CAPÍTULO 16 Nunca debió abrirse
BLOQUE 1
La noche había caído sobre la Alhambra cuando el grupo regresó al sector situado detrás de la Torre de Comares.
El recinto permanecía cerrado al público.
Solo el sonido lejano del agua y el viento que atravesaba algunos jardines rompían el silencio.
El cierre seguía exactamente como lo habían dejado.
La junta inferior apenas mostraba la variación observada durante las pruebas hidráulicas.
Lucía examinó cuidadosamente el sector.
—No vamos a intentar moverlo desde aquí.
Daniel comprobó los sensores instalados en las galerías subterráneas.
Los niveles habían regresado a valores próximos a los registrados antes de las últimas modificaciones.
—La presión está estable.
Adrián observó el muro.
El documento de 1491 había sido bastante claro.
Antes de intervenir sobre aquel acceso debían descargar la conducción y comprobar el comportamiento del agua.
Ya no necesitaban reproducir ninguna secuencia secreta.
Necesitaban trabajar como habría hecho cualquier responsable del sistema.
Isabel había autorizado una inspección mediante endoscopio a través de una pequeña junta accesible desde la reparación realizada en 1978.
Daniel introdujo lentamente la cámara.
La imagen apareció en el monitor.
Al principio solo se distinguía oscuridad.
Después apareció una estancia.
Las paredes estaban construidas con sillares.
No presentaban decoración palatina.
Aquello no resultaba extraño.
Si se trataba de una dependencia hidráulica o de servicio, no había razón para que tuviera yeserías, mosaicos o inscripciones ornamentales.
Lucía recorrió lentamente el espacio.
Había humedad en algunos sectores.
Depósitos minerales en otros.
Ningún derrumbe importante resultaba visible desde aquel ángulo.
Daniel observó el medidor.
—La temperatura es menor que aquí afuera.
—Esperable —respondió Lucía—. Es una cámara cerrada y atravesada por agua.
La cámara descendió.
En el centro aparecía un canal.
El agua avanzaba con enorme lentitud.
La superficie resultaba tan tranquila que a simple vista podía parecer inmóvil.
Lucía observó los sensores.
—Sí hay circulación.
No constituía ninguna paradoja.
Un canal ancho y de poca pendiente podía mantener un flujo muy lento sin producir turbulencias visibles.
Omar señaló la pantalla.
—Miren el centro.
Sobre una plataforma de piedra aparecía una estructura protegida por una cubierta transparente.
Daniel acercó la cámara.
La pieza tenía una forma regular.
No podían saber todavía de qué material estaba hecha.
Vidrio.
Cristal de roca.
Algún otro mineral transparente.
La iluminación del endoscopio generaba numerosos reflejos sobre sus superficies pulidas.
Adrián permaneció observándola.
—No saquemos conclusiones antes de verla directamente.
Lucía asintió.
La cámara continuó recorriendo la estancia.
El canal pasaba junto al pedestal y desaparecía parcialmente bajo la plataforma antes de reaparecer al otro lado.
Eso sí resultaba interesante.
—El pedestal está integrado en la conducción —dijo Lucía.
Daniel observó las medidas.
—O fue construido encima de ella.
—Necesitamos comprobarlo.
Adrián recordó el documento de 1491.
El texto hablaba de una cámara asociada a una derivación.
Quizá fuera aquella.
No porque encerrara un objeto prohibido.
Sino porque podía contener una parte de la infraestructura cuya manipulación afectaba a otros sectores.
Y eso explicaba perfectamente por qué alguien había decidido cerrarla.
BLOQUE 2
Daniel acercó el endoscopio todo lo que permitía la abertura.
La estructura situada sobre el pedestal comenzó a distinguirse mejor.
La cubierta transparente no era una campana perfecta.
Parecía una protección añadida sobre una pieza más antigua.
Podía ser posterior.
Quizá incluso perteneciera a alguna intervención de conservación desconocida.
Isabel observó la pantalla.
—Tenemos que fechar cada elemento por separado.
Adrián asintió.
La cámara podía ser antigua.
El pedestal de otra época.
La cubierta transparente, mucho más reciente.
Era exactamente el tipo de superposición que habían encontrado en otras partes de la infraestructura.
Lucía estudió el objeto.
—Tiene caras pulidas.
Daniel cambió el ángulo de iluminación.
La luz se dividió en reflejos diferentes.
