BLOQUE 2
La segunda fecha problemática apareció en documentación privada.
Mauro recibió desde la Fundación Velasco una reproducción relacionada con el lote de manuscritos que la familia había adquirido en el siglo XIX.
No era una pieza medieval.
Tampoco demostraba nada por sí sola sobre San Millán.
Pero en uno de sus márgenes un investigador de la fundación había anotado una comparación con una cronología antigua.
Sebastián leyó.
—Esto también está mal.
Irene se acercó.
—¿Otra fecha?
—Sí.
La anotación afirmaba que la segunda unidad había sido retirada durante el mismo año del traslado general.
Irene señaló la reproducción anterior.
—Pero acabamos de establecer que fue casi tres años antes.
—Exactamente.
Mauro miró ambos documentos.
—Entonces la fundación trabajó durante años con una cronología equivocada.
—Sí.
—¿Cárdenas también?
Sebastián buscó sus notas.
Cárdenas había utilizado el mismo año.
Riaño también durante buena parte de su investigación.
Salcedo.
Ledesma.
Todos.
Irene entendió.
—Todos dependían de la misma transcripción.
Fray Julián asintió.
—La copia posterior.
Sebastián volvió a ella.
Aquella transcripción había simplificado la referencia temporal y terminado asociando la retirada con el traslado.
Era un error comprensible.
Pero enorme.
Durante décadas, distintas investigaciones habían buscado la salida de la segunda unidad en el momento equivocado.
Mauro cruzó los brazos.
—Eso explica por qué nadie encontraba la prueba.
—Explica parte del problema.
—Buscaban casi tres años después.
—Sí.
Irene observó la cronología.
—Entonces Abarca también pudo haber trabajado con la fecha equivocada.
—Probablemente.
—La Fundación Velasco.
—Sí.
—Cárdenas.
Sebastián asintió.
Investigadores privados, académicos y documentalistas habían orbitado durante años alrededor de una fecha heredada de una transcripción simplificada.
Eso no invalidaba todo su trabajo.
Pero podía explicar por qué determinadas pistas aparecían demasiado tarde en la cadena.
Mauro preguntó:
—¿Qué ocurrió durante la fecha correcta?
Sebastián miró a Fray Julián.
—Eso necesitamos averiguar.
Julián ya estaba buscando.
Cuentas.
Correspondencia.
Movimientos.
Alojamientos.
Nombres.
La documentación de aquellos años era más escasa.
Precisamente porque nadie se había concentrado allí con la misma intensidad.
Después de casi una hora apareció una primera referencia.
Un pago pequeño por transporte.
No mencionaba libros.
Sebastián negó.
—No alcanza.
Apareció después otra.
Un alojamiento fuera de San Millán pagado durante varios días.
A nombre de Martín.
Irene levantó la vista.
—¿Dónde?
Sebastián se acercó.
El lugar estaba abreviado:
Naj.
La sala quedó en silencio.
Mauro habló primero.
—¿Ahora sí puedo decir Nájera?
Sebastián estudió la forma.
—Puede ser.
Irene soltó una risa breve.
—Increíble.
Fray Julián buscó otras apariciones de la misma abreviatura en ese registro.
Encontró varias donde el topónimo completo figuraba en otra línea.
Nájera.
—Es Nájera —dijo.
Sebastián asintió.
Esta vez no había motivo para resistirse.
Martín tenía alojamiento pagado en Nájera dentro del intervalo exacto de la retirada.
No demostraba que llevara el volumen.
Pero por primera vez coincidían una persona, un lugar y la cronología correcta.
—¿Cuándo? —preguntó Irene.
Fray Julián dio la fecha.
Tres días después de la anotación atribuida a la retirada.
Sebastián se quedó mirando.
—Tres días.
Mauro se acercó.
—Eso ya es bastante.
—Sí.
La secuencia posible comenzaba a tomar forma.
Martín estaba en Suso.
El volumen era retirado.
Tres días después, Martín aparecía documentado en Nájera.
Más tarde dejaba de figurar temporalmente en ciertos registros de San Millán.
Años después regresaba.
Y cuando se realizaba el traslado general alguien dejaba constancia de que la segunda unidad había sido apartada con anterioridad.
Irene señaló la cuenta.
—Entonces Martín pudo llevarlo.
—Pudo.
—¿Y dejarlo en Nájera?
—Eso todavía no lo sabemos.
—Pero ya no es solamente una ciudad repetida.
Sebastián asintió.
—No.
Mauro tomó la hoja.
—¿Quién pagó el alojamiento?
Fray Julián revisó.
El gasto pertenecía a una cuenta vinculada con San Millán.
Eso convertía el desplazamiento en algo institucionalmente cubierto.
—Entonces no parece un viaje personal —dijo Mauro.
—Eso parece.
Sebastián sintió que la figura de Martín se alejaba todavía más de cualquier interpretación clandestina.
No parecía alguien que hubiese tomado un manuscrito por su cuenta.
Parecía alguien enviado.
O, al menos, alguien cuyo desplazamiento había sido financiado.
Irene preguntó:
—¿Motivo del viaje?
No figuraba.
Pero unas líneas después aparecía un gasto por transporte de materiales no identificados.
Mauro miró a Sebastián.
—Otra coincidencia.
Esta vez Sebastián no discutió.
La acumulación empezaba a tener peso.
—Necesitamos documentación de Nájera para esos días.
Fray Julián asintió.
—Protocolos.
—Registros eclesiásticos.
—Correspondencia.
—Todo lo que haya.
Mauro miró a Sebastián.
—¿Vamos?
Sebastián negó.
—Primero pedimos copias.
Irene soltó el aire.
—Algún día vas a aceptar moverte sin esperar tres pruebas.
—No para seguir una procedencia.
Pero el mapa había cambiado.
Nájera ya no aparecía únicamente en documentación posterior.
Estaba presente dentro del período verdadero de la retirada.
Y Martín también.