El Códice Desaparecido (El Secreto de San Millán: Tomo I) BLOQUE 2
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Montalvo pidió ver todos los inventarios que habían reunido.

No los leyó completos.

Fue directamente hacia determinadas entradas, como si recordara la estructura general después de más de treinta años.

Sebastián observó cada uno de sus movimientos.

—¿Cuándo trabajó por última vez con esto?

—Hace más de treinta años.

—Recuerda demasiado.

Montalvo levantó la vista.

—Algunas frustraciones se conservan mejor que los documentos.

Irene sonrió.

Fray Julián colocó otra reproducción sobre la mesa.

—Ésta es una de las relaciones intermedias.

Montalvo la reconoció.

—Sí.

—¿La vio antes?

—Una versión.

Sebastián señaló la marca lateral y la hoja ausente en la copia.

—¿Es ésta la mutilación a la que se refería Ledesma?

Montalvo se inclinó.

—No sé si hoy utilizaría esa palabra.

—¿Por qué la usaron entonces?

—Porque creíamos que la hoja había sido arrancada.

—¿Y no lo fue?

—Después comprendimos que podía tratarse simplemente de una reproducción incompleta.

Irene miró a Sebastián.

Aquello eliminaba una interpretación demasiado atractiva.

No había evidencia de que alguien hubiera arrancado deliberadamente aquella hoja.

—¿El original existe? —preguntó ella.

—Existía entonces.

—¿Dónde?

Montalvo miró a Fray Julián.

—No aquí.

—¿En otro archivo?

—En una colección que después cambió de ubicación.

Sebastián intervino.

—¿Pública?

—Sí.

—Entonces podemos consultarla.

—Si consiguen reconstruir la signatura actual.

—La encontraremos.

Montalvo no discutió.

Sebastián ordenó las copias cronológicamente.

El registro fragmentario aparecía primero. Después venía una relación parcial, más tarde una reorganización y finalmente el inventario en el que solo podía identificarse una unidad.

—¿Éste es el punto? —preguntó.

Montalvo estudió las fechas.

—Casi.

—¿Qué falta?

—Una relación anterior.

Sebastián frunció el ceño.

—No tenemos otra.

—Salcedo tampoco la tenía al principio.

Irene se acercó.

—¿Existe?

—Existió.

—¿Cómo lo sabe?

Montalvo señaló las notas de Salcedo.

—Porque aparece citada.

Fray Julián empezó a revisar.

—¿Por quién?

—Un copista posterior. No la llama inventario. Habla de una relación previa.

Sebastián sintió que la pieza faltante de la secuencia empezaba a adquirir forma.

—¿Qué contenía?

—No lo sabemos completo.

—¿Y la entrada que buscamos?

—Eso era precisamente lo que intentábamos reconstruir.

Irene apoyó una mano sobre la mesa.

—Entonces entre el fragmento y el inventario posterior hubo otro registro.

—Sí.

—Y no lo tenemos.

—No.

—¿Pero alguien llegó a verlo?

Montalvo dudó.

—Salcedo pensaba que sí.

—¿Quién?

—Un sacerdote que había trabajado con documentación monástica antes que nosotros.

Fray Julián levantó la cabeza.

—¿Nombre?

—Tomás Arrieta.

Julián se quedó quieto.

—Lo conozco por referencias.

—Yo también —dijo Sebastián—. Publicó poco.

—Porque la mayor parte de su trabajo quedó en fichas.

—¿Dónde están?

Montalvo negó.

—No lo sé.

Irene dejó escapar el aire.

—Otra vez.

Montalvo la miró.

—Los archivos no suelen ordenar el pasado según las necesidades de quien llega después.

—Ya me estoy dando cuenta.

Sebastián regresó a la secuencia.

—¿Qué sabía Arrieta?

—Según Salcedo, había visto una relación donde todavía figuraban dos unidades.

—¿Después del registro fragmentario?

—Sí.

—¿Y antes del inventario en que queda una?

—Exactamente.

Aquello reducía considerablemente el intervalo.

Si la referencia era correcta, la segunda unidad no había desaparecido inmediatamente después del registro fragmentario.

Había seguido existiendo documentalmente durante, al menos, una etapa más.

—Entonces la anotación sobre el volumen retirado podría ser posterior a esa relación —dijo Irene.

Montalvo negó.

—O contemporánea.

—¿Por qué?

—Porque un inventario puede seguir registrando un volumen que ya no está físicamente presente.

Sebastián asintió.

—Especialmente si se esperaba que regresara.

Irene comprendió.

—Entonces “retirado” no significa necesariamente que lo dieran de baja.

—Exactamente —respondió Montalvo.

Aquello mejoraba la lógica documental.

Un volumen podía haber salido temporalmente antes de un traslado general del fondo y continuar figurando en la relación porque todavía se consideraba parte de la colección.

Solo después, si no regresaba, un inventario nuevo podía dejar de incluirlo.

Sebastián escribió:

registrado → retirado → todavía citado → desaparece de la relación siguiente

Montalvo observó la secuencia.

—Eso es lo más cerca que llegamos.

Sebastián levantó la vista.

—¿Y por qué pararon?

La pregunta quedó suspendida.

Montalvo tardó en responder.

Irene lo observó.

—¿Dejaron de encontrar documentación?

—Encontramos algo.

Sebastián dejó el lápiz.

—¿Qué?

Montalvo pasó una mano por el bastón.

—Una referencia a una persona.

Fray Julián se acercó.

—¿Relacionada con el volumen?

—No directamente.

—Entonces, ¿con qué?

—Con el movimiento de libros y otros materiales.

Sebastián esperó.

—¿Quién?

—Un hombre citado en documentación posterior como responsable de recibir ciertos materiales durante ese período.

Irene frunció el ceño.

—¿Un bibliotecario?

—No.

—¿Un monje?

—Sí.

—¿Nombre?

Montalvo negó.

—No lo recuerdo completo.

Sebastián no pareció convencido.

—Hace un momento recordó dos palabras después de cuarenta años.

Montalvo sostuvo su mirada.

—Y también recuerdo que nunca conseguimos demostrar que ese hombre tuviera relación con el volumen que buscábamos.

—Entonces, ¿por qué era importante?

—Porque su nombre aparecía en otra anotación.

—¿Cuál?

Montalvo miró nuevamente el fragmento.

—Una relacionada con entregas.

Sebastián sintió el impulso de preguntar más, pero se contuvo.

No quería convertir un recuerdo incompleto en una respuesta antes de que la documentación lo permitiera.

—¿Entregas de qué?

—Documentos, libros, materiales. No recuerdo la fórmula exacta.

Irene preguntó:

—¿A dónde?

Montalvo tardó unos segundos.

—Eso sí lo recuerdo.

Sebastián esperó.

—Nájera.

La palabra entró en la investigación con un peso distinto.

Hasta entonces Nájera formaba parte del paisaje histórico de la región.

Ahora aparecía vinculada documentalmente a movimientos de materiales.

Sebastián permaneció quieto.

No tenían todavía un destino probado.

Solo un rastro.

—¿La anotación hablaba de este volumen? —preguntó.

Montalvo negó.

—No.

—Entonces todavía no podemos unirlo.

—No.

Irene observó a Sebastián.

Él estaba de acuerdo.

Todavía no.

Pero por primera vez una pista documental señalaba un lugar concreto fuera de San Millán.

Fray Julián cambió de tema.

—¿Por qué Salcedo dejó de investigar?

Montalvo bajó la mirada.

—Porque Ledesma murió.

El tono cambió.

Sebastián lo notó.

—¿Y eso tuvo relación?

—Mucho para él.

—¿Ledesma murió durante la investigación?

—No exactamente.

—¿Qué significa eso?

Montalvo tardó en responder.

—Que siguió trabajando en este asunto hasta poco antes de morir.

Irene apoyó los brazos sobre la mesa.

—¿En lo mismo?

—Sí.

Sebastián sintió cómo la investigación empezaba a aproximarse al pasado de aquellos hombres, aunque todavía no había razón para convertir aquella coincidencia temporal en otra cosa.

—¿Dónde están las últimas notas de Ledesma?

Montalvo levantó la mirada.

—Eso es precisamente lo que nadie consiguió averiguar.