniel buscó una fecha.

No figuraba ninguna junto a aquella frase.

Tampoco aparecía el nombre de quien había ordenado retirar el documento.

Adrián sintió que acababan de abrir una nueva línea de investigación.

El cuaderno de 1502 había sobrevivido al menos hasta algún momento posterior a 1611.

Después alguien lo había retirado.

Y nunca lo había devuelto.

Lucía regresó a las fotografías de Salvatierra.

—Entonces ¿qué consultó él en 1978?

Nadie tenía todavía la respuesta.

Omar volvió al registro.

Si el original había desaparecido, Salvatierra solo podía haber encontrado una descripción, una reproducción posterior o algún documento relacionado con su retirada.

Adrián miró por la ventana.

Toledo comenzaba a oscurecer bajo las últimas luces del día.

Habían llegado pensando que buscaban un inventario.

Ahora sabían que detrás de aquella referencia existía algo mucho más concreto.

Un cuaderno dedicado al agua.

Una casa junto al Tajo.

Y una desaparición que alguien había considerado necesario dejar registrada.

Adrián cerró lentamente la carpeta.

—Mañana averiguaremos quién se lo llevó.

Porque el secreto que los había conducido hasta Toledo no estaba esperando dentro de una cámara oculta.

Estaba escondido en la historia de un documento que llevaba siglos desaparecido.