Capítulo 70 — La respuesta
La línea oscura continuó avanzando lentamente sobre el mapa mientras todos permanecían inmóviles, observándola con una mezcla de inquietud y fascinación.
Nadie había visto nada parecido desde que comenzó la búsqueda.
Hasta aquel momento los mapas habían mostrado rutas, ubicaciones o señales relacionadas con los sellos.
Lo que tenían delante era diferente. No parecía una indicación ni una guía. Parecía una reacción.
La sensación de que alguien acababa de responder desde el otro extremo del sistema se hizo cada vez más difícil de ignorar. Incluso Marcos, normalmente dispuesto a cuestionar cualquier interpretación apresurada, permanecía en silencio observando el avance de aquella marca oscura.
El guardián fue el primero en acercarse al mapa. Estudió la línea durante varios segundos antes de apoyar una mano sobre la piedra iluminada.
—Nunca había visto esto.
La confesión provocó una inmediata preocupación.
—¿Nunca? —preguntó Raquel.
El hombre negó lentamente.
—Los registros hablan de respuestas, advertencias y señales enviadas a través de los sellos. Pero jamás he visto una manifestación directa.
—¿Manifestación de quién?
El guardián tardó unos segundos en responder.
—Esa es precisamente la pregunta que no quiero responder sin estar seguro.
Nadie insistió. La expresión de su rostro bastaba para comprender que las posibilidades que estaba considerando no resultaban tranquilizadoras.
Esteban continuaba observando la línea oscura.
Cuanto más avanzaba, más intensa se volvía la reacción de la marca en su muñeca.
Ya no era una simple vibración. La sensación parecía extenderse por el brazo y alcanzar el pecho, como si la conexión estuviera fortaleciendo algo que permanecía oculto en su interior.
Raquel fue la primera en advertirlo.
—Te está afectando otra vez.
—Lo sé.
—¿Qué sientes?
Esteban tardó varios segundos en responder.
—No lo sé exactamente.
Aquella vez era verdad. Las sensaciones resultaban confusas.
No percibía miedo ni desesperación. La palabra que mejor describía aquella impresión apareció de forma repentina en su mente: expectación.
Estaba completamente seguro de que aquella emoción no era suya, sino que procedía de algún otro lugar, como si alguien aguardara el desenlace de una situación largamente esperada.
La comprensión de aquella idea le provocó un escalofrío.
—Nos están observando.
El silencio regresó inmediatamente a la cámara.
—¿Quién? —preguntó Elena.
Esteban negó lentamente.
—No lo sé.
—¿La presencia de la isla?
—Quizá.
El hombre vestido de negro observó la línea.
—O quizá alguien más.
Aquella posibilidad hizo que todos volvieran la vista hacia el mapa.
Los tres puntos seguían allí. El más adelantado permanecía inmóvil.
Los otros dos continuaban moviéndose. Sin embargo, lo más inquietante era que la línea oscura ya no parecía avanzar hacia ellos, sino que comenzaba a dibujar algo sobre la superficie iluminada.
Raquel fue la primera en advertirlo.
—Esperad.
Todos dirigieron la vista hacia el mismo lugar. La línea comenzaba a curvarse. Después giró nuevamente y volvió a hacerlo una tercera vez. Poco a poco empezó a formar una figura reconocible.
Nadie habló mientras observaban cómo el dibujo se completaba lentamente durante varios minutos.
Cuando finalmente terminó, el silencio se hizo aún más profundo.
Todos reconocieron inmediatamente la figura porque era exactamente el mismo símbolo de sombra que había aparecido junto a la visión de la llave oscura.
Nadie necesitó explicar lo que todos comprendieron al instante.
El símbolo no había aparecido por casualidad, sino que había sido trazado deliberadamente desde el otro extremo del sistema.
La posibilidad de que alguien pudiera responderles de aquella manera provocó que el guardián retrocediera un paso y, por primera vez desde que lo conocían, pareciera realmente alarmado.
—Eso es imposible.
—Ya has dicho eso antes —murmuró Marcos.
—Y cada vez me preocupa más.
Nadie discutió aquella afirmación. La figura oscura permanecía inmóvil sobre el mapa, como una firma dejada por alguien que quería asegurarse de que su mensaje fuera comprendido.
Cuando parecía que la situación no podía volverse más extraña, ocurrió algo todavía más inquietante: el punto más adelantado volvió a moverse.
No retomó el camino hacia la isla ni siguió ninguna ruta conocida.
Avanzó directamente hacia el centro del símbolo que acababa de aparecer y, tras alcanzar su punto exacto, desapareció, provocando una reacción inmediata entre todos los presentes.
Todos se acercaron al mapa y comprobaron que el punto había desaparecido. No parecía haberse apagado ni desplazado a otro lugar; simplemente había dejado de existir.
—¿Qué significa eso? —preguntó Elena.
Nadie respondió porque ni siquiera el guardián parecía tener una explicación.
Esteban continuó observando el lugar donde el punto había desaparecido.
La marca de su muñeca ardía con más intensidad que nunca y una certeza comenzó a abrirse paso lentamente en su mente.
Tuvo la sensación de que aquella persona no había llegado realmente a la isla, sino a algo mucho más importante que permanecía oculto tras ella.
La idea resultaba inquietante por sí sola y todavía más preocupante era la conclusión que la acompañaba, porque si su intuición era correcta acababan de perder de vista al único individuo capaz de conducirlos hasta el Heredero de las Sombras.
Esa posibilidad cambió por completo la forma de interpretar lo que acababan de presenciar.
Tal vez no estaban siguiendo los movimientos del Heredero.
Tal vez estaban contemplando las consecuencias de un plan que llevaba décadas, o incluso siglos, desarrollándose lejos de su alcance.
Mientras observaban el mapa en silencio, todos comprendieron que la partida acababa de entrar en una fase mucho más peligrosa, una fase en la que ya no bastaría con encontrar las llaves antes que los demás.
Ahora también tendrían que descubrir quién movía realmente las piezas desde las sombras.