El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 102 — La fotografía rota
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Capítulo 102 — La fotografía rota

La oscuridad permaneció inmóvil a su alrededor durante varios segundos.

Esteban seguía viendo aquella fotografía en su mente.

La mujer desconocida. La frase escrita a mano.

Y, sobre todo, la expresión de Lucía mientras escuchaba las palabras del hombre que había aparecido una y otra vez en todos los recuerdos.

Aquella expresión no era la de una niña secuestrada, sino la de una niña confundida, y aquella diferencia lo cambiaba todo.

Poco a poco la oscuridad comenzó a disiparse.

No desapareció de golpe. Se abrió lentamente, como una cortina que revelara una nueva escena.

Cuando la negrura terminó de retirarse, Esteban descubrió que se encontraba en una habitación pequeña y mal iluminada.

Las paredes estaban cubiertas de estanterías repletas de cajas, montones de carpetas, archivadores antiguos, fotografías y documentos.

El lugar parecía una extraña mezcla entre despacho, almacén y archivo privado.

Esteban avanzó despacio observando el contenido de las estanterías.

Cuanto más miraba, más extraña le parecía aquella habitación.

Todos los documentos parecían relacionados con familias, nacimientos, adopciones y registros civiles.

Había nombres escritos en carpetas, fechas anotadas a mano y fotografías sujetas con clips oxidados.

Aquello no parecía un recuerdo, sino un archivo.

Era como si alguien hubiera dedicado años a reunir información sobre decenas de personas, decenas de familias y, especialmente, decenas de niños.

Un escalofrío recorrió su espalda cuando comprendió la magnitud de lo que estaba viendo.

Entonces vio una mesa situada en el centro de la habitación sobre la que descansaba una única carpeta.

Era la única que parecía haber sido colocada deliberadamente para llamar su atención, por lo que Esteban se acercó lentamente.

En la portada había una palabra escrita con tinta negra.

LUCÍA

El corazón comenzó a latirle con fuerza.

Durante unos segundos dudó, pero finalmente abrió la carpeta.

Las primeras páginas contenían fotografías que ya había visto en los recuerdos: Lucía jugando en el jardín, celebrando cumpleaños o posando delante de la escuela.

Sin embargo, conforme avanzaba aparecieron documentos completamente desconocidos.

Había informes, cartas, fotocopias de certificados y numerosas fotografías de la mujer que había aparecido en la imagen mostrada por el desconocido.

Esteban continuó pasando páginas cada vez más deprisa hasta que encontró algo que lo obligó a detenerse. Era una fotografía rota cuya imagen había sido partida por la mitad. En un lado aparecía la mujer desconocida y en el otro su madre. Ambas sostenían a la misma niña.

Lucía.

Esteban sintió que la sangre parecía congelarse en sus venas.

Observó la fotografía durante varios segundos sin apartar la vista de ella.

No podía ser; aquello parecía imposible.

La imagen mostraba claramente a las dos mujeres juntas.

No parecían enemigas. No parecían desconocidas.

Parecían conocerse perfectamente, como si hubieran compartido algo importante o hubieran llegado a algún tipo de acuerdo.

Con manos temblorosas giró la fotografía. Detrás había una fecha escrita y también una frase. Era breve. Apenas unas palabras. Pero bastaron para hacerle contener la respiración.

"Nunca deberá saber la verdad."

Esteban dejó la fotografía sobre la mesa y apoyó ambas manos en la superficie para intentar ordenar sus pensamientos.

Las preguntas comenzaban a acumularse demasiado deprisa.

¿Quién era aquella mujer? ¿Por qué aparecía junto a su madre?

¿Por qué ambas sostenían a Lucía? ¿Y qué verdad era la que no debía conocer?

Cuanto más pensaba en ello, más evidente resultaba que la desaparición de su hermana estaba relacionada con secretos que se remontaban muchos años atrás.

Mientras intentaba comprender el significado de aquella fotografía, un leve crujido hizo que se girara inmediatamente.

La habitación seguía vacía; sin embargo, algo había cambiado.

Una de las estanterías se había desplazado.

Se había movido solo unos centímetros, pero lo suficiente para revelar una pequeña puerta oculta detrás.

Esteban permaneció inmóvil observándola. Aquella puerta no estaba allí unos segundos antes. O quizá sí estaba y simplemente no había sabido verla. La sensación de que la prueba lo guiaba deliberadamente hacia algún lugar se volvió todavía más intensa.

Se acercó lentamente. La madera era antigua y el pomo estaba desgastado por el paso del tiempo. Sobre la superficie aparecía una inscripción grabada con letras profundas que parecían haber sido talladas muchos años atrás.

"LA VERDAD COMPLETA TIENE UN PRECIO."

Esteban leyó aquellas palabras varias veces.

Después apoyó la mano sobre el pomo. Por alguna razón tuvo la sensación de que, una vez cruzara aquella puerta, ya no podría volver atrás.

La prueba parecía acercarse a su final y también a la verdad.

Durante todo el viaje había buscado respuestas sobre Lucía, sobre las llaves y sobre la isla.

Ahora comenzaba a sospechar que todas aquellas preguntas estaban conectadas de una forma que jamás habría imaginado.

Respiró hondo, abrió la puerta y lo que vio al otro lado hizo que el mundo entero pareciera detenerse durante un instante.

Allí, iluminada por una tenue luz que surgía de ninguna parte, había una persona sentada frente a una mesa.

Estaba de espaldas y permanecía completamente inmóvil.

Sin embargo, antes incluso de que aquella figura se girara, Esteban supo que acababa de encontrarse cara a cara con alguien que conocía toda la verdad sobre Lucía.