CAPÍTULO 30 Camino hacia el norte
BLOQUE 1
Adrián mantuvo abierto el inventario recuperado durante la investigación de la intrusión durante varios minutos.
La referencia aparecía entre decenas de documentos que el Proyecto Umbral había reunido a lo largo de los años.
TOLEDO — FASE II.
Debajo figuraba una entrada que había concentrado inmediatamente la atención del grupo.
Inventario de 1502 — copia del siglo XVII.
No había ninguna fotografía misteriosa.
Tampoco instrucciones anónimas que les indicaran dónde debían dirigirse.
Era algo mucho más sencillo y, precisamente por eso, mucho más útil.
Una referencia documental.
Omar volvió a examinar la copia del listado.
—Tenemos que averiguar de qué inventario están hablando.
Daniel había comenzado a ordenar toda la información relacionada con Toledo.
Las menciones eran escasas.
Una casa próxima al Tajo.
Una fecha.
La existencia posterior de una copia realizada durante el siglo XVII.
Y, entre las notas de Miguel Salvatierra, una referencia todavía más imprecisa a determinados documentos conservados durante años en un archivo eclesiástico.
Nada de aquello demostraba que todos los elementos pertenecieran al mismo expediente.
Pero era suficiente para investigar.
Lucía se acercó a la mesa.
—¿Sabemos dónde estaba esa casa?
Omar negó.
—Todavía no.
—¿Y quién hizo la copia del siglo XVII?
—Tampoco.
Adrián sonrió ligeramente.
Días atrás aquellas respuestas lo habrían frustrado.
Ahora le producían el efecto contrario.
Eran preguntas concretas.
Podían comprobarse.
Daniel amplió una de las fotografías del material incautado.
—Hay algo más.
En el margen de una ficha aparecía una abreviatura.
T-1502 / S.J.
Omar la observó durante unos segundos.
—No demos nada por supuesto.
Podía tratarse de unas iniciales personales, de una clasificación archivística o incluso de una anotación moderna creada por quienes habían investigado el documento.
Necesitaban encontrar la fuente original antes de interpretarla.
Adrián cerró la carpeta de Granada.
Aquella parte de la investigación había terminado.
No porque hubieran resuelto todos sus enigmas.
Precisamente porque habían aprendido cuáles todavía permanecían abiertos.
—Nos vamos a Toledo.
Lucía miró el reloj.
—¿Cuándo?
—En cuanto podamos organizar el acceso a los archivos.
Daniel comenzó a consultar las conexiones disponibles y Omar preparó una lista de instituciones donde podrían empezar la búsqueda.
Ninguno sabía qué encontrarían.
Y esa incertidumbre, por primera vez, no necesitaba ser llenada con una explicación extraordinaria.
Tenían una referencia.
Una ciudad.
Un año.
Y un documento que alguien había considerado lo bastante importante como para seguir buscándolo más de cinco siglos después.
El camino volvía a dirigirse hacia el norte.
BLOQUE 2
Antes de abandonar Granada dedicaron la mañana a reconstruir todo lo que sabían sobre Toledo.
Omar colocó sobre la mesa un mapa histórico de la ciudad.
El Tajo rodeaba buena parte del casco antiguo, de modo que la expresión “casa próxima al río” resultaba demasiado amplia para identificar un edificio concreto.
Había que encontrar otro elemento.
Lucía volvió sobre las notas de Salvatierra.
No buscó interpretaciones.
Buscó nombres.
Fechas.
Referencias cruzadas.
Después de casi una hora encontró una anotación escrita al margen de una fotocopia.
“Traslado parcial. 1611.”
Debajo aparecía otra expresión.
“Archivo de la iglesia.”
Omar acercó la hoja.
—Esto puede ayudarnos.
Adrián observó ambas anotaciones.
—¿Sabemos qué iglesia?
—No.
Daniel comenzó a buscar dentro del material que ya tenían disponible, pero no apareció ninguna identificación adicional.
Lucía señaló la fecha.
—Entonces empecemos por 1611.
Aquella era la clase de decisión que habían aprendido a tomar.
No intentar localizar directamente la casa de 1502.
Primero debían descubrir qué había ocurrido con sus documentos ciento nueve años después.
Si realmente existió un traslado parcial, algún registro podía conservar la procedencia.
Omar organizó la búsqueda en orden cronológico.
Primero intentarían localizar la copia del siglo XVII mencionada por el Proyecto Umbral. Después comprobarían si aquella copia remitía a un inventario anterior y solo entonces buscarían el inmueble original.
Daniel señaló otra anotación de Salvatierra.
—¿Y León?
La palabra aparecía varias páginas después.
Sin fecha clara.
Sin explicación suficiente.
Adrián la observó y negó lentamente.
—Todavía no.
Lucía estuvo de acuerdo.
—Si Toledo conduce a León, lo descubriremos en Toledo.