—Parece prismático.
Omar lo miró.
—¿Eso tiene algo de extraño?
—No —respondió Daniel—. Cualquier pieza transparente con superficies inclinadas puede refractar y reflejar luz de formas complejas.
Eso eliminaba la impresión inicial de que el material poseía propiedades desconocidas.
Podía ser una pieza óptica.
O simplemente un bloque pulido con una finalidad decorativa o técnica que todavía desconocían.
Lucía volvió al canal.
El agua pasaba por debajo de una parte de la plataforma.
—Quiero comprobar si cambia la velocidad en ese punto.
Compararon sensores instalados aguas arriba y aguas abajo.
Había diferencia.
No enorme.
Pero medible.
—La sección cambia debajo del pedestal —dijo Lucía.
Eso podía deberse a una reducción del canal.
Una compuerta.
Un pequeño depósito.
No significaba que el objeto transparente controlara el flujo.
Podían ser elementos completamente independientes.
Daniel movió ligeramente el endoscopio.
La luz incidió sobre la pieza desde otro ángulo.
Un reflejo apareció sobre el techo.
Después otro.
Las superficies pulidas proyectaban líneas irregulares.
Lucía observó.
—Ahí está el origen de las figuras.
Daniel cambió nuevamente la posición de la luz.
Las proyecciones se desplazaron.
No eran símbolos.
Eran reflejos.
Dependían de la fuente luminosa y del ángulo de la cámara.
Omar sonrió apenas.
—Entonces alguien que entrara con una lámpara podía ver efectos completamente distintos según dónde se colocara.
Adrián asintió.
Y siglos de relatos podían transformar fácilmente ese fenómeno en algo mucho más misterioso.
Entonces la imagen sufrió una breve interferencia.
Durante un fotograma apareció una forma vertical cerca del fondo.
Daniel retrocedió la grabación.
—Esperen.
La imagen era borrosa.
Parecía una silueta.
Isabel se acercó.
—¿Hay alguien dentro?
Daniel no respondió de inmediato.
Revisó los fotogramas anteriores.
Después los siguientes.
La forma aparecía solamente cuando la iluminación del endoscopio incidía sobre una superficie lateral muy pulida.
—Puede ser un reflejo.
Lucía observó la posición.
—¿Nuestro?
Daniel cambió la cámara algunos grados.
La silueta apareció nuevamente.
Más débil.
Adrián miró hacia atrás.
Detrás del equipo se encontraba uno de los técnicos de seguridad.
Su posición coincidía aproximadamente con la forma reflejada.
Daniel realizó otra prueba.
Pidió al técnico que se moviera.
La silueta cambió.
—Resuelto.
No había una persona atrapada dentro de la cámara.
Una superficie transparente o pulida estaba reflejando parcialmente a quienes se encontraban fuera.
Omar contempló la pieza.
—Eso podría haber alimentado muchas historias.
—Sin duda —respondió Adrián.
Un objeto visto únicamente mediante una abertura estrecha.
Reflejos deformados.
Agua.
Luz.
Oscuridad.
No hacía falta demasiado para que alguien terminara creyendo que la estancia estaba ocupada por una presencia.
Pero la cámara seguía guardando una pregunta real.
¿Para qué servía aquel objeto?
BLOQUE 3
Decidieron no abrir el acceso esa noche.
Lucía insistió en revisar primero la información disponible sobre la derivación hidráulica.
Si el cierre estaba condicionado por la presión, forzarlo sin conocer el estado de las conducciones podía dañar la estructura o provocar una entrada súbita de agua.
Regresaron al laboratorio provisional.
Daniel proyectó las imágenes obtenidas.
Omar abrió el documento de 1491.
Buscaron cualquier referencia a la cámara.
Finalmente encontró una frase que hasta entonces había interpretado de otra manera.
«No retirar el visor hasta haber comprobado el nivel.»
Lucía levantó la vista.
—¿Visor?
Omar revisó la palabra.
—Puede significar pieza para observar. También mirador, dependiendo del contexto.
Daniel señaló el objeto transparente.
—Entonces quizá eso sea.
Adrián observó la imagen.
Una pieza óptica instalada sobre un canal podía servir para observar nivel, turbidez o circulación sin introducir la mano en la corriente.
No sería un instrumento moderno.
Pero tampoco resultaba imposible.
Lucía amplió la base del pedestal.
—Hay una pequeña abertura lateral.
Daniel mejoró la imagen.
Parecía comunicar el canal con una cavidad situada bajo el objeto.
—Podría mostrar el nivel del agua dentro de una cámara de regulación.
La hipótesis tenía sentido.
Un bloque transparente o una cubierta podía permitir comprobar visualmente hasta dónde había subido el agua.
O quizá simplemente protegía algún indicador.
No sabían todavía cuál de las dos cosas.
Omar siguió traduciendo.
La línea siguiente decía:
«Cuando el nivel alcance la marca superior, descargar antes de retirar el cierre.»
Lucía sonrió.
—Eso es.
No era un objeto místico.
Era parte de un procedimiento de mantenimiento.
La cámara permitía verificar condiciones hidráulicas antes de abrir otra sección.
Daniel buscó una marca sobre el pedestal.
En una fotografía aparecían varias incisiones horizontales.
—Niveles.
Adrián observó la pantalla.
El supuesto “núcleo” del sistema podía ser algo mucho más sencillo y mucho más valioso para quienes lo habían construido.
Un punto de control.
Una cámara desde la que comprobar el comportamiento de una derivación crítica.
Entonces uno de los sensores remotos emitió una alarma.
Lucía se volvió.
—Está subiendo la presión.
—¿Nuestra derivación?
—No.
Daniel revisó el sistema.
El aumento procedía nuevamente de un sector que todavía no controlaban.
Adrián miró hacia la cámara en la pantalla.
El agua comenzó a subir lentamente junto al pedestal.
La pieza transparente permitió ver el cambio con claridad.
Lucía siguió los valores.
—Ahora entiendo por qué tenían un visor.
El nivel llegó hasta una de las marcas.
Después continuó aumentando.
—Eso no debería ocurrir —dijo.
No porque violara ninguna ley física.
Porque la cámara estaba recibiendo más agua de la que debería según el estado conocido de las compuertas.
Alguien estaba modificando otra derivación.
Daniel abrió la comunicación con seguridad.
—Revisen todos los accesos técnicos.
En la imagen del endoscopio, el agua alcanzó una segunda marca.
Entonces se escuchó un golpe.
CLAC.
No procedía del objeto transparente.
Venía del cierre principal.
Lucía miró la presión.
—Está liberando carga.
Otro sonido.
La junta del muro aumentó algunos milímetros.
Adrián comprendió.
El mecanismo no estaba “despertando”.
La presión estaba alcanzando un valor suficiente para desplazar parte del cierre.
—Tenemos que bajarla.
Lucía comenzó a actuar sobre las derivaciones que controlaban.
El nivel descendió lentamente.
El movimiento se detuvo.
Pero la junta había quedado algo más abierta.
Daniel utilizó el endoscopio para observar el lateral.
—Podemos ver mejor el interior.
La cámara avanzó.
Más allá del pedestal apareció una segunda puerta.
Esta no estaba oculta.
Era un cierre de madera reforzado con metal, mucho más reciente que los muros.
Isabel frunció el ceño.
—Eso no es de 1491.
Adrián asintió.
Alguien había entrado allí después.
Quizá durante una restauración.
Quizá en 1978.
Quizá más tarde.
Daniel movió la cámara hacia el suelo.
Encontró entonces una inscripción en castellano.
No estaba tallada con la misma antigüedad que el resto.
Las letras parecían mucho más recientes.
Omar leyó:
«Si has llegado hasta aquí, alguien ha incumplido el juramento.»
La sala quedó en silencio.
Pero esta vez nadie atribuyó la frase a un guardián medieval desconocido.
Adrián observó la forma de las letras.
—Esto puede ser del siglo XX.
Isabel estuvo de acuerdo.
—Incluso posterior.
Lucía recordó a Miguel Salvatierra.
—¿El juramento de quién?
Nadie respondió.
Pero la pregunta había cambiado.
La cámara ya no demostraba la existencia de una tecnología imposible escondida desde antes de la Alhambra.
Demostraba algo mucho más concreto.
Alguien había entrado en aquella estancia en tiempos modernos.
Había añadido elementos.
Había dejado una advertencia en castellano.
Y, aparentemente, había decidido volver a cerrar el acceso.
Adrián observó la frase durante varios segundos.
Quizá el verdadero secreto de la cámara no perteneciera únicamente a 1491.
Quizá una parte decisiva de la historia hubiera ocurrido mucho más cerca de ellos.