Capítulo 28 — La página arrancada
Las últimas palabras del anciano permanecieron presentes en la mente de todos mientras la carpeta seguía abierta sobre la mesa.
La posibilidad de que Gabriel hubiera decidido ocultar deliberadamente parte de su descubrimiento resultaba mucho más inquietante que cualquier teoría relacionada con custodios, llaves o sociedades secretas.
Si realmente había tomado esa decisión, significaba que durante sus últimos días llegó a una conclusión que consideró demasiado peligrosa incluso para dejarla escrita.
Raquel observó la carpeta durante unos instantes antes de formular la pregunta que ninguno parecía dispuesto a hacer.
—¿Encontró alguna pista que explicara ese cambio?
El hombre asintió lentamente.
—Solo una. Y precisamente porque era la única nunca conseguí olvidarla.
Mientras hablaba, abrió nuevamente la carpeta y comenzó a revisar varios documentos cuidadosamente ordenados.
Después de unos instantes extrajo una hoja protegida por una funda transparente y la colocó frente a ellos.
A primera vista parecía una página arrancada de un cuaderno corriente.
El papel estaba envejecido y presentaba varios dobleces, pero conservaba perfectamente visible una anotación escrita con la letra inconfundible de Gabriel.
—¿Qué tiene de especial? —preguntó Raquel.
—La fecha.
El dedo del anciano señaló una esquina del documento.
—Fue escrita apenas tres días después del viaje a la región montañosa que aparecía en los mapas. Además, es una de las últimas notas completas que redactó antes de cambiar por completo su forma de trabajar.
Adrián observó el papel.
—¿Y qué escribió?
El hombre mantuvo la vista fija sobre la página antes de leer en voz alta:
—"Si la interpretación es correcta, los custodios nunca ocultaron el secreto. Lo protegieron de nosotros."
Raquel repasó mentalmente la frase varias veces mientras intentaba comprender su significado.
—No veo la diferencia.
—Gabriel tampoco la vio al principio. Durante años creyó que los custodios intentaban impedir que determinadas personas encontraran algo valioso.
Después de aquel viaje empezó a sospechar algo muy distinto.
Comenzó a preguntarse si el verdadero propósito nunca había sido esconder un tesoro, sino evitar que alguien llegara a descubrir aquello que permanecía detrás de él.
—Entonces, ¿qué protegían realmente?
El anciano giró la hoja para que pudieran observarla mejor.
—Eso es precisamente lo que ya no llegó a explicar.
Varias líneas continuaban bajo la frase principal, pero estaban cubiertas por gruesos trazos de tinta negra que impedían leerlas. Las tachaduras eran tan intensas que en algunos puntos el papel aparecía prácticamente perforado.
—¿Está seguro de que las hizo él? —preguntó Raquel.
—Completamente. Encontré decenas de correcciones similares en sus cuadernos personales. Utilizaba la misma tinta, la misma presión y el mismo gesto cuando quería eliminar algo de forma definitiva.
Aquella observación convertía el documento en algo mucho más inquietante. No estaban ante una página alterada por un desconocido ni ante una prueba manipulada después de su muerte. Era el propio Gabriel quien había decidido borrar parte de sus conclusiones.
—Si llegó a tacharlo de esa manera, debió de tener un motivo muy importante —dijo Adrián mientras continuaba estudiando las líneas ocultas.
—Eso pensé desde el principio. Durante meses intenté reconstruir el texto original. Consulté especialistas, restauradores y distintos sistemas de análisis digital. No conseguí recuperar frases completas, pero sí varias palabras que aparecían repetidamente bajo las capas de tinta.
—¿Qué palabras? —preguntó Raquel.
El hombre respiró profundamente antes de responder.
—La primera fue "origen". La segunda fue "juramento". Y la tercera apareció en todos los análisis realizados por separado.
Sus ojos descendieron nuevamente hacia la página.
—La palabra era "puerta".
Raquel y Adrián intercambiaron una mirada.
Aquello no encajaba con nada de lo que habían encontrado hasta entonces.
Las investigaciones de Gabriel habían girado siempre alrededor de custodios, mapas, llaves y documentos históricos.
La aparición repentina de aquella palabra parecía pertenecer a una historia completamente distinta.
—¿Por qué le llamó tanto la atención?
—Porque no aparecía en ningún otro lugar. Durante años revisó miles de páginas y nunca encontró una referencia semejante. De repente surge después de aquel viaje y además aparece asociada a las conclusiones que decidió borrar.
El anciano dejó cuidadosamente la hoja sobre la mesa.
—Gabriel escribió esta nota tres días después de regresar.
Dos semanas más tarde empezó a destruir parte de sus documentos.
Un mes después reorganizó toda la investigación y, poco tiempo después, murió.
Cuanto más analizaba la secuencia de acontecimientos, más difícil me resultaba creer que todo aquello fuera una coincidencia.
Raquel continuó observando la página tachada mientras intentaba ordenar todas las piezas que habían aparecido durante la investigación.
Cada detalle parecía señalar la misma dirección.
Gabriel había encontrado algo durante aquel viaje.
Algo suficientemente importante como para modificar años de trabajo y suficientemente inquietante como para borrar con sus propias manos las conclusiones a las que había llegado.
—¿Cree que estaba relacionado con esa puerta?
El hombre permaneció pensativo mientras observaba las líneas cubiertas por tinta negra.
—Creo que estaba relacionado con el motivo por el que existían las llaves. Durante mucho tiempo pensé que servían para señalar un lugar. Ahora empiezo a sospechar que ese lugar era únicamente una parte de algo mucho más importante.
Raquel volvió a estudiar los mapas extendidos sobre la mesa mientras intentaba relacionar todas las piezas que habían aparecido durante la investigación.
Las ciudades, las líneas, las desapariciones y la misteriosa octava referencia parecían formar parte de una misma estructura.
Sin embargo, cuanto más reflexionaba sobre ello, más convencida estaba de que el lugar señalado por el mapa no constituía el verdadero secreto.
—Entonces las llaves no conducen al objetivo final.
El anciano negó lentamente.
—Cada vez estoy más convencido de que conducen al lugar donde permanece oculto.
Raquel volvió la vista hacia las líneas cubiertas por tinta negra.
Si Gabriel había llegado a comprender aquella diferencia antes de morir, empezaba a resultar evidente por qué decidió borrar parte de sus propias conclusiones.
Tal vez no intentaba proteger un descubrimiento para sí mismo.
Tal vez intentaba impedir que alguien más llegara hasta él.
Y cuanto más pensaba en esa posibilidad, más comprendía que la verdadera pregunta ya no era qué había descubierto Gabriel en aquella región montañosa, sino qué clase de verdad podía llevar a un hombre que había dedicado toda su vida a buscar respuestas a decidir que algunas jamás debían encontrarse.