No tenía sentido alterar el recorrido únicamente porque conocieran una posible pista posterior.
Debían respetar la secuencia de las fuentes.
Omar regresó a la anotación de 1611.
—Hay otra cosa interesante.
La palabra utilizada por Salvatierra no era entrega.
Era traslado.
Aquello sugería que los documentos no habían cambiado necesariamente de propietario.
Podían haber sido movidos por razones de conservación, reorganización o seguridad.
Adrián se acercó.
—¿Eso nos dice algo sobre el contenido?
—Nada.
La respuesta fue inmediata.
—Y mejor que siga siendo nada hasta que encontremos el documento.
Adrián sonrió.
La lección de Granada había quedado incorporada al grupo.
Daniel guardó las imágenes.
La investigación comenzaba a tener una estructura mucho más sólida.
No seguían símbolos.
Seguían procedencias.
No necesitaban imaginar una red secreta extendida por España para explicar por qué determinados documentos habían terminado en ciudades diferentes.
Las personas trasladaban archivos.
Las instituciones heredaban fondos.
Las guerras dispersaban colecciones y las reformas modificaban depósitos.
A veces un documento podía recorrer cientos de kilómetros sin que existiera detrás ninguna organización clandestina.
Lo importante era reconstruir ese recorrido.
Porque en algún momento de aquel desplazamiento alguien había considerado necesario conservar el inventario de 1502.
Y más de cuatro siglos después Miguel Salvatierra había vuelto a buscarlo.
La pregunta era por qué.
Toledo podía contener la respuesta.
BLOQUE 3
Abandonaron Granada a primera hora de la tarde.
El viaje les ofreció algo que ninguno había tenido durante los últimos días.
Tiempo.
No había galerías que explorar ni mecanismos que interpretar.
Solo varias horas por delante y una carpeta llena de preguntas.
Omar aprovechó el trayecto para volver a revisar las reproducciones de los documentos.
Daniel organizó cronológicamente todas las referencias conocidas.
Lucía permaneció durante buena parte del viaje concentrada en una fotografía tomada de las notas de Salvatierra.
Adrián terminó por darse cuenta.
—¿Encontraste algo?
—No estoy segura.
Giró la pantalla.
En una de las hojas aparecía una lista de fechas.
1491.
1502.
1611.
Después existía un salto de más de tres siglos.
1978.
Adrián la observó.
—¿Qué pensás?
—Que Salvatierra estaba reconstruyendo la historia de un documento.
No la de un monumento.
Omar dejó sus papeles.
Lucía amplió la imagen.
Junto a 1502 aparecía una palabra difícil de leer.
Después de varios intentos consiguieron distinguirla.
Inventario.
Junto a 1611:
Copia.
Y junto a 1978:
Consulta.
Daniel comprendió inmediatamente la secuencia.
—Salvatierra encontró la copia.
Omar levantó una mano.
—Probablemente.
La corrección provocó una sonrisa general.
Daniel rectificó.
—Salvatierra probablemente consultó en 1978 una copia que él fechaba en 1611 y que atribuía a un inventario de 1502.
—Eso sí podemos sostenerlo —respondió Omar.
Adrián observó nuevamente las fechas.
Aquello era mucho más interesante que cualquier mapa secreto.
Si conseguían localizar el documento consultado por Salvatierra, podrían comprobar qué había visto realmente.
Y también descubrir por qué había relacionado aquella documentación con Granada.
El paisaje continuaba desplazándose al otro lado de la ventanilla.
Lucía volvió a revisar la fotografía.
Entonces reparó en algo que ninguno había advertido.
Junto a la palabra Consulta, Salvatierra había escrito un número.
No parecía una fecha.
Era demasiado largo.
Omar lo examinó.
—Puede ser una signatura.
Daniel buscó entre las fotografías restantes.
El mismo número aparecía en otra hoja.
Esta vez acompañado por dos letras.
AH.
Adrián sintió que, por primera vez desde que habían salido de Granada, tenían algo verdaderamente concreto.
No sabían qué archivo representaban aquellas iniciales.
Tampoco podían asegurar que la signatura continuara vigente después de casi cincuenta años.
Pero era un punto de partida verificable.
Guardaron la fotografía.
La referencia a León permanecería por el momento dentro de la carpeta.
Llegaría su turno si los documentos conducían hasta allí.
Ahora importaba Toledo.
Cuando finalmente divisaron la ciudad y el perfil del casco histórico comenzó a levantarse sobre el Tajo, Adrián contempló durante unos segundos las construcciones que se extendían sobre la colina.
No esperaba que ninguna de ellas despertara.
No esperaba mensajes escondidos en la luz.
Esperaba algo mucho más difícil de encontrar.
Un documento que llevaba siglos cambiando de manos.
Y en algún archivo de Toledo podía seguir esperando la copia que Miguel Salvatierra había consultado en 1978.