BLOQUE 2
El elemento decisivo apareció en una fotografía.
No mostraba el manuscrito.
Mostraba una etiqueta.
Beatriz Molina había documentado años atrás distintas piezas de la colección Velasco. Entre aquellas imágenes había una caja de conservación cuyo interior mantenía todavía un rótulo antiguo.
Irene amplió la fotografía.
—Leé.
Sebastián se acercó.
La etiqueta decía:
Pergamino antiguo. Procedencia: Oruña.
Debajo, otra mano había añadido:
Nájera.
Mauro levantó la vista.
—Eso parece bastante claro.
Sebastián negó.
—No tanto.
—Dice Oruña.
—Dice procedencia Oruña. No dice que el manuscrito hubiese pertenecido históricamente a la familia.
Mauro frunció el ceño.
—¿Cuál es la diferencia?
—Que el término puede referirse al origen del lote o de la documentación que acompañaba la pieza, no necesariamente a toda la historia del objeto.
Irene entendió inmediatamente.
—Entonces el error pudo empezar con una clasificación de conjunto.
—Sí.
Fray Julián señaló la ficha de Beatriz.
La investigadora había anotado:
Etiqueta no contemporánea al manuscrito. Probable clasificación del siglo XIX.
Aquello debilitaba todavía más la atribución.
El rótulo no era una marca antigua perteneciente al volumen.
Era una interpretación realizada siglos después.
Mauro preguntó:
—¿Pudieron ponerla para hacerlo más valioso?
Sebastián tardó.
—Es posible que una procedencia conocida aumentara el interés de una pieza. Pero no tenemos ninguna prueba de que eso ocurriera acá.
Irene volvió a la correspondencia de Tomás Valcárcel.
Él había gestionado la adquisición entre Rafael Sáenz de Tejada y los Velasco.
—Necesitamos saber qué recibió Valcárcel.
Sebastián asintió.
Fray Julián encontró referencias sobre su archivo profesional.
Parte de la documentación había sobrevivido: correspondencia, libros de cuentas y catálogos privados.
El fondo estaba en Madrid.
Mauro inició las gestiones mientras Irene continuaba examinando la etiqueta.
Había una zona raspada debajo de la palabra Oruña.
—Acá hubo otra inscripción.
Sebastián se acercó.
—¿Se puede recuperar?
—Solo parcialmente.
Irene abrió otra fotografía de mayor resolución.
La marca anterior parecía más extensa.
Un primer trazo podía corresponder a una S.
Después había restos semejantes a:
Mill...
Sebastián permaneció inmóvil.
—No completes.
—No estoy completando.
—Pero estás pensando lo mismo.
—Sí.
Podía haber dicho Millán.
También podía ser otra palabra.
Mauro observó.
—¿Puede haber dicho San Millán?
Irene respondió:
—Puede.
Sebastián intervino enseguida.
—No más que eso.
Fray Julián seguía mirando los trazos.
—Si inicialmente decía San Millán y después se sustituyó por Oruña...
Sebastián levantó una mano.
—Todavía no sabemos qué decía ni por qué fue corregida.
No podían transformar una marca incompleta en una historia.
En ese momento llegó la reproducción solicitada del fondo Valcárcel.
Mauro la abrió.
Era una entrada de registro:
Recibido de R. Sáenz de Tejada un manuscrito en pergamino, con papeles de procedencia incompleta.
Sebastián sintió que algo encajaba.
—Con papeles.
Irene lo miró.
—No “procedente de Oruña”.
—Exactamente.
Siguieron leyendo.
La anotación continuaba:
Uno de los documentos menciona antiguo depósito relacionado con San M...
El texto desaparecía en el borde deteriorado.
Mauro soltó el aire.
—Eso ya no es solo la etiqueta.
Sebastián permaneció mirando la reproducción.
No decía San Millán completo.
Pero demostraba que, cuando Valcárcel recibió el manuscrito, existía documentación asociada donde aparecía una referencia a un San M...
La relación con Oruña podía haber sido una clasificación posterior.
Irene encontró otra entrada.
—Hay una revisión posterior.
Años después, Valcárcel había escrito:
La procedencia familiar no puede probarse. Se mantiene atribución por origen del lote.
Nadie habló.
Sebastián volvió a leer.
Aquella frase explicaba buena parte del problema.
La atribución a Oruña no se había conservado porque existiera una prueba de pertenencia histórica.
Se había mantenido porque el manuscrito procedía del mismo conjunto material y documental.
Una decisión catalográfica.
Práctica.
Comprensible.
Y capaz, con el paso del tiempo, de convertirse en una falsa certeza.
Irene lo miró.
—Entonces la referencia a San Millán pudo sobrevivir hasta el siglo XIX.
—Sí.
—Y después quedar desplazada por la atribución Oruña.
—Sí.
Mauro preguntó:
—¿Alguien pudo hacerlo intencionalmente?
Sebastián observó la nota de Valcárcel.
—No tenemos indicios de eso. Este texto parece mostrar exactamente lo contrario: sabía que la atribución no estaba demostrada y lo dejó escrito.
Fray Julián asintió.
La explicación más verosímil era menos espectacular.
Un anticuario necesitaba describir un objeto.
Disponía de documentación incompleta.
Lo relacionaba provisionalmente con el lote del que procedía.
El comprador heredaba esa denominación.
Años después, otra persona copiaba la etiqueta sin conocer las dudas iniciales.
Y una clasificación de trabajo acababa convertida en procedencia histórica.
No hacía falta destruir ninguna prueba.
Bastaba con que la prueba correcta dejara de acompañar al manuscrito.