Capítulo 63 — El segundo sello
La luz del mapa permaneció visible mucho después de que la grieta dejara de vibrar.
Nadie se movió durante varios segundos. La sensación que había descrito Esteban seguía flotando en el ambiente como una sombra invisible que ninguno podía ignorar.
Ya no estaban ante una búsqueda arqueológica ni ante un misterio histórico.
Algo había respondido desde el otro extremo del sistema y, por primera vez desde que habían encontrado la primera llave, todos comprendieron que la amenaza no pertenecía únicamente al pasado.
El punto luminoso que señalaba la ubicación del segundo sello continuaba brillando sobre la pared.
A diferencia de las demás marcas, aquella parecía latir lentamente, como si estuviera conectada a un pulso lejano.
Esteban no podía apartar la vista de ella.
Cuanto más la observaba, más intensa se volvía la sensación de familiaridad que experimentaba, una impresión difícil de explicar que se parecía más a un recuerdo olvidado que a una simple intuición.
—Lo reconoces —dijo Raquel.
Esteban tardó unos segundos en responder.
—No sé cómo explicarlo.
—Inténtalo.
Mantuvo la mirada fija en el mapa antes de encontrar las palabras adecuadas.
—Es como recordar algo que nunca he vivido.
Nadie respondió inmediatamente. Aquella descripción resultaba demasiado parecida a las sensaciones que había experimentado durante las visiones y reforzaba la impresión de que la llave estaba estableciendo una conexión cada vez más profunda con él.
Quien vestía de negro se acercó al muro y observó el punto brillante durante unos instantes antes de afirmar que aquello estaba despertando, una frase que provocó una inmediata inquietud entre los presentes.
—¿Qué está despertando? —preguntó Elena.
El desconocido no respondió enseguida. Parecía medir cuidadosamente cada palabra.
—Aquello que fue encerrado allí.
Un silencio pesado recorrió la cámara hasta que Marcos fue el primero en reaccionar.
—Pensaba que estábamos buscando una llave.
—Lo estamos haciendo.
—Entonces ¿qué fue encerrado?
La mirada del desconocido se dirigió brevemente hacia el hombre que conocía la historia antes de volver al mapa.
—Eso es precisamente lo que nadie ha conseguido responder con certeza.
La respuesta no tranquilizó a nadie. Durante siglos habían existido teorías, leyendas y relatos contradictorios.
Algunos hablaban de una fuerza capaz de alterar la naturaleza humana.
Otros aseguraban que se trataba de una inteligencia antigua que había aprendido a sobrevivir a través de los siglos.
También existían documentos que afirmaban que no era una entidad ni una criatura, sino una consecuencia inevitable de la propia puerta.
El problema era que ninguno de aquellos relatos coincidía completamente con los demás.
—¿Y tú qué crees? —preguntó Raquel.
Por primera vez el desconocido pareció dudar.
—Creo que quienes construyeron los sellos no intentaban encerrar algo.
—¿Entonces?
—Intentaban impedir que algo saliera.
Las palabras provocaron un escalofrío colectivo. El grupo volvió a dirigir la mirada hacia el mapa. La marca del segundo sello continuaba latiendo lentamente y parecía incluso más brillante que unos minutos antes.
Esteban sintió una nueva pulsación en la muñeca.
Esta vez no apareció ninguna visión. No hubo recuerdos ni imágenes del pasado.
Lo que percibió fue una extraña combinación de dirección, impulso y llamada, como si algo intentara atraerlo desde una distancia imposible de calcular.
La sensación duró apenas unos segundos, pero fue suficiente para que comprendiera hacia dónde debían dirigirse.
—Ya sé dónde empezar a buscar.
Todas las miradas se volvieron hacia él.
—¿Dónde? —preguntó Raquel.
Esteban cerró los ojos intentando retener aquella sensación antes de que desapareciera.
—Junto al mar.
La respuesta pareció demasiado simple. Sin embargo, la reacción de los otros dos hombres fue inmediata. Ambos intercambiaron una mirada demasiado rápida para pasar desapercibida y Raquel lo advirtió enseguida.
—Vosotros sabéis algo.
Ninguno respondió al instante.
Finalmente fue el guardián quien habló.
—Hay cientos de kilómetros de costa.
—Y aun así sabéis a qué lugar se refiere.
Aquella vez nadie lo negó. El silencio fue una confirmación mucho más clara que cualquier respuesta.
—¿Dónde está? —preguntó Marcos.
Tras unos segundos de duda, explicó que existía una isla mencionada en antiguos documentos relacionados con los sellos, una revelación que dejó al grupo en silencio.
—¿Una isla?
—Aparece en varios textos muy antiguos.
—¿Y qué tiene de especial?
El hombre observó el mapa antes de responder.
—Que no debería existir.
Marcos soltó una risa nerviosa, aunque nadie más mostró la menor intención de sonreír. La seriedad de quienes conocían la historia indicaba que no se trataba de una exageración.
El guardián continuó explicando que la isla aparecía descrita en documentos separados por siglos de distancia.
El problema era que las coordenadas nunca coincidían.
A veces figuraba frente a determinadas costas.
Otras veces aparecía cientos de kilómetros más lejos.
Algunos mapas la mostraban. Otros la ignoraban por completo.
—Como si se moviera —dijo Elena.
—O como si no perteneciera del todo a nuestro mundo —respondió el desconocido.
Aquella posibilidad añadió una nueva capa de inquietud al grupo. Esteban volvió a mirar el punto brillante y comprobó que la sensación seguía allí, incluso más intensa que antes. No tenía ninguna duda. Aquello que estaba conectado con el segundo sello se encontraba en esa isla.
Comprendió entonces que no era la llave quien los estaba llamando, sino aquello que permanecía esperando junto a ella.
La luz del mapa aumentó repentinamente de intensidad y una nueva línea luminosa comenzó a dibujarse sobre la pared.
La trayectoria avanzó lentamente desde el punto que representaba su posición actual hasta el punto donde se encontraba el segundo sello, formando un camino preciso que ninguno había visto antes.
El sistema acababa de señalarles el camino de forma tan clara que ya no necesitaban interpretar símbolos ni buscar nuevas pistas.
Nadie necesitó decirlo en voz alta. La siguiente etapa acababa de comenzar y, por primera vez desde que todo había empezado, el destino de la nueva búsqueda tenía un nombre: la Isla de las Mareas Negras .