CAPÍTULO 4 Aquello que alguien decidió reutilizar
BLOQUE 1
El depósito auxiliar estaba en una zona del edificio a la que no llegaban los visitantes.
No era un lugar secreto ni especialmente difícil de encontrar.
Simplemente pertenecía a esa parte de los monasterios y archivos que casi nadie veía: espacios destinados a conservar documentación técnica, materiales retirados durante antiguas intervenciones y cajas cuya utilidad había cambiado varias veces a lo largo de los años.
Fray Julián abrió la puerta y encendió la luz.
—No esperen una revelación.
Sebastián entró detrás de él.
—Eso mejora nuestras posibilidades.
Irene cargaba una cámara y una carpeta con las referencias que habían reunido la tarde anterior.
—¿Cuántas cajas hay?
Julián miró hacia el fondo.
—Las suficientes para que lamentes haber preguntado.
El espacio era más grande de lo que Irene esperaba.
Había estanterías metálicas, documentación técnica de antiguas campañas de conservación, materiales retirados de encuadernaciones, fotografías impresas y sobres identificados con sistemas de referencia que ya no se utilizaban.
Algunos conservaban descripciones precisas; otros, apenas unas letras o un número cuyo significado dependía de catálogos anteriores.
Sebastián recorrió lentamente las etiquetas.
—¿Todo esto está inventariado?
—En distintos niveles.
—Eso significa que no.
—Significa exactamente lo que dije.
Irene sonrió.
—Ahora entiendo de dónde aprendiste.
Sebastián ignoró el comentario.
Buscaban las fichas elaboradas por Teresa Madariaga durante una intervención realizada décadas atrás. Si todavía existían, podían contener imágenes anteriores a la retirada de la parte faltante del pergamino.
No tardaron demasiado en localizar la serie correcta.
El problema apareció después.
Cuatro cajas estaban asociadas a aquella campaña de conservación y ninguna había sido organizada utilizando el sistema de signaturas actual.
—Perfecto —dijo Sebastián.
Irene lo miró.
—Estás empezando a decir “perfecto” cuando querés decir exactamente lo contrario.
—Me estoy adaptando.
Fray Julián colocó la primera caja sobre una mesa.
Las fichas estaban escritas a máquina y muchas conservaban anotaciones manuscritas añadidas posteriormente. Algunas incluían fotografías adheridas; otras contenían únicamente observaciones técnicas.
Irene comenzó a revisar las descripciones materiales de los códices. Sebastián buscó antiguas referencias que pudieran relacionarse con el volumen que estaban estudiando, mientras Julián intentaba establecer equivalencias entre los distintos sistemas de clasificación.
Durante la primera hora encontraron varias fichas pertenecientes a piezas del mismo fondo, aunque ninguna coincidía.
Sebastián empezaba a sospechar que el informe buscado había sido separado de aquella serie cuando Irene sacó una ficha y permaneció mirándola.
—Creo que es ésta.
Sebastián se acercó.
No aparecía la signatura moderna, pero la descripción material coincidía con suficiente precisión. El número aproximado de folios, las dimensiones y el tipo de encuadernación correspondían al códice. También aparecía una observación sobre el estado del lomo.
Irene deslizó el dedo por debajo de una línea sin tocar el papel.
—“Refuerzo de pergamino reutilizado en estructura antigua”.
Sebastián leyó la frase dos veces.
—Lo vio.
—Sí.
Fray Julián se colocó junto a ellos.
—¿Hay fotografía?
Irene giró la ficha.
No había ninguna.
Revisó las hojas siguientes y encontró una referencia:
Documentación fotográfica: rollo 14.
Sebastián levantó la vista.
—¿Dónde están los negativos?
Julián pensó durante unos segundos.
—Puede que se conservaran aparte.
—¿Puede?
—Estamos hablando de una campaña realizada hace décadas.
Irene continuó leyendo la ficha.
Más abajo encontró otra anotación:
No retirar salvo pérdida de estabilidad.
Sebastián se quedó inmóvil.
—Entonces en aquella intervención no lo retiraron.
—Eso indica la ficha.
—Y la fotografía que vimos era posterior o contemporánea.
—Sí.
—Entonces la sección faltante desapareció después.
Irene siguió leyendo.
Había una adición manuscrita realizada con otra tinta, evidentemente posterior al texto mecanografiado.
Fragmento parcialmente desprendido. Material separado y conservado.
Los tres dejaron de hablar.
Sebastián fue el primero en reaccionar.
—¿Fecha?
Irene la buscó.
La nota llevaba unas iniciales y una fecha situada varios años después de la campaña original.
—Entonces hubo otra intervención.
—O una revisión posterior —dijo Irene.
—Y separaron una parte.
—Sí.
Fray Julián observó la ficha.
—Eso explicaría la caja que encontramos ayer.
Sebastián negó.
—Explica que conservaron material retirado. Todavía no demuestra que el fragmento que encontramos sea éste.
—Todavía —dijo Irene antes que él.
Sebastián la miró.
—Veo que aprendés rápido.
—Es contagioso.
La nota incluía además una referencia a un número de sobre.
Fray Julián regresó a las estanterías.
Localizarlo resultó más difícil de lo esperado. El sistema había sido reorganizado en dos ocasiones desde aquella intervención, pero algunos contenedores secundarios todavía conservaban la numeración antigua.
Media hora después, Julián regresó con una caja pequeña.
—Podría estar acá.
La abrió.
Dentro había varios sobres de papel neutro, cada uno identificado con una referencia escrita a mano.
Irene encontró el número.
El sobre era más delgado de lo que esperaba.
Lo colocó sobre la mesa.
Ninguno lo abrió inmediatamente.
Sebastián miró a Irene.
—Vos.
—Ya sé.
Ella documentó primero el exterior y solo después abrió el sobre.
En su interior había una única pieza de pergamino.
Era más grande que los fragmentos encontrados el día anterior.
Irene tardó apenas unos segundos en reconocer el tono y el tipo de superficie. Sebastián vio la escritura casi al mismo tiempo.
—No la manipules más de lo necesario.
—No pensaba hacerlo.
—Ya sé.
Por primera vez, la respuesta no tuvo tono de discusión.
Irene colocó la pieza sobre un soporte adecuado.
Estaba deformada, aunque se mantenía estable. Una zona presentaba manchas producidas por adhesivos antiguos y otra conservaba escritura.
Sebastián se acercó.
La mano principal coincidía.
También aparecía la escritura secundaria.
No hacía falta una comparación exhaustiva para comprender que aquello era mucho más significativo que una simple semejanza.
Irene consultó las dimensiones de la huella registrada en la encuadernación.
—Puede ser la parte que faltaba.
Sebastián no respondió.
Ella midió con cuidado.
La anchura coincidía.
También la dirección del corte.
Tomó una imagen del fragmento que todavía permanecía unido al códice y la situó junto a la pieza recién recuperada.
Los bordes no encajaban completamente porque entre ambos faltaba una pequeña sección. Sin embargo, la continuidad del pautado resultaba evidente.
Sebastián exhaló despacio.
—Es el mismo documento.
Esta vez no dijo “probablemente”.
Irene lo notó.
—¿Seguro?
—Sí.
—Quiero escucharlo otra vez.
Sebastián la miró.
—No abuses.
Pero ya no había dudas razonables sobre la relación material.
La pieza conservada dentro del sobre había formado parte del mismo folio reutilizado en la encuadernación.
Eso significaba que ahora disponían de una superficie escrita mucho mayor.
También significaba que alguien, durante una intervención relativamente reciente, había tomado una decisión técnica aparentemente menor: separar un resto de pergamino de un códice y conservarlo.
No lo había hecho para descubrir ningún secreto.
Probablemente tampoco sabía qué decía.
Simplemente había decidido no descartarlo.
Irene miró la ficha de Teresa Madariaga.
—Si no lo hubiera guardado...
Sebastián completó:
—No tendríamos esto.
No añadió nada más.
Ambos comprendían la importancia de aquella decisión.
Una parte de la historia había sobrevivido no porque alguien supiera que era importante, sino porque alguien había considerado que un material antiguo no debía destruirse sin necesidad